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Refranero

miércoles, 11 de enero de 2012

Capítulo 40: Diamante

Capítulo 40: Diamante
Después de mi momento de shock, caí en la realidad de las palabras. Bryce acababa de confesar que no me escapaba de sus pensamientos en todo el día. Bryce acababa de confesar que ocupaba sus sueños todas las noches. Bryce acababa de confesar que yo era en parte la culpable de sus descontrolados y contradictorios actos. Bryce acababa de confesar que estaba enamorado de mí...

<Estoy perdido e inevitablemente enamorado de ti> Esas palabras resonaban por toda mi mente, y aumentaban de frecuencia y tono cada vez más, como si rebotasen contra  las paredes de mi cráneo y se intensificasen al retumbar por toda la cavidad. Parecía irónico, esa realidad que me había estado ocultando inconscientemente durante tanto tiempo, y que me había hecho comerme la cabeza retorciendo y exprimiendo ideas, ideas que ahora me parecían absurdas, para que tuviesen sentido y poder comprender por qué Bryce se comportaba así, se mostraba ante mí como una luz cegadora que no me dejaba ver más nada. No sabía como sentirme. Tanta luz había dejado KO mi limitada capacidad de pensar. Pero debía decir algo, responderle, estaba alargando innecesariamente un duro momento para él. ¿Pero qué le decía? ¿Dónde se me había ido la espontaneidad que tanto me caracterizaba? Si es que todo falla en los momentos de mayor necesidad… putos nervios que no sirven para nada…

-Valeria… je... –se rio de una manera entre impaciente y desesperado. –Se supone que en este momento deberías decir algo. –Pausa. Él tenía la esperanza de que dijese algo pronto. Pero no fue así. –Me estoy empezando a sentir como un tonto…je…-otra vez esa risa, era como soltar todo el aire de golpe pronunciando la sílaba que se dice para poner la risa por escrito.
-Esto…-¿Qué diantres podía a decir? Mi mente estaba en blanco. Todo esto me pillaba muy de sorpresa. Que sí, que alguna vez que otra pensando en motivos que explicasen los vaivenes de sus acciones, se me había ocurrido esa posibilidad, pero siempre la tomé como absurda y por eso no tenía preparado nada ahora para decir. Creo que no soy tan espontánea como pensaba… realmente lo traigo todo preparado, esperando el momento justo de soltarlo. Y ahora estaba viendo las consecuencias de esa forma mía de ser.
-Lo siento…te estoy forzando otra vez… No quiero volver a ser el mismo engendro que he estado siendo hasta ahora…-Si a la voz le correspondiese un paisaje, le correspondería un desierto por la noche. Porque por el día, gracias al Sol, tiene mucha energía, pero por la noche cuando alcanza temperaturas bajo cero y se desprende de todo el calor, pierde toda ese energía por completo. Y así estaba Bryce, antes descubrir ese secreto, se sentía el mejor del mundo, pero ahora había destapado aquello que lo protegía del exterior, ahora se sentía vulnerable. No podía seguir haciéndole daño por más tiempo. Era mi turno, era el momento de sincerarme con él.
¿What do you got? - Bon Jovi
-Bryce, sabes bien que yo quiero a…
-Lo sé. No lo digas. –Me cortó antes de que pudiera terminar de decirlo. Aunque no iba a decir Aaron. Si ya lo sabía, no iba a repetirle eso que le hacía daño. Iba a decir <otra persona>.
-Ya sabes que es un amor imposible…y estoy en proceso de olvidarlo, pero no sé cuánto tiempo puede llevarme…-Y era cierto, gracias a él me había vuelto intocable y ya el dolor no me afectaba, pero de ahí a no seguir enamorada, había un trecho.
-Sabes que la paciencia no es mi mejor virtud…Y que me irrito fácilmente-Eso era un eufemismo descarado. No era su mejor virtud decía…y que se irrita fácilmente…Que me hubiese esperado 6 horas bajo la nieve era mero orgullo y cabeza dura por no aceptar que lo habían plantado y sus planes se habían ido al traste. No era nada paciente, es más, si la impaciencia y la facilidad de irritarse fuesen virtudes. Lo llamarían Bryce el virtuoso. –Pero ya te he dicho que estoy haciendo todo lo posible por cambiar. Dame una oportunidad por favor. –Dijo mirándome a los ojos. Incluso su mirada era sincera. Lo creí. Decía la verdad. Y sabía que la intención no es lo único que basta en lo referente a cambiar…pero por eso se empieza. Y yo tenía que apoyarlo, porque si lo dejaba solo o lo hundía más, nunca llegarías LOS DOS JUNTOS a ninguna parte. -No me hagas decir estas palabras que tanto me están costando, y tragarme mi orgullo, en vano. Voy de tipo duro por la vida y me estoy avergonzando mucho por esto… -Y volvió a apartar la mirada. Sentí un vacío cuando volví a dejar de ver sus ojos. Como tristeza. ¿Significaría algo?

Vaya, ni siquiera en este momento dejaba el orgullo al lado. Pero bueno Valeria, él lo está intentando, y yo lo creía. Había sido así durante mucho tiempo, es normal que le cueste tanto y que sea reacio a cambiar, encima tan de sopetón. Pero es que justo unas horas atrás, había cerrado mi cupo de decepciones y decidido que no le daría ni una oportunidad más. ¿Qué hacía? ¿Me tiraba a la piscina una vez más? La última vez estaba vacía y me había dado un culazo impresionante… Sabía que verdaderamente estaba arrepentido, lo veía en sus ojos, y también sabía que estaba haciendo por cambiar, lo notaba en sus cambios de personalidad tan bruscos. Ironías de la vida, está esperando a que digamos algo 100% seguros para que ocurra algo que nos obligue a contradecirnos. Me puse en su lugar, a mi me gustaría que me diesen otra oportunidad. Y al final me lancé. Espero que la piscina me recibiese llena de agua serena, porque ya hasta había que especificar que no la quería de olas. Llevaba un tiempo, que todo lo que deseaba, se cumplía pero no de la forma en que quería.

-Sólo tengo una pregunta. ¿Por qué saliste en mi encuentro esta tarde? –Me había guardado esa cuestión para un momento adecuado. Y pensé que era este. Pude ver por la expresión de su cara, la incomprensión total de mi pregunta. A lo mejor había pensado que era una idiotez, pero no lo era.

No estaba preguntando de qué manera dio conmigo, estaba preguntando el motivo que lo movió a buscarme. Tenía que saber si era un mero impulso sin motivos, como cuando salió a buscarme después de la llamada del comisario, si pensó en el: se sentía mal consigo mismo por las palabras que le había dicho y quería dejar de sentirse así “arreglándolo” de alguna manera, o pensó en mí: le dolía que tuviera esa concepción y sentimientos por él, verdaderamente quería arreglar las cosas y que los dos tuviéramos una relación mejor. No era una pregunta sin sentido. Sólo esperaba tres posibles respuesta. Tres posibles motivos. El primero, no sabía por qué lo hizo. El segundo, lo hizo por él, para sentirse bien consigo mismo. El tercero, lo hizo por mí o por los dos, por lo que había o podía haber entre nosotros. Dependiendo de la respuesta, todas me dirían cuál era su postura y lo que podía esperar.

-Cuando te fuiste, me quedé destrozado. Tenías razón en todo lo que dijiste, siempre te hago daño y espero solucionarlo con un lo siento o simplemente dejándolo pasar. Y me sentí una basura. –Se puso bocarriba, no quería que le viese el rostro mientras hablaba. –Y supe que mi orgullo me llevaría a la perdición, como siempre lo había hecho. Me di cuenda de que era el momento de luchar por ti contra la batalla más difícil de superar, la lucha contra mí mismo y todo mi mundo. Porque antes sólo me había dedicado a complicar las cosas tomando atajos que no llevaban más que al camino equivocado, como siempre había hecho durante toda mi vida. Pero gracias a ti me di cuenta de que no podía seguir así, el perderte me hizo abrir los ojos, por eso me tragué mi orgullo. –No podía pensar, escuchaba con plena atención cada palabra que salía de su boca. -Pero cuando levanté la cabeza, sólo vi que tú ya no estabas allí y que me había quedado de pie como un tanto discutiendo conmigo mismo algo que debí haber discutido hace mucho tiempo. –Pausa. –Salí corriendo a buscarte, pensé que te convenía más ir andando hasta tu casa que coger el metro para una sola estación que te dejaría más lejos de tu casa y te llevaría más tiempo para llegar. Pude haberte llamado por el móvil, pero estaba seguro de que no me contestarías. Puedo decirte con total seguridad, que si no te hubiese encontrado, te hubiera seguido buscando hasta debajo de las piedras. Aunque estaba muy débil, la garganta me ardía, las manos me sudaban, sentía que estaba metido en un horno, pero mi sudor era frío, cada paso que daba era a base de mucho esfuerzo, hasta casi me dolía respirar. –Silencio. Paró unos momentos, como si recordar como se sentía, hiciese que volviera  a encontrarse igual. -Pero cuando por fin te encontré, las fuerzas no se me fueron, sino que volvieron. Es como si al verte en peligro, mi hubiese vuelto la energía…energía que perdí en cuanto vi que volvías a estar a salvo. No recuerdo nada más antes de ver que me encontraba en el sofá de tu casa enrollado en mantas, edredones y colchas. Me sorprendí mucho al ver que estaba sin ropa. Jajaja, pagaría por tener un vídeo del momento en que empezaste a quitarme la ropa. No te imagino discutiendo contigo misma sobre si quitarme los pantalones también o no. Jajaja. –Me sonrojé al instante de pensar en que pudiera verme así, o incluso tocándolo en el momento en el que perdí el control de mis acciones. Yo pagaría por quemar ese vídeo y hacerlo desparecer de la faz de la tierra. –Muchas gracias de nuevo. -¿De nuevo? No las había dicho en ningún momento. –Aunque sé que no te las había dicho. Sólo las había pensado. –Vaya, al menos lo reconocía. Pues va a ser verdad que los frutos de su cambio ya están saliendo. –Pero gracias por todo. Por la paciencia que tienes conmigo y él que me trates así aún después de todo lo que te he hecho pasar…-¿Quién era este Bryce y qué había hecho con el anterior? No lo sabía ni me importaba, este era mucho mejor. Y se giró de nuevo para mirarme. -¿Respondida tu cuestión? –Dijo sonriéndome.
-Sí, respondida. –Si mi pregunta fuese un examen, lo había aprobado con matrícula. Su respuesta había superado mis expectativas. Lo había hecho por él, por mí y por los dos. Había dejado de lado la conducta altiva y orgullosa de toda su vida, TODA SU VIDA, en ese instante en que sintió perderme.
-¿Y puedo saber su decisión? ¿Señorita Spinoza? –Dijo con la sonrisa juguetona que tanto me encantaba.
-Por supuesto.

Y lo abracé. Pasé mis manos por alrededor de su cuello,  y el las pasó alrededor de mi cintura. No nos besamos, ni hicimos porque eso ocurriera, nuestros brazos no pasaron a la acción, ni tampoco hicimos porque eso ocurriese. Ese momento, los dos solos en el calor de nuestros cuerpos, abrazados, respirando el aroma del otro, el latir de nuestros corazones, cada célula de nuestro cuerpo pidiendo más, la poca razón que nos quedaba diciendo que no…era un momento mucho más íntimo y especial que no debía ser roto por el deseo. Y nos dormimos así, abrazados. Ni siquiera sé cómo pude, estaba realmente nerviosa por todo el flujo de sentimientos. Cuando me desperté por la mañana, todo seguía tal y como lo dejé cuando logré dormirme después de un gigantesco intento por relajarme. Bryce a mi lado,  mi corazón acelerado, los vellos erizados, un escalofrío a punto de salir pero que esperaba tímido el momento adecuado, mi extraña sensación de que todo había sido un sueño…todo permanecía en la habitación tal y como lo había dejado por la noche.

Me levanté de la cama medio adormilada. No me costó ningún trabajo, no amanecimos abrazados, imagino que en algún momento de la noche cambiamos la postura. Vaya, algo que no seguía estando cuando me desperté. Pero antes de salir de la habitación, miré a Bryce de nuevo, y de nuevo volver a pensar que era increíble tenerlo ahí, tumbado en mi cama, durmiendo con esa cara de angelito, respirando el mismo aire que yo, dejando su aroma por todas las sábanas…Creo que no las lavaré en un tiempo. Y sonreí, me alegré de que mi sentido del deber superase a la pereza ayer, y cambiase las sábanas de la cama, así ahora podría quedarme dormida varias noches imaginándomelo a mi lado. Cuando me quedé sin más razones para seguir fantaseando, me dispuse otra vez a salir de la habitación. Auch. No debí haber mirado a Bryce, ahora me costaría aún más salir de allí. Pero tenía que hacerlo, y por tercera vez y esperaba que por fin la definitiva, decidí irme directamente al cuarto de baño. Venga, Valeria, sin pensar sin pensar. Cuanto más lo pienses más trabajo te costará. Y cuando por fin salí del cuarto, creyéndome victoriosa por haber salido gracias a que no había pensado de nuevo, caí en al cuenta de que sí había pensado: Un momento. Mi pulso se paralizó unos instantes, sólo el tiempo de tardar en comprobar que todavía tenía las bragas y el pijama puestos. Ok. Todo está bien. Y entré directa a la ducha sin retrasar más el momento. 

Salí a toda pastilla, ni me paré en secarme el pelo. Quería preparar un desayuno exquisito antes de que se despertase. Hice crepes, aunque no de las caseras, usé el bote que se vende en los supermercados y que trae la mezcla ya lista, sólo para añadir leche y freír. Cuando estuvieron listas, las puse en una bandeja y me la llevé al cuarto. La puse en la mesita de noche. En la cama corría peligro. Y decidí despertarlo, pero sólo lo decidí, porque no llegué a realizarlo. Me tumbé en mi lado y me quedé mirándolo. Antes, al salir para la ducha, me quedé con ganas de seguir observándolo, ahora iba a saciarlas. Si la belleza fuese pecado, él estaría condenado. Alargué la mano para jugar con su pelo…y en que momento se me ocurrió hacer eso…ah no, no se me ocurrió, fue un impulso… pues maldito impulso que había hecho que Bryce se despertase y no poder seguir admirándolo…

-¿Qué pasa? –Dijo con los ojos muy abiertos, sorprendido. -¿Me vas a llamar unicornio otra vez? ¿O ésta toca ciervo? –Y acompañó su comentario con una cara muy graciosa.
-Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajaja. –Intenté contener la risa, pero sólo consiguió que me saliese más ruidosa. Empecé a golpear la cama con el puño. No podía para de reír. Las lágrimas me corrían mejilla abajo. Cuando lo miraba, con su cara de “¿no es suficiente?” todavía me reía aún más. Pasó un rato hasta que paré.
-Si alguna vez mi compañía quiebra, me plantearé ser payaso o monologuista. –En su espera, había colocado la almohada sobre la cabecera y había apoyado la espalda sobre ella. Sentado, de brazos cruzados y con esa expresión tan seria diciendo eso tan cómico, me volvía la risa. Pero esta la supe contener.
-Lo siento. Ay. –Dije secándome las lágrimas y terminando las últimas carcajadas en silencio.
-Bueno, creo que me merezco la respuesta que no me diste la otra vez, ¿no? –Dijo con un levantamiento de cejas mientras giraba la cabeza para mirarme de lado. Si quería hacerse el interesante, lo había conseguido.
-Cual, ¿la de por qué te miraba? Pues no sé, me levanté aturdida por el desmayo y me sorprendió ser a ti a quien viese en mi casa. –Dije levantando los hombros.
-¿Entonces sabías que era yo el que se encontraba allí? –Ah vale, ya comprendía su pregunta. Lo que quería saber es si lo miraba para averiguar de quien se trataba, si de Aaron o él.
-Sí, perfectamente. –Dije como si hablase de la cosa más obvia de este mundo.
-¿Cómo? ¿Cómo nos distingues sin problemas desde el primer día? A todas las personas les costó su tiempo de adaptación, incluso algunos profesores y alumnos todavía no nos distinguen a Aaron o a mí si no estamos juntos.
-Am. No sé que decirte… imagino que desde el principio os vi tan diferentes o yo me encargué de distinguiros mucho, que nunca he tenido problemas con eso… -Me paré a pensar un momento, a ver cómo podía explicárselo para que lo entendiese. –Digamos que ya, hasta subconscientemente, mi cuerpo reacciona de una manera u otra dependiendo de con cuál de los dos estoy. Por eso aunque estuvieses dormido, sin hablar o actuar o incluso por la mirada, que ambos la tenéis totalmente distinta, leyendo los mensajes de mi cuerpo sé al momento  quién es. –Nos quedamos mirándonos, sin decir nada. Seguramente estaba pensando en qué decir al respecto.
-Interesante. -¿Tanta espera para eso? Buah. –Es la primera vez que lo escucho. Leo y Liam nos reconocen sin problema, después de tantos años es normal. Como tú dices, se fijan en la forma de hablar, mirar, caminar... incluso por fotos, fijándose en la expresión de nuestros rostros, son capaces de saberlo. Aunque dormidos, son totalmente incapaces. –Cogió la bandeja de la mesita de noche y empezó a cortar la crepe. –Eres como nuestra hermana Rose. Sabe quienes somos en cada momento sin dudarlo un segundo. Aunque no usas los métodos esos raros tuyos. -¿Métodos raros? No eran métodos, simplemente ocurrían independientemente de mi voluntad… -Dio un bocado. Masticó a la vez que degustaba. –Muy bueno por cierto. Aunque no me gusta el sirope de chocolate, prefiero el de fresa. Debiste haber preguntado antes de echarlo…-Vale, me había molestado no haber acertado en eso, pero si no le gustaba, no tenía culpa, tenía razón, debí haber preguntado antes. Tranquilidad Valeria, que Bryce sea del tipo de persona que haga lo que haga y diga lo que diga, todo te molesta, no significa que sea con razón. Has decidido darle una oportunidad, no lo juzgues a la ligera.
-Y luego soy yo la rara de los métodos raro…-Dije en venganza. Aunque no pude evitar controlar mi desilusión. Me había levantado y duchado a la ligera, todavía sentía el pelo mojado sobre mi espalda, para prepararle el desayuno…y no era de su agrado…
-¡Que era broma tonta! ¡No me pongas esa carita de desilusión o no voy a poder controlarme! – O_O Más me valía cambiar la cara. O la que no podría controlarse sería yo. Porque con la sonrisa juguetona que me ponía, resistirse se había convertido en algo muy duro. -¿Cómo no iba a gustarme o el chocolate o el desayuno siendo tú la que me lo ha preparado? –Y le puse cara de molesta. Es decir, incliné la cabeza hacia abajo y lo miré levantando los ojos y las cejas.
-Muy bien muy bien. Me la apunto en la lista de “venganzas”. –Dije con la misma posición de cabeza, sólo que ahora sonreía con malicia. Era mi cara de interesante.

Y continuamos comiendo. Me hizo gracia, porque incluso rebañó el plato con el último cachito de crepe que le quedaba. Yo me metí con sus formas de comer tan pijas y de rico estirado que tenía, y luego lo convencí para que hiciese como yo y rebañase el plato. Me alegraba que el ambiente no fuese incómodo o tenso entre los dos. Acabábamos de vivir unos momentos extraños y seguíamos como siempre. Metiéndonos el uno con el otro. Aunque esta nueva forma desenfadada me encantaba. Sin embargo, no era como yo quería…Será que la noche me confunde, porque por mi parte, no era capaz de actuar con naturalidad… Me forzaba mucho en crear un ambiente agradable…

Bryce tardó especialmente en último bocado, que lo masticó con lentitud. Al principio pensaba que era para disfrutar el último trozo de crepe, luego me di cuenta de que era para pensar cómo iba a preguntarme lo que tenía en mente.

-Me he estado preguntando…-Ojú. –Sobre lo que dijiste antes de que según reaccionaba tu cuerpo inconscientemente, sabías cuál de los dos éramos… ¿Cómo son esas reacciones? –Y se terminó el vaso de leche para quitarle importancia a la pregunta.
-¡Ah! ¡Secreto! No quieras saberlo todo sobre las armas secretas de una mujer. –Dije con mi sonrisa pícara. Quería distraerlo, no era plan de decirle que con él me ponía en estado de alerta y con Aaron en estado de una boba enamorada.
-¡¿Esta es tu venganza por lo de mi inocente broma del sirope de chocolate?! –Dijo indignado y sorprendido. Bien, al menos lo había desviado del tema.
-Puede ser. –Y le guiñé un ojo antes de salir por la puerta con la bandeja para llevarla a la cocina. Empecé a fregar los platos de la noche anterior y los de esa mañana. Al rato me di cuenta de que estaba tarareando una canción mientras la medio bailaba. ¿Era un síntoma de que estaba feliz? Bah… -¡Bryce! ¡Deberías llamar a alguien para que te recoja! ¡Yo voy a salir dentro de poco para casa de mis padres! –Dije gritando desde la cocina. Aunque para nada… él no estaba en el cuarto todavía, sino detrás de mí. Me abrazó por la espalda y agachó su cabeza para apoyarla en mi hombro y susurrar a mi oído. Otra vez el escalofrío. Entre que me había movido el pelo para dejar la oreja libre y el rozar del viento contra mi piel, sólo podía esperar eso como reacción.
-Veo que estás muy feliz esta mañana. –Mecachis, había estado observándome sin darme cuenta y me había visto tararear y bailar. Que vergüenza…
-Y tú muy espiar a la gente a escondidas, ¿no? –Dije girándome para mirarlo a la cara y que así tuviese que quitar su cabeza de mi hombro. Estaba muy nerviosa como para disfrutar del momento. Y en qué momento se me ocurrió hacer eso, aprovechó para robarme un beso, pero no lo consiguió, me di cuenta antes y le hice el movimiento de la cobra para que me lo diese en la mejilla. No dijo nada al respecto. Y me alegré por ello.
-Avisé a mi chofer cuando saliste del cuarto. –Dijo soltándome. Me sequé las manos de tenerlas mojadas por el fregadero. Ya había terminado y puesto los platos a escurrir. Me giré a verlo, ya estaba completamente vestido. Menos mal. Me hacía un favor así. Me ahorraba un momento incómodo. –Dice que estará aquí en quince minutos. –Dijo con pesar. No quería irse.
-Tiempo suficiente para medirte la fiebre. –Dije sacando el termómetro de un cajón de la cocina y mostrándoselo con una sonrisa.
-¡Guay! ¡Me gusta jugar a los médicos! –Uish de verdad, ¿por qué me ponía tan nerviosa con todo lo que decía? Era incapaz de actuar con naturalidad…con lo fluido que fue todo la otra noche…
-Anda venga, tire para el salón, señor paciente. –Dije empujándolo por la espalda y guiándolo al sofá. –Toma, póntelo en la axila. –Alargué el brazo para ofrecerle el termómetro. –Y no es necesario que te despelotes por completo, que nos conocemos…
-Jajaja. ¡Que nos conocemos dice! Si ni siquiera había pensado en eso…-¿Ah no? Vaya, estaba 100% segura de que sí. –Mi intención era que me despelotases tú. –O_O Zas. En toda la cara. Esa si que no me la esperaba. Al momento empecé a notar calor en la cara. Maldición, me había sonrojado por la bordería esa… valientemente…
-¡No exijas tanto! Que yo soy un médico de los públicos, ¡no de los privados! –Le hizo un gesto con el termómetro para que lo cogiese de una vez. Se abrió unos botones de la camisa y se lo colocó riéndose todavía. Los minutos que teníamos que esperar aproveché para quitarme el pijama y ponerme la ropa que iba a llevar en la cena de esta noche. Era un simple vestido gris de lana sin mangas, con un chaleco de cuello alto, unas medias y unas botas.
-¡Guau! Estás muy guapa así, aunque el pijama te queda más sexy. –Dijo mirándome de arriba a bajo. ¿Tenía que empezar a acostumbrarme a esto? No me hacía a la idea. Me había acostumbrado tanto a pensar con mucho cuidado todo lo que le decía a Bryce, que la espontaneidad se me había esfumado.
-Claro, y si te hago un desfile de bikinis mucho mejor, ¿no? –No lo decía en plan borde, sino siguiéndole la broma. Esperaba que me respondiese con algo. Pero en vez de eso, tiró de mi brazo y me sentó en el huego que había entre sus piernas. Nos quedamos sentados en el sofá, y él abrazándome por la espalda. Eso sí que me pilló desprevenida.
-Tengo 39º y subiendo desde que estás cerca. -¿Cómo se supone que debía responder a eso? Tragué saliva muy fuerte. Mis nervios casi se podían palpar. Y él lo notó. -¿Qué te pasa? ¿Por qué no puedes ser tu misma? ¿Dónde está la Valeria alocada y espontánea que me encanta? Desde esta mañana te he notado como tensa y agobiada. –Paró un momento de hablar, pensaba cómo decir lo que quería decir. –No quiero ni pensar que sea por mi culpa…-Y volvió a su voz ese tono apesadumbrando que me entristecía a mí también.
-No…-respondí al momento sin pensármelo. No podía permitir que esa idea siguiese en su mente por más tiempo. –Es por mí, no estoy acostumbrada a esto y me va a costar un poco. Compréndeme, hasta hace nada estábamos gritándonos, peleándonos o discutiendo…-Y se me vino a la mente el momento en que tanto terror pasé, cuando me persiguió por la Uni con su mirada inyectada en sangre. –Sólo dame tiempo. Recuerda que todavía hay alguien en mis pensamientos…-Aaron. Aquel con el que todo era natural, espontáneo y tan fácil. Donde las pequeñas cosas eran las mejores.
-Lucharé por que eso cambie. Puedo ser tan obstinado en que me ames, como tu duro corazón en rechazarme. –Y escondió de nuevo su cara entre los bucles de mi pelo. -Atravesaré esa barrera. -Me apretó contra su pecho dulcemente. Y de nuevo también, un escalofrío volvió a recorrer mi cuerpo. Era cierto, no me había dado cuenta hasta ahora porque no fue hasta ahora cuando supe sobre sus sentimientos. Pero es que era verdad, tenía toda la razón, inconscientemente había recubierto mi corazón de una coraza tan dura a ser atravesada por Bryce, como el diamante a ser rayado.

jueves, 5 de enero de 2012

Capítulo 39: Asesinato

Capítulo 39: Asesinato

Estaba dormida, llevaba un rato ya babeando, lo notaba por el charquito que empapaba mi almohada. Siempre que mi sueño era profundo, tocaba tener babas everywhere. Pero ese sueño profundo, que además era una pesadilla con el indigente de esta tarde, dejó de serlo tanto. Noté cómo empezaba a sentir frío, alguien había levantado las sábanas, y al momento, noté como la cama se movía y un cuerpo chocaba contra mi espalda. ¡EL MENDIGO QUE HACE HEAVY METAL! En mi estado de semi-inconsciencia no tuve otra cosa más inteligente que pensar. Me incorporé de un brinco y salí de la cama, cogí mi almohada de un manotazo y como si fuera una guerrera sanguinaria, me eché sobre el cuerpo para asfixiarlo. Contaba con la ventaja de que tenía las manos bajo las sábanas y no podía sacarlas. Bien, así la muerte sería más rápida. Dio un grito, pero no me acobardó, le estampé la almohada en la cara y empecé a apretar.
-MMMMMMMMMMMMMM mmmmmmmmmmmmmmmm MMMMMMMMMMMMM –Gritaba. O lo intentaba. El cuerpo se movía como si sufriese espasmos, en un intentó por zafarse de mi ataque mortal. Pero…Uy, esa voz me sonaba familiar. Volví en mi misma. Estaba en mi cuarto, en mi cama, con la puerta de la casa cerrada con llave … tenía la sensación de que me olvidaba algo. ¡BRYCE! ¡Oh Dios! ¡Estaba asfixiando con Bryce! Al momento le aparté la almohada de la cara. Y con mi expresión que infundiera más pena, intenté ponerle cara de gatito de Shrek.
-¡Lo siento! Estaba medio dormida metida todavía en el sueño y pensé que eras el mendigo de esta tarde… -Junté las manos en posición suplicante. Bryce dio una graaaaaaaan bocanada de aire.
-¡Me las vas a pagar! –Dijo saltando de la cama hacia a mi. Echó las sábanas hacia atrás, es decir, encima mía, porque yo estaba sentada sobre su pecho. Y me envolvió en ellas-¡No voy a parar hasta que me lo supliques llorando! -Oh no, sabía de lo que era capaz de llegar a hacer este chico en sus idas de cabeza, y ahora estaba sola. Mi cara del Gato con Botas de Shrek, había sido un fracaso total.

¡Que alguien me saque de aquí! Y me sacaron de ahí, pero fue Bryce el que lo hizo. Con mi cara de terror, observé la suya de perversión total. Me acojoné. Vi en cámara lenta como sus manos se acercaban a mí. Pero en lo que más me fijé fue en su torso desnudo, se le habían caído las mantas entre tanto jaleo. Por lo menos, si iba a forzarme, sería con la espectacular vista de su cuerpo que tanto me enloquecía. Algo es algo. Sus manos llegaron por fin a mi vientre, de ahí empezaron a subir hacia las costillas. ¿Estaba preparada para que el momento que tanto había guardado, ocurriese de esa manera? ¿Y con él? Pero lo que nunca me imaginé fue que ese momento me daría risa, y más si era obligado. Pero me estaba retorciendo por las carcajadas. ¿Por qué? Entonces lo comprendí, estaba tan segura de lo que creía que iba a pasar, que no me di cuenta de lo que estaba haciendo realmente, si es que soy lentita incluso para eso. La “venganza” consistía en hacerme cosquillas y el “suplicar llorando” se refería a llorar de la risa.

-¡Bryce! Jajaja ¡Por favor! Jajaja ¡Te lo suplico! Jajaja ¡Para! Jajaja ¡Por lo que más quieraaaaaaaajajajajaja! –No podía con la risa. Parecía que tenía manos por todas lados, más que un pulpo. De las axilas, pasaba a las costillas, al vientre y a la planta de los pies. Y mira que me encogía, pero era tan fuerte que con un leve movimiento sin hacerme daño, me desenrollaba y llegaba adonde quería llegar. Lo que más me jodió fue tener que cerrar los ojos por la risa y no poder observar su prominente torso.
-¿¡Qué!? Habla bien porque no entiendo lo que dices. –Cabronazo. Me había escuchado perfectamente.
-¡PARA POR FAVOR! –Dije con todas mis fuerzas. Y al final lo hizo. Nos quedamos tumbados los dos sobre mi cama. Con la respiración muy agitada. Los vecinos debían escuchar incluso el aire entrar y salir de nuestros pulmones. Aunque claro, con lo que ya habían escuchado, eso debía ser lo más light. -¡Serás desgraciado! ¿Cómo te atreves a asaltar en mitad de la noche la cama de una indefensa señorita? –Dije poniéndome de rodillas sobre la cama y mirándolo a los ojos con expresión indignada. ¬¬
-¡¿Perdona?! Creo que he debido de escuchar mal. ¿Has dicho… INDEFENSA? ¡Si el ejército se entera de que las almohadas tienen función asesina, mortífera y sanguinaria a parte de la reposar la cabeza… te metían en Guantánamo de por vida por posesión y uso de armas ilegales! –Dijo abriendo muchos los ojos para exagerar todo aún más, incluso la expresión de su cara.
-Bueno, tienes razón. Es comprensible que un debilucho como tú no pueda con una guerrera como yo. –Dije levantando el brazo y apretándolo para que se viese mi bíceps. Pero no se levantó ni medio centímetro. Que triste… Al menos lo acompañé con una expresión de persona que se cree que está sobrada en todo lo que hace. Incluso me miré el brazo mientras hacía ese paripé. No sabía donde poner los ojos, miraba a todos lados nerviosamente. Pero de vez en cuando se me perdía la mirada hacia el pecho de Bryce. Y esta vez lo notó. Qué vergüenza. No sabía donde meterme…Pensé que por pudor, se taparía. Pero el muy cabronazo no sabía qué era eso. Y empezó a acercarse mucho a mí. La carne es débil y la mía más.
-¿Ah si? Me gustaría comprobar cuanta guerra das… -Malvado. Cruel. Vil. Ruin. Pueril. Sabía que era débil y se aprovechaba de eso, de eso y del poder aturdidor de su pecho, sus brazos, su aroma, su sonrisa juguetona, su vientre… Por eso se acercó a mí lentamente, dándole juego al momento.

Yo me iba agachando para tumbarme en la cama, porque si me quedaba de rodillas, llegaría muy rápido a mí. Hasta que quedé totalmente tendida, su cara sobre la mía, y un brazo a cada lado de mi cabeza. Nuestras bocas empezaron a aproximarse. Mi corazón volvió a latir con fuerza. Si alguna vez me daba un ataque al corazón, sería por su culpa, no es normal el ritmo que llevaba, no debía ser saludable cambiar de un ritmo normal a otro desenfrenado en tan poco tiempo. Como otras muchas veces había pasado los dos deseábamos que ocurriese, pero como otras muchas veces había pasado también, no llegó a pasar. Apartó su cara para no toser en la mía. Parecía que iba a echar la vida por la boca. Me tuve que poner a su lado y colocar una mano en su espalda, no para golpearlo, sino para que supiese que estaba ahí, a su lado, apoyándolo. Cuando terminó, sin decir nada, le aparté las sábanas de la cama, que milagrosamente seguían en su sitio, coloqué la almohada en su lugar, se metió de nuevo adentro y yo con él. Él se quedó acostado de lado, mirando hacia mí, que le daba la espalda. No estaba preparada para enfrentar de nuevo su mirada…bueno, y su pecho, sus brazos, su sonrisa juguetona, su vientre, su aroma…

-Por un momento pensé que te morías. –Dije para romper el incómodo silencio que circulaba por la habitación, a sus anchas, con total confianza.
-Y yo, pero no de la tos, sino por la almohada. Sabía que eras una bruta y una bestia, pero no tanto… -Me giré para responderle, si no podía ver mi cara, no tenía sentido mi respuesta. –No te vayas a enfadar, que era broma…Por favor, no intentes matarme de nuevo. –Dije en tono burlón. Buf, no podía cuando se ponía así. Era algo superior a mí.
-Vamos, ¡más quisieras tu morir en mis manos! –Mi cara de rechulona era lo mejor de todo. Bueno no, lo mejor de todo era volver a tener los rostros tan próximos, aunque no precisamente los rostros…
-Desde luego, viendo tu bola de pelo y tus ojos de distinto color, cualquiera moriría feliz pensando que es una pesadilla y no la realidad. -¡Vaya golpe bajo señores! Cogí aire en esa típica forma en que lo cogemos cuando estamos muy muy indignados. Y lo solté de sopetón con un “ja”.
-¡Fuera de mi cama! –Dije levantándome y poniéndome de pie en el suelo. Le señalé la puerta con un dedo y todo el brazo estirado.
-¡¿Encima que estoy enfermo por tu culpa me vas a echar?! –Dijo cruzándose de brazos y con ninguna intención de levantarse.
-¡¿Encima que te cuido me vas a insultar de esa forma?! –Me encantaban como habían cambiado las tornas, nuestras peleas eran ahora “cariñosas”. –Además, que yo sepa, en los cuidados ¡no va incluido asaltarme a media noche y obligarme a dormir contigo! –Si él no iba a dar su brazo a torcer, yo tampoco. Ni mucho menos. –Así que ya estás tardando en salir de mi cama. –Caí en la cuenta de una cosa cuando vi que empezaba a destaparse. ¿Se habría quitado los pantalones… o los mantenía? No me fijé cuando me estaba haciendo cosquillas, tenía los ojos cerrados. Y no estaba dispuesta a vivir otra escena incómoda en donde no saber donde poner los ojos. Aunque ganas no me faltaban. Pero Valeria, contrólate, por un ataque de hormonas disparadas no te rindas de esa forma. -¡No! ¡No! Da igual, déjalo, con lo testarudo que eres, es imposible sacarte de aquí. Me iré al salón a dormir en el sofá. – ¿Realmente prefería eso? Por orgullo iba a perderme…no, mejor no pensar qué iba a perderme.
Y emprendí mi camino hacia el salón, caminó que no pude terminar de recorrer.
-¡Oh venga ya! ¡Esta bromeando! ¡Si sabes que tus ojos y tu pelo me vuelven loco! –Y en el fondo lo sabía. Lo sabía por cómo me miraba siempre fijamente a los ojos, y por cómo jugueteaba con los tirabuzones naranjas de mi pelo.

Pero ¿qué coño me pasaba? En otra vida tuve que ser una monja casta y pura que murió virgen, si no, no me explico como podía ser capaz de rechazar un bombón así. –Vuelve a la cama. –Dijo cogiéndome delicadamente una vez más de la mano y hablándome con esa voz suave y melosa a la que era incapaz de negarme. Mi corazón volvió a las andadas ¿Por qué me ponía así cada vez que me tocaba aunque sólo fuese la mano? La única explicación que le daba, es que desde hacía tiempo, tenía los nervios a flor de piel y estaba muy sensible a todo. Aunque demasiado sensible diría yo. Me giré a mirarlo. Estaba de rodillas en la cama, con una mano se apoyaba para echarse hacia delante y acercarse a la puerta, por donde yo iba muy decidida a pasar, y con la otra mano agarraba la mía. Menos mal, me fijé, y conservaba los pantalones. Un detalle por su parte. Me condujo tiernamente hasta mi lado de la cama, me tumbé y me arropó. Pero esta vez me tumbé mirando hacia él.
-Date la vuelta. –Me dijo susurrándome al oído. Entre que ese era uno de mis puntos débiles y ese día estaba especialmente aprensiva, los vellos se me erizaron y un escalofrío me recorrió por todo el cuerpo. Lo hice. Ni siquiera me molesté en pensar que por fin que me había decidido a ser valiente y darle la cara, ahora me pedía que no lo hiciese… Cuando por fin le di la espalda, con bastante pesar por mi parte. Me abrazó. Vale, retiro lo del pesar. –Tienes una cintura tan estrecha… -Podía sentir su aliento pasar a través de los huecos de mi pelo y llegar a mi nuca. Así no había manera de que mis vellos volvieran a su estado natural… Aunque estaba empezando a pensar, que el estar erizados era ya su estado natural.
-Bryce… ¿Por qué haces esto? –Si ya teníamos confianza para dormir abrazados, la teníamos para que me respondiese esa pregunta que llevaba tiempo haciéndome.
-¿Hacer el qué? –Noté cómo aspiraba para oler mi pelo. Mis vellos no daban abasto, estaban en proceso de volver a agacharse y nuevamente hacia arriba… Lo de mi corazón, ya lo daba por algo perdido. Hasta que no estuviese lejos, no volvería a su pulso normal.
-Pues comportarte como un capullo sin escrúpulos, venir a rescatarme cuando me meto en problemas, sincerarte conmigo, cuando todavía somos como desconocidos, poner a toda la Uni en mi contra, darme tu apoyo cuando estaba triste en el barco, intentar besarme tan tiernamente, luego querer someterme a la fuerza en tus arrebatos de locura… en serio chico, lo intento, pero no te sigo… no sé si me odias, me amas, tu orgullo de hombre está dañado porque no suspiro por tus huesos como las demás, te guías por instintos, impulsos, alguien te maneja mediante un muñeco vudú, estás loco, me tienes manía, o sólo es tu personalidad y te comportas así con todo el mundo… -Quería saberlo. Por lo menos para saber a qué atenerme. No respondió de momento. Tal vez estaría pensando en la respuesta más adecuada, el mejor modo de decírmelo, buscando una excusa, o dándome tiempo a ver si lo dejaba pasar. De verdad, Aaron era mucho más sencillo que Bryce. Este chico me daba muchas comeduras de cabeza.
-¿Recuerdas cuando nos conocimos por primera vez? -¿A qué venía eso ahora?
-Sí. Me choqué contigo, pateaste mis libros, y me perdonaste la vida porque ese día “estabas de buen humor”. –Iba a contestarle por lo menos, a ver adónde quería llegar por este hilo.
-¿Y recuerdas cuando te encontré a punto de ser… -Ahí se paró, es como si no quisiese pronunciar algo que le traía muy malos recuerdos. -… sometida por los cinco tipos, a la salida de una discoteca?
-¡Cómo olvidarlo! ¡No sé cuando pasé más miedo, si cuando estaba sola o cuando apareciste!
-Jajaja. –Guay, eso le hizo gracia, al menos el ambiente se relajó. –Pues bien. Pensabas que esos encuentros fueron fortuitos, ¿no?, y que el tener tu número de móvil y saber dónde vivías… ¿No se te ocurrió preguntarte por qué lo sabía? –Oh dios, ¿estaba dándome a entender lo que creía que me estaba dando a entender?
-Sí me lo pregunté… pero como siempre pasan mil cosas cuando nos encontramos, no vi ni un momento tranquilo para preguntarte… Pero no des más rodeos, me tienes en vilo. –Imaginaos como podía estar, que hasta me temblaba la voz como si estuviese pegando botes.
-Pues que te conocía de antes. Imagino que recordarás también lo de la carrera ilegal de deportivos en las que un hombre resultó herido. Ese día no era yo el que conducía mi coche. Me habían retirado el carné de conducir y pagué a otro para que lo hiciese por mí. Mi madre se enteró y me dijo que si volví a conducir en la carrera, me cancelaba las tarjetas de crédito. Y realmente le hice caso, yo no conducía, iba en el asiento del copiloto. Si te soy sincero, no me preocupé por el hombre. No quiero mentirte más, quiero serte sincero. –Vaya, lo que acababa de decir era bastante grave, pero ahora poco me importaba eso. Sólo quería saber más. Tal vez, cuando estuviese lejos de él y con las ideas y la mente y las ideas frías, me horrorizaría por ello. –Lo que más me importaba en ese momento era ganar la carrera, y como el conductor no se paró, continuamos. –Hizo una pausa. –Pero sí que me giré para ver qué había pasado. Y vi tu melena como el fuego, algo por lo que te reconocería en cualquier sitio. Si movías un dedo en mi contra, sabiendo lo de tu cabellera tan poco común, te encontraría con facilidad. Por eso estaba tan contento o de “buen humor” de haberte encontrado ese día que nos chocamos en la Uni. Quería ver tu cara. La cara de la posible causante de un grave problema con mi madre. Por eso causé nuestro encontronazo. -Madre mía. Hasta ahora no había visto en que mundo me había metido. Nunca hubiera imaginado en el peligro que corría por aquel entonces al entrometerme con una familia así. Me asusté tanto al pensarlo, que hasta mi corazón volvió a su pulso normal. – Tenía que adelantarme a tus pasos, mi madre no podía enterarse de nada. Ni te imaginas hasta dónde puede llegar cuando se enfada…Por eso avisé a todas las jefaturas de policía de Nueva York. Todos me conocen y saben los métodos que seguimos. Imagino que desde entonces, tú también. Ya sé que no es la mejor solución, pero como te dije antes, me daba igual. Quiero que sepas con lo que te encontrarías si por un casual decides aceptarme… -Otra pausa. Sabía el enorme trabajo que le costaba hablar, eran temas muy íntimos. -Les avisé de que una chica de melena como el fuego, podía ir en cualquier momento a poner una denuncia. Y así fue, no me equivoqué, fuiste al día siguiente. Aunque imagino que yo mismo provoqué eso, debiste cogerme un rechazo impresionante, por lo que viviste por ti misma y por lo que te pudieron contar después. –Cierto, tenía toda la razón en eso. Entre lo que me contó Shelby, Karem y mi propia experiencia, cogí fuerzas para ir a la policía y denunciar. -En cuanto saliste de la comisaría, me llamó el comisario para avisarme, y cual fue mi sorpresa al ver que habías rechazado el dinero aun sabiendo tu situación económica. ¡Cierto! Se me olvidó decirte que cuando supe de quién te tratabas, te estuve investigando, de ahí lo de conocer tu dirección y número de móvil. –Enterarme de todo esto de sopetón, estaba siendo demasiado para mi capacidad de amortiguar el golpe de las verdades. Hasta ahora no me había dado cuenta hasta donde era capaz de llegar esta gente por salirse con la suya. –Eras la única persona desde todos los tiempos, que había rechazado el dinero. Mi interés en ti creció considerablemente. Le pregunté al comisario dónde se encontraba esa jefatura y dio la casualidad de que me encontraba muy cerca de allí, en una discoteca. Salí al momento a buscarte dejando solos a Leo y Liam. No sabía por qué, ni sabía qué iba a decirte cuando te viese. Sólo sentí el impulso y unas ganas irrefrenables de encontrarte. Y menos mal que no me arrepentí… si tu hubiesen hecho algo los malnacidos aquellos… tal vez no estaría aquí ahora, sino en la cárcel, condenado a cadena perpetua por la tortura y muerte de esos cinco tipos. –No estaba exagerando, decía la pura verdad. De él me lo esperaba todo. Aunque el modo en que hablaba, me enternecía mucho, poniendo ímpetu, ternura, rabia, emoción, desesperación… -Gracias a lo que exista, si existe algún ser superior, te encontré a tiempo, y ahora estamos los dos aquí. –Esto último lo pronunció de una manera muy especial. - Los días siguientes me puse de muy mal humor, no te encontraba por ningún lado, no tenía ni idea de dónde te metías, aunque imagino que tú si sabías de mí, las habladurías de la gente sobre cómo descargaba mi enfado e irritación sobre los demás, no dudo de que te llegaran. –Así era, esa semana fue terrible. Me enteraba de todo lo que hacía, era pelea tras pelea, humillación tras humillación. –Y por fin te encontré, aunque no del modo en que hubiese querido. Si te diste cuenta, dejé al chaval de la risa de burro en cuanto te vi, no era plan de seguir dando más la nota. Y cuando por fin nos vimos de nuevo, fue cuando tu amiga se cayó sobre mí al bajar rodando las escaleras. Estaba muy enfadado, nada me salía bien. Y encima venías tú con tu cara de repugnancia infinita y tus palabras de desprecio absoluto. Al principio me sentía muy ofendido, pensaba que una becaria pobre como tú no era nadie para hablarme así. Estaba tan pero tan enfurecido, que me descargué enviándote unos tipos para que te dieran un susto. Siento si pensaste que iban a hacerte daño o aprovecharse de ti, sólo les mandé que te metieran medio para que supieras con quién estabas tratando. –Nunca pensé que este momento llegaría. Vale, ahora que me estaba enterando de la verdad, lo que pasó tenía un pase, pero seguía sin ser la mejor forma de hacer las cosas.
Kiss from a rose - Seal
–Pero vi que tú no te rendías, es más, me declaraste la guerra. Jajaja, nunca nadie antes lo había hecho. Te subiste a mi espalda como una amazona y me mordiste la oreja… ¡me dejaste KO! Y todo eso era sólo una parte del plan, ¡porque incluso tenías un plan! todo eso era sólo para dejarme desprevenido y soltarme el puñetazo que me soltaste. –Ahí se equivocó, no era un plan, improvisaba todo. Déjame decirte que tienes una derecha que aturde los sentidos. Jajaja, nunca mejor dicho. –Vaya, todo esto me pillaba muy de sorpresa. Diría algo si tuviese algo que decir. Pero no tenía nada. –Y lo siento, no puedo guardármelo por más tiempo, pero tus bragas de Bob Esponja me hicieron mucha gracia. Jajaja.
– ¡Las habías visto! ¡Mis dos secretos mejor guardados, y los tienes que saber tú! No sé que traza me doy… -Ahí sí sabía qué decir. Ni siquiera lo pensé, fue instantáneo. Aunque los dos nos reímos. Hasta ahora no lo había escuchado reírse de una forma tan suelta y despreocupada. Por eso hasta ese momento, no supe que su risa me encantaba.
-Tranquila, será nuestro otro pequeño gran secreto. –Dijo apretándome de nuevo contra su pecho. Mi corazón volvió de nuevo a las andadas y mis vellos lo acompañaron. Antes había estado jugando con los muelles de mi pelo.
-Continua…-Seguía muy interesada en lo que estaba contando.
-Pues eso, que creo que ese puñetazo me abrió los ojos. Aunque sólo un poco. Me di cuenta de que me interés en ti iba más allá que puro orgullo. No te escapabas de mis pensamientos en todo el día. Ocupabas hasta mis sueños. Era obsesión. ¿Recuerdas que hubo unos días en los que no hice nada en tu contra? Estaba pensando en qué podía hacer. Y lo supe el día en que te “secuestré” en el Hummer para llevarte a mi casa. Creía que estando a tu lado, dejaría de tener ese desasosiego que tenía al no estar cerca de ti. Por eso te ofrecí estar conmigo, aunque en el fondo estaba pidiendo a gritos estar yo contigo… Pero volviste a rechazarme, a mi dinero y a mí. –Lo recuerdo, fue el día del tratamiento de belleza por sorpresa.
-Hombre, te parecerá normal comprar a la gente con dinero…
-Exacto, me parecía normal. Hasta entonces pensaba que no había nada que el dinero no pudiese encontrar. Pero ese mismo día lo encontré, los sentimientos no se pueden comprar. Y los tuyos eran muy firmes. –Vaya, eso me llegó. Hasta entonces pensaba que los momentos, tal y como Aaron dijo, era lo único que no se podía comprar, aparte de la vida y el pasado, claro… Pero ahora yo también había encontrado otra cosa. Los sentimientos. Y era gracias a Bryce. Tal vez siempre lo juzgué mal, como un chico mimado, caprichoso, engreído y altivo. Sin embargo, desde hacía tiempo, me había empezado a dar cuenta de que no era así. Esas palabras me llegaron tanto como las de Aaron. ¿Estaba Bryce empezando a sustituirlo? –Algo moviste dentro de mí que me hizo quitarte la tarjeta roja. Hice eso que no había hecho nunca, puedes decir ya que eras la primera en algo. Pero seguía sin saber cómo comportarme contigo. Con la gente que trataba fuera de mi círculo de amigos, eran desgraciados con los que me desquitaba, o eran mujeres estúpidas y vacías con las que pasaba el rato. Realmente, todo lo relacionado contigo se me quedaba muy grande, por eso sólo me salía ser cruel cuando se trataba de tí. Y sabía que en el fondo no quería hacerte daño, pero por tu parte sólo recibía negativas y desprecios. Por eso te puse la segunda tarjeta roja. –Recuerdo aquella discusión que tuve con él por no querer decirle con quien había estado hablando por teléfono cuando llamé a Alan para saber cómo estaba de la gripe. –No sabes cuánto me molestó que me dijeses que ese amigo con el que hablabas te gustaba miles de veces más que yo…-¡Que mono! Hasta se le entrecortaba la voz y le salían las palabras con esfuerzo cuando llegó a esa parte. –Ni yo mismo sabía lo que me pasaba. Por un momento pensé que era despecho, nunca nadie había pasado de mí y me había hecho tantos desplantes como tú. –Vale, muy bien, lo comprendo. Comprendo que no conozca otra manera de hacer las cosas por la dura infancia que ha tenido y la falta de una figura modelo que lo guiase. Podía perdonarlo. Ahora estaba rectificando. -Y luego, cuando Aaron te salvó ese día que Ashley vino, delante de todos. Lo eché del G4 en un impulso que luego reconocí y enmendé. Porque ya volvemos a estar como siempre… El caso es que me enfurecí mucho al ver que mis planes contigo volvían a chafarse. Aunque me seguía aferrando a que era ego, orgullo, honra dañada… Pero luego supe lo que me pasaba…-Y paró.

No dijo nada. Aunque estaba temblando. Lo notaba por sus manos, que todavía se aferraban a mi cintura. Todo esto era demasiado fuerte para un solo día. Mi pequeño corazón no podía más. Y yo tampoco, no aguantaba más la esperaba, me giré para observar su rostro. Tenía los ojos agachados, y se mordía el labio, que le temblaba un poco. Estaba dolorosamente atractivo. Quería tocarlo, besarlo, abrazarlo, pero no por puro deseo, sino porque lo vi tan desprotegido e indefenso ante tal caudal de sentimientos, como si de un niño pequeño se tratase, que era una necesidad el protegerlo. Pero me contuve. Yo seguía sintiendo lo mismo por Aaron, no quería que volviese a malinterpretarme.

-Las tres feas esas me vinieron un día de los que tú estabas enferma en casa, y me enseñaron fotos tuyas en las que estabas con Aaron en el estanque. Todos los días que te había estado buscando para encontrarte, todos los besos que perdimos… Todo eso me afectaba mucho… y tú mientras tanto, pasabas buenos ratos con MI HERMANO… Me hervía la sangre. -Pronunció hermano con más fuerza de lo normal. Eso le dolía más que otra cosa. Conque fueron las tres zorras esas de Angela, Stephanie y Cindy a mostrarle fotos de Aaron y yo… Iba a vengarme, no sabía cómo, pero algo tenía que hacer. –Siento haberte forzado aquel día a besarme. Asumo todas las consecuencias.

Respecto a Bryce, ahora comprendía por qué actuaba así. Ahora por fin comprendía por qué la noche de la fiesta en el barco, expresó tan perfectamente como me sentía. Eclipsada. No hubiera podido encontrar una palabra mejor. Él también se sentía eclipsado. Eclipsado por Aaron. Por fin las piezas de mi puzzle encajaban. Aunque todavía no quería poner la última, me la reservaba para el final.

-Valeria. –Dijo alzando por fin la mirada. Sus ojos verdes esmeralda relucían en la oscuridad de la noche. –Ese día lo entendí todo. Y te juro que estoy haciendo todo lo posible por cambiar…Porque estoy perdido e inevitablemente enamorado de ti.

Y entonces coloqué la pieza del puzzle que había guardado para el final. Per mi corazón se paró. Había pasado de un ritmo frenético al paro absoluto. Eran demasiadas emociones y no lo pudo soportar. Me parecía todo tan irreal, que llegué a pensar que todo se lo había inventado Bryce para jugar con mi corazón y manejarlo a su antojo para cometer un asesinato.