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Refranero

domingo, 1 de enero de 2012

Capítulo 33: El eclipse


Capítulo 33: El eclipse
En los probadores, antes de salir a fuera a hacer el pase de modelos, Karem no perdió oportunidad de preguntarme. Le expliqué que lo que pasó. Me dijo que no le diera muchas vueltas, que quién debería no saber qué cara poner al vernos, debía ser Bryce, no yo, porque yo no había hecho nada. Me aconsejó también que lo tratara como si tal cosa. Tal vez sería uno de sus arrebatos que se le pasaría pronto. ¿Por qué veía todo más fácil  y mejor cuando Karem me lo decía? Decidí que le haría caso, siempre que se lo había hecho, había salido ganando.

Leo y Liam se empeñaron en acercarnos hasta casa a cada una. A mí me llevó Liam en su moto y a Karem la llevó Leo, en su moto también. Al parecer, se desplazan así por la gran ciudad, era más cómodo y rápido. Quedé en que vendría a recogerme alguno de los dos, al día siguiente, a las 8 a mi casa.

A la mañana siguiente, llamé a mi madre. Casi no se creía cuando le dije que iba a ir a una fiesta de Ashley Godmes, ella conocía su gigantesca corporación desde hacía mucho tiempo. Pero empezó a reírse, y yo con ella, imaginándome a mí entre la high-class de Nueva York. Aunque no iba muy convencida todavía, esperaba que no me fuera tan mal que cuando fui con Angela y las demás a la de temática de “Halloween”. Me pasé toda la tarde buscando un recogido elegante a mi pelo. Al final opté por un look despeinado, era todo el pelo recogido en una cola, y con dos mechones caídos a cada lado de mi cara. Intenté también imitar cómo me maquilló Francesco en la casa Domioyi, pero sólo conseguí una imitación barata. Al menos me sentaba bien. A las ocho en punto sonó el timbre de la puerta y yo estaba lista. Abrí, sería Leo o Liam… Pues no, era Aaron. O_O Eso sí que no me lo esperaba.

-Hola. –Me dijo tan pancho. Iba extremadamente guapo. El traje de chaqueta, por lo general, sienta genial a los hombres. Pero a Aaron le quedaba… no había escala para medirlo. Dejémoslo en… no, no soy capaz de buscarle un adjetivo suficientemente adecuado. Intentaré definirlo con un, me entristecí aún más que cuando lo vi con Ashley rodando por el césped del estanque cuando se rencontraron. La otra vez, aunque fuese una escena de amor con el chico que me quitaba la respiración, no veía con tanta claridad cómo de maravilloso era el objeto de mi pérdida. Ahora lo veía en todo su esplendor.
-Hola. –Dije tímidamente, me sonrojé. Vaya, nunca me había puesto así de tonta con un chico, pero es que estaba demasiado perfecto. Ni un millón de álbumes de fotos podrían mostrarlo en la manera en la que mis ojos lo veían.
-Te preguntarás por qué estoy aquí. –Dijo aún en la puerta. Con mi sorpresa, ni siquiera lo había invitado a entrar. Y con mi sorpresa, tampoco me había parado a pensar en por qué estaba allí. En eso se había equivocado. –Pero escuché por Liam que vendría a recogerte hoy a las ocho, y le dije que no se preocupara, que ya me encargaría yo. –Hizo una pausa. –Y aquí estoy. –No sabía qué decir, mi mente seguía bloqueada por exceso de felicidad. -¿No dices nada? –Preguntó agachando su cara hasta dejarla a la altura de la mía. En ese momento reaccioné. Pero todavía me costaba trabajo pensar.
-Estás increíble. –Intenté no parecer muy gilipollas al decirlo. Pero creo que no lo conseguí. Seguía teniendo la misma cara de boba que cuando lo vi aparecer tras el umbral. Si normalmente, el mundo se paraba cuando estaba con él, en ese momento se me había parado la respiración. Si no, no me explico por qué mi mente no rendía, tenía que ser por falta de oxígeno. O a lo mejor eran los síntomas de estar enamorada. Todo esto me pillaba muy desprevenida.
-Jajaja, gracias. Tú también lo estás. Ahora mismo estoy conteniendo mis ganas de pedirte matrimonio. –Dijo guiñándome un ojo. Pero no respondí. El colapso no se había disipado todavía de mi cabeza. Simplemente me quedé mirándolo con los ojos muy abiertos. –Jajaja, que es broma es broma. En serio, estás guapísima esta noche. –Mierda. Podría habérmelo pedido, no se habría llevado una negativa por mi parte. Pero al menos desperté de mi estado de shock.
-Bah. Anda, vámonos ya o llegaremos tarde. –Dije cerrando la puerta a mi espalda y tirando de su brazo camino hacia el ascensor. Tenía algo que preguntarle. Pero esperaría hasta el momento adecuado.
-Por cierto, ¿qué ha pasado con tus preciosos ojos verdes? Ahora están marrones. –Se había fijado en que mis ojos ya no eran verdes. Llevaba puesta la lentilla que Bryce me regaló.
-Es que… me cambian de color de vez en cuando. Depende del tiempo y de mi estado de ánimo. –No quería contarle toda la historia. Aunque no me hubiese importado, sabía que con Aaron el secreto estaba a buen recaudo. Pero algo me decía que quería que eso fuese un pequeño secreto entre Bryce y yo. Algo que nos mantuviera unidos en algo especial. ¿Le estaba cogiendo cariño?
-¿Y cómo estás ahora? –Yo seguía tirando de él. Parecía que no quería salir a andar hasta fijarse detenidamente en mis ojos. Pero si lo hacía, notaría la lentilla.
-Muy contenta. –Dije parándome, dándome la vuelta y sonriendo. Él me devolvió la sonrisa y continuamos andando sin tirones. Mi plan había funcionado.

Abajo en la calle, nos montamos en su coche, era un Aston Martin DB9. Lo sabía porque lo ponía en su cubierta, por la parte del maletero. Era impresionante. Un deportivo con aspecto de coche de lujo elegante. No soy una aficionada de los coches, pero aquel me encantaba. Sobre todo su color gris metálico en tonos oscuros. Durante el camino estuvimos hablando de cómo Leo y Liam me convencieron para ir a la fiesta, y la pequeña broma que Karem le gastó. Se me pasó el tiempo volando, al momento ya estábamos en el puerto. ¿El puerto?

-¿La fiesta es en un barco? –Dije con cara de sorprendida.
-Sí. Es muy común por aquí. –Lo dijo como si tal cosa, estaría acostumbrado a eso.
Cuando me bajé del coche, me puse a admirar el barco. Era gigantesco, una especie de yate-crucero. Me dio por leer el nombre. Rose. Ese nombre me sonaba. Lo dije susurrándolo. Aaron me oyó.
-Es el nombre de mi hermana mayor. Fue un regalo de nuestra madre por su 18 cumpleaños. –Dijo Aaron mirando el cielo. Parecía melancólico.
-¿Cómo es ella? –Sabía el físico de la hermana, no su personalidad.
-Es una mujer maravillosa. Siempre ha cuidado mucho de Bryce y de mí. Era muy cariñosa conmigo y bastante severa con Bryce, no le dejaba pasar ni una. La echo mucho de menos desde que se casó y se fue a vivir con su marido. –Oh no, le había preguntado por algo que lo ponía triste.
-Bueno, basta de melancolías, ¡vamos a entrar y divertirnos! –Dije agarrándome de su brazo y tirando de él hacia dentro. Apretaba su brazo con fuerza, no sé por qué, pero tenía la sensación de que esa noche ocurriría algo que marcaría un inicio y un final en mi vida. Y en el final, me daba a mí que estaba Aaron.

Pasamos al metre que revisaba en la entrada la invitación de la gente. Y entramos dentro. Me sentí muy feliz por el simple y hecho de entrar al barco cogida del brazo de Aaron. Personas sencillas que se alegran por pequeñas cosas. ¿O era una conformista? No, yo no pensaba que era suficiente un poco de contacto con Aaron, yo en ese momento pensaba que estaba muy feliz por tenerlo a mi lado, y que decidiese por él mismo pasar el tiempo conmigo.

Al momento vimos a Karem. Le dije a Aaron que luego nos veríamos, no quería hacerlo sentir obligado acompañarme todo el tiempo. Y me fui con ella, que estaba sola, asomada a la barandilla, observando el cielo. El barco comenzó a navegar en ese mismo momento. Se movía de forma muy suave.
-Tsss. Tsss. Tú, la chica de dorado. ¿Quieres pasar un buen rato? –Dije poniéndole las manos sobre la cintura y cambiado mi tono de voz a uno masculino. Pero no coló. Ni siquiera se dio la vuelta para responderme y mirarme.
-Valeria, no cuela. –Y ahí sí se giró a mirarme con cara de “a mí me la ibas tú a dar…ya…” –Vaya, tienes los ojos marrones. –Creía que en la oscuridad de la noche no se daría cuenta.
-Vaya… qué inteligente tú… -Y me coloqué a su lado para observar el cielo junto a ella. –Me cambian de color con el tiempo y el estado de ánimo. ¿Quién te ha traído? –Dije sin dejar de mirar. A ver si colaba el cambio de tema.
-Los dos playboy. Como yo los llamo. No han dejado de tirarme la caña todo el camino. No se cansan… Por lo menos me río con ellos. Jajaja. –Bien. Coló. Ella me hablaba ahora mirando de nuevo el cielo.
-¡Ahí! ¡Bien! ¡Tú mantente firme! ¡A ver si se van a creer estos dos que con poner ojitos y decir palabras bonitas, caemos todas rendidas a sus pies! –Dije con demasiada efusividad.

Lo supe porque me escucharon, cuando me di cuenta los tenía detrás. Tosiendo para hacer ver que estaban allí. Oops. Me giré y los vi, llevaban los dos una copa de champagne. Leo llevaba pajarita y Liam corbata. ¿Por qué tenía que sentarles tan bien el un traje de chaqueta? Leo iba de negro y Liam de blanco. Nunca pensé que un esmoquin blanco quedase bien. Lo veía vulgar y chabacano, pero por dios santo, a Liam le quedaba como si lo hubiesen inventado exclusivamente para él. ¿Había algo que le quedase mal? Tal vez ni siquiera la ropa interior femenina.

-¿Quién pone ojitos y dice palabras bonitas? –Dijo Leo con cara de molesto y cierto tono de retintín.
-Cotilla. No te metas en conversaciones de chicas. –Tenía que salir por algún sitio. -¿Dónde está Ashley? Queremos ir a saludarla.
-¿Ashley? Acabamos de estar con ella. La dejamos por ahí con los medios de comunicación. –Respondió Liam. Vaya, entonces creo que no era momento de ir a verla. Debió ver en mi cara mi cambio de planes, porque le preguntó a Bryce, que hasta ese momento, no me había dado cuenta de que estaba con ellos varios pasos más atrás. Parecía que no quería acercarse. Lo miré a la cara, y me mantuvo la mirada. –Pero de eso hace cinco minutos. Ashley despacha rápido a la prensa, no le gusta mucho ser el centro de los comentarios. Estará por ahí saludando a más gente. ¿No Bryce? –Y Liam miró hacia él.
-No lo sé. –Respondió volviendo la cabeza. Ahí perdimos contacto visual. ¿Qué leches era esa actitud? ¿Ahora iba de víctima? Estaba dispuesta a olvidarlo si me daba una disculpa o no, no me gustaba ese ambiente tenso, pero estaba siendo él quien lo tensaba aún más.
-Bueno, vamos a ir a echarnos ponche y ver si la vemos por ahí. –Dije. Y me fui con Karem camino a la mesa de bebidas y comidas.
-Espera un momento. –Dijo Liam. Muy observador por cierto. –Tú estás hoy diferente. Tienes los ojos de otro color. –Vaya, al parecer se iban a dar cuenta todos menos el que tenía que darse cuenta. Y con lo que acababa de ver, por su parte, esta noche tampoco lo percibiría. Pero me hice la loca y seguí andando hacia delante.

Al momento nuestra atención se centró en asombraros por la cantidad de gente famosa que estaba allí. No me había dado cuenta hasta entonces. Presentadores de las noticias, cantantes, actores, otros celebrities, famosos del corazón, deportistas de élite. Para la gente común como yo eso debía ser de ensueño. Pero no pasó a más de una mera sorpresa. Mi mente vagaba en esos momentos entre Ashley, Aaron y Bryce. Pero Karem no salía de su asombro. Todo ese tiempo que pasé metida en mis pensamientos, ella se lo llevó parloteando sin parar sobre cuánta gente de la tele había allí. Sentía mucho ignorarla, pero mi cabeza no daba par más. Pero volví en sí cuando dijo que había visto a Ashley.

-Valeria, sé que no has estado escuchando nada de lo que te he dicho. Pero vuelve en ti. Mira, detrás de esa gente está Ashley con Aaron. –Dijo señalando detrás de una multitud. Estaba deslumbrante, guapísima, increíble, pero lo más importante de todo, estaba con Aaron. Cuando le dije que me dejara sola para ir con Karem, no insistió en acompañarme, seguramente era porque estaba deseando estar con Ashley. Me entristecí, pero desde hace mucho tiempo sabía cómo eran las cosas.
-Ok, vamos a saludarla. –Con ponche en mano, nos fuimos las dos hacia aquel lugar. Pero en el camino no pude evitar escuchar cierta voz. Era la voz de Bryce, me giré para ver donde estaba… Cosa que no debí haber hecho, lo vi rodeado de súper modelos exuberantes, y eso me molestó
-¡Bryce! ¡Hace mucho tiempo que no te vemos! –Dijo una de ellas con una voz de pija tonta que me ponía de los nervios.
-Cierto. –Respondió el con desdén. Giró la cabeza y me vio de casualidad. Sonrió maliciosamente.
-¿Por qué no nos vamos a dar una vuelta por el barco y nos lo enseñas más detenidamente? Quiero volver a pasar esos buenos ratos que pasábamos juntos. –Dijo una de las chicas de portada de revistas de moda tirando de su brazo. Pronto empezaron todas a tirar de él, intentando llamar su atención.
-Tranquila chicas, hay Bryce para todas. –Y volvió a mirarme con cara victoriosa, sólo antes de irse con ellas y perderse entre la multitud. Maldito. ¿Estaba intentando darme celos? Pues la llevaba clara. Aunque lo único que consiguió fue dejarme sin ánimos de saludar a Ashley con Aaron a su lado. Lo que hice fue quedarme cerca de la mesa de las bebidas y beber una copa de ponche tras otra. Al momento empecé a sentirme mareada. Había bebido demasiado.

-Valeria, llevo un rato diciéndote que pares. –Karem ya se había mosqueado. E hizo aquello con lo que había estado amenazándome todo ese tiempo. Cogió mi copa y arrojó el contenido por la borda. Iba a responderle, pero en ese momento se apagaron todas las luches, menos un foco que iluminaba a Ashley, que estaba subida en el centro de un escenario. Parecía un verdadero ángel. Iba con un traje blanco muy sencillo, tal vez le dijeron que se pusiese algo formal, sin especificar tanto para que no descubriese la fiesta sorpresa. Pero es que cualquier cosa le quedaba genial.
-¡Buenas noches a todos! Bienvenidos a la fiesta de bienvenida sorpresa que me han celebrado mis mejores amigos. –Y saludó mirando hacia el público. Desde aquí no los veía, pero debía estar el G4. ¿Bryce también? Dios no. ¿Por qué había pensado en él? Bah, que le den. Como si está retozando en alguna habitación con todas las chicas modelos a la vez. –Quiero agradecerles a ellos especialmente, la amistad incondicional que me han brindado siempre, a pesar de ser ello cuatro chicos, ahora hombres, y yo una chica dos años mayor. –Hizo una pausa para dedicarles una radiante sonrisa. –Una amistad que no entiende de tiempo ni de distancia. Chicos. –Dijo ahora mirándolos directamente. –Os quiero mucho. Sois lo mejor, en serio. –E hizo otra pausa. Se estaba emocionando y no quería llorar.

Y es que es verdad, cosas así emocionan a una. Ashley era la chica más afortunada del mundo. Guapísima, inteligente, simpática, con amigos maravillosos, incluso tenía dinero. ¿Había algo que le faltase o no pudiese conseguir? Creo que nada. Porque, aunque tal y como dijo Aaron, los momentos no se pueden comprar, ella lo tenía a él exclusivamente para crear muchos más. Pero no la odiaba, su forma de ser impedía que pudiera crecer ese sentimiento en mí.

-Bueno, basta de sentimentalismos. Os agradezco mucho también a vosotros por vuestra asistencia, y a disfrutar la fiesta. Tendremos comida, bebida, y ¡música toda la noche! –Y en ese momento, empezó a sonar una canción. Y así una tras otra. Decidí aprovechar en la oscuridad, ir a saludarla, así no vería nada más desagradable por el camino que me impidiera llegar hasta ella. Aunque entre la falta de luminosidad y mi mareo, iba yo casi a tientas.
-¡Ashley! –Dije muy contenta al verla por fin. Simplemente, era una de esas personas que transmitían buen rollo.
-¡Valeria! –Respondió también muy efusivamente. Se acercó a darme un abrazo muy cálido. – ¡Vaya! ¿Por dónde has estado? ¿Cómo no has venido a saludarme antes? Pensé que al final no querrías venir. –Y al decir eso, pareció que la expresión se le entristecía.
-Por ti cualquier cosa. ¿Cómo iba yo a faltar a la fiesta de mi cuidadora oficial? –Dijo con una amplia sonrisa. –Sabes que has calado en mi corazón. -¿Por qué dije eso? Era verdad, pero no era una de esas verdades que se digan. Tal vez sería por mi exceso de alcohol en sangre.
-¡Oh! ¡Sabes que tú en el mío también! Si no, no me interesaría tanto por ti. –Y volvimos a abrazarnos. No me arrepentía de haberlo dicho. No, si la persona a la que se lo decía era Ashley. -¡Venga! ¡Vamos a bailar! –Y me arrastró con ella a la pista de baile. No había abrazado a mi rival, había abrazado a la Luna que me eclipsaba. Aunque no fuese una perfecta comparación. Porque yo nunca podría ser una estrella y ella un simple satélite planetario. Tampoco se podía decir que yo brillara y mucho menos que ella se iluminase por mi luz. Pero lo único que me definía en aquel momento, era un eclipse.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Capítulo 32: Tapar el sol con un dedo

Capítulo 32: Tapar el sol con un dedo

¿Qué era lo que le había sucedido a Bryce? Dos días antes. El G4 estaba sentado en la misma zona de siempre. Junto a la fuente de la gran palmera.
-Hoy le he retirado la tarjeta roja a Valeria. Lo dejé por escrito en el tablón de anuncios por si acaso alguien se quedaba sin saberlo. –Dijo Bryce empezando nuevo tema de conversación para el G3. Se estaban saltando las clases de la mañana. Aaron estaba en clases.
-Tío, a ti te ha dado fuerte con esa chica. En serio. –Dijo Leo dándole un sorbo a su copa de licor. –Sabemos que la chica es bonita, maja, graciosa y tal, pero lo tuyo es ya obsesión.
-Mira Leo, hoy estoy de buen humor, así que no vas a conseguir cabrearme. Ni tú ni nadie puede cambiar hoy mi perfecto día. –Bryce estaba de tan buen humor, que empezó a reírse a carcajada limpia. –Hoy voy a ir a verla a su casa. A ver qué planeo.
-Lo que yo te decía. –Continuó Leo diciéndoselo a Liam por lo bajini en plan marujeo.
-Te he oído. Y ya te he dicho que no vas a poder conmigo. –Dijo con una sonrisa triunfante y haciendo victoria con los dedos.
-Bah, entonces hoy va a ser un día muy aburrido. Liam, a ver si nos pasamos un día por su casa para tomarle el pelo. Me da a mí que si sigue de tan buen humor, no vamos a saber cómo pasar el tiempo en este lugar.
-Cuando quieras, mañana mismo. Yo también tengo ganas de verla, todo está muy triste y tranquilo. –Dijo suspirando. Por mucho que quisieran ocultarlo bajo intereses de diversión, los dos estaban cogiéndole mucho cariño sin darse cuenta.
-Bryce, sentimos la intromisión, pero debemos decirte algo. –Dijeron Angela, Cindy y Stephanie, que habían aparecido allí. Llevaban un móvil entre las manos.
-Decid rápido lo que queráis, y salid de aquí, me molestáis a la vista con vuestras feas caras. –Bryce siempre tan expresivo y simpático con los demás. Fuera de su círculo de G4 y Valeria, no aguantaba a nadie más, a parte de a su hermana.
-Gracias por tu oportunidad. Queremos decirte que hemos visto el tablón de anuncio y venimos a informarte de que retirarle la tarjeta roja a Valeria es un gravísimo error. –Habló Angela, la portavoz del grupo, como no.
-¿Qué quieres decir? –Respondió Bryce interesándose por el tema, incluso se echó hacia delante. -¿Vas a venirme tú a decir lo que tengo o no que hacer?
-No para nada. –Dijo Angela retrocediendo un paso. Estaba asustada, pero tenía que continuar con su plan. –Sólo queremos demostrarte que Valeria se ha estado riendo de ti este tiempo. Mira estas fotos, son la prueba de lo que te decimos. –Dijo ofreciéndole el móvil, que ya estaba puerto por las imágenes que quería mostrarle.

En el móvil Bryce vio fotos de Valeria y Aaron en el estanque de las ardillas. Había de todo tipo, desde ellos dos hablando, riéndose, ella observándolo tocar el piano embelesada, jugando los dos con las ardillas, mirando el cielo a la vez, dando de comer a los peces. Desde que apareció Ashley en la vida de Valeria hasta ahora, un mes después, había pasado mucho tiempo, y estas se habían encargado de recogerlas hasta esperar el momento oportuno. Cuando más doliese.

-Valeria y Aaron se ven todos los días durante el descanso en el estanque de la Uni. Ella va allí todos los días para verlo. Está loquita por él. Nosotras siempre estamos de tu parte, y no queremos que nadie te juegue contigo. –Hizo una pausa para ver la expresión de Bryce, y ver si continuar o no. Él seguía viendo una única foto, y como miraba hacia abajo no podían verle la cara. Esta viendo la que salí a ella espiando a Aaron junto con Ashley el día del rencuentro; en la que salía ella a punto de llorar. –Nosotras nunca jugaríamos con dos chicos, y menos si se tratan de ti y Aaron. –Concluyó Angela.
-Cierto, yo nunca la perdonaría. –Continuó Stephanie.
-No puedo con las chicas así, deberían todas extinguirse de la faz de la tierra. –Dijo Cindy.

A Bryce le temblaba el pulso, esa imagen era la que más lo había impactado. Antes siempre había sospechado que había algo entre los dos, que Valeria estaba enamorada de Aaron, pero eran meras sospechas, ahora tenía la verdad por delante. Una verdad que no pudo soportar. Se incorporó del césped. Se acercó hasta las chicas, que volvieron a retroceder unos pasos, y lanzó el móvil contra la fuente. Incluso al traspasar todo el agua y verse frenado, se descompuso en todas sus piezas al chocar contra el fondo. Las chicas pegaron un grito. Leo y Liam se sobresaltaron. Pero no de su sobresalto, a los que estaban acostumbrados, si no de la mirada que había adquirido. Era la de un poseído por la furia, ira y rabia juntas y multiplicadas por mil.

“Valeria está enamorada de Aaron” Esas palabras resonaban en la mente de Bryce. Y no le daban cabida a pensar en otra cosa. Angela y las demás le habían hecho un daño muy doloroso a Bryce. Le habían abierto una herida que con mucho trabajo había estado intentando cubrir durante bastante tiempo. Ahora los puntos se habían desatado uno a uno, lentamente, con cada imagen que Bryce había visto.

-¡Aaaaah! –Dijo Cindy acercándose a la fuente. -¡Mi móvil nuevo con cámara profesional! –Angela sin embargo, no se inmutó, aprovechó el momento con total sangre fría para sacarle aún más jugo.
-Nosotras tres ya sabíamos que ella estaba detrás de Aaron,  se lo advertimos para que lo dejara. Le explicamos que él ya estaba con Ashley. Y entonces esa chica se puso pálida y rompió a llorar a mares al darse cuenta de que no tenía ninguna oportunidad con él. –Se acercó más, estaba tentando su suerte. Ahora se había agarrado al brazo de Bryce. –Para mí es imperdonable ese tipo de comportamiento. Al momento la vimos otra vez corriendo tras de Aaron.
-Tú. –Dijo Bryce girándose a mirar a Angela. -¡NO ME TOQUES! –Y movió el brazo tan rápido como la punta de un látigo. Ella cayó al suelo de momento. Desde primer momento no debió acercarse tanto a él, y menos con esa mirada asesina.
-¡Angela! –Cindy y Stephanie corrieron a socorrerla al momento. Al momento salieron las tres, apabulladas.
-¡Bryce! –Dijo Leo incorporándose. -¡No golpees a las chicas! –Pero Bryce no atendía a razones, estaba respirando tan agitadamente, que parecía un toro a punto de embestir.
-Te lo dijimos el día que tú pensabas que había venido a entregarte tu virginidad cuando nos lo gritó. Ella no se refería a eso. No confundas las cosas. Ella no te ha engañado en ningún momento. No tiene culpa de nada. No te imagines cosas que no son y no las pagues con los demás al darte cuenta de que no eran reales. –Liam realmente estaba haciendo un gran esfuerzo por calmarlo. Pero es que Bryce, ya se había perdido hace mucho tiempo. Sólo escuchaba aquellas palabras. “Valeria está enamorada de Aaron”. Se repetía una y otra vez.
-Nadie me ha hecho sentir tan humillado en mi vida. –Dijo, con la mirada ida y una cara inexpresiva.
-¡Venga ya! ¡¿Quién se preocupa por la chica pobre esa?! Además, Aaron tiene a Ashley, Valeria nunca podría competir con ella. –Leo había pasado al plan B. Si el camino de la razón no servía, debía recurrir al absurdo, lo que realmente quería escuchar Bryce. -¡Vamos! ¡No me dirás ahora que estás esa! ¡Vamos a la cafetería a tomarnos algo! –Dijo apoyándose en su hombro, como quien no quería la cosa, para quitarle hierro al asunto.
-¿Me estás tomando el pelo? ¿Intentas que me crea que dices eso enserio? Ni tú mismo te lo crees. –Dijo girándose para mira a Leo. En el fondo, algo si razonaba. Por lo menos se había dado cuenta de las intenciones de su amigo. –Y quítate de mi hombro, Leo. Y tú Liam, apártate, quiero pasar. –Leo y Liam se quedaron unos segundos sin saber qué hacer. La reacción de Bryce era tan inesperada. -¿A qué esperas? ¿A que te parta las piernas? He dicho que salgáis de mi camino. –Leo dejó de apoyarse sobre Bryce y Liam dejó el camino libre. Bryce se fue sin decir nada. Con las manos metidas en los bolsillos, mirando hacia abajo, con los ojos muy abiertos y sin mostrar ningún tipo de sentimiento.
-¿Viste sus ojos? –Leo hablaba mientras intentaba recuperarse aún del shock.
-Sí. Bryce es un arma humana cuando se pone así. Es muy peligroso. –Liam seguía en shock también. Todo aquello había sido muy chocante.
-Cierto. ¿Recuerdas aquella vez hace tres años, cuando golpeó en el vientre a un chico y le destrozó todos los órganos por dentro? –Leo rompió el silencio escalofriante.
-Por supuesto. ¿Cómo olvidar aquello? Incluso tú y yo sentimos miedo por la vida del chico. Aunque todo saliese arreglado por la intervención de la madre de Bryce.
-Pues estarás de acuerdo conmigo también en que ahora tiene esos mismos ojos.
-Que va, los de ahora son mucho peores. Mucho más aterradores que la otra vez, y su expresión más inexpresiva. Quizás esta vez, si logre matar a alguien.
-Tal vez Valeria pueda pararlo. Tenemos que ir a hablar con ella. –Concluyó Leo.

De vuelta al presente. Valeria ha llegado al trabajo después del suceso en los jardines.

De camino al trabajo, sentía que me fallaban las piernas. Todavía no me hacía a la idea de lo que acababa de ocurrir. Ese había sido mi segundo beso. El primero fue con Alan, al despedirme de él antes de irme a España, y prometernos que nos volveríamos a ver algún día. Que vale, que el primer beso es el que siempre se recuerda, pero el segundo también. Y ahora para siempre tendría que acordarme de ese violento momento. Aunque al final se haya arrepentido.  Era un idiota. Pero no estaba enfadada con él. En el fondo yo me lo había buscado. En el fondo, me sentía culpable, le había dado falsas esperanzas sin quererlo. En el fondo, yo no era tan diferente a Bryce, yo también me ilusionaba con pequeñas cosas que interpretaba a mi favor.

En la tienda de ropa. Karem me notó al momento que me pasaba algo. Y no hacía falta ser adivina o conocerme mucho, una cara de ausente siempre es mala señal. No quiso decirme nada durante el trabajo, ese día tuvimos un día mu ajetreado. Cuando estábamos a punto de cerrar, entraron por la puerta Leo y Liam. Lo que me faltaba, yo no estaba en condiciones para reír gracias, y menos si iban en mi contra.

-¡Buenas…-Empezó Liam.
-…tardes! –Concluyó Leo. Vaya, venían con ganas de guasa, estaba perdida.
-¡Hola! –Respondió Karem de espaldas mientras doblaba unas prendas. -¿En qué puedo ayudar…-Cuando se giró, descubrió que eran dos miembros del famoso G4 de las revistas. A Leo ya lo conocía, pero a Liam no. Incluso me reí, a Karem se le cayó el montón de ropa al suelo cuando lo vio.

Y es que es normal, Liam con sus dos metros ocho centímetros imponía mucho. Y pongamos que, si Bryce y Aaron eran los atractivos del grupo, el primero en versión chico malo y el segundo en versión chico bueno, Leo era el guapo con cara de niño bueno pero en versión mujeriego, Liam era el buenorro, pontentorro, macizorro, cañón, en versión deportista. Que no quitaba que los demás tuvieran también su cuerpazo y sus buenos músculos, pero Liam era Liam… Y vaya Liam… Más que acortar su nombre Williams a Liam, habría que alargárselo. Jajaja dios mío, estaba muy tocada, no sabía ni cómo pude llegar a pensar esas cosas.

-Pues sí que puedes ayudarnos. Por ejemplo a convencer a esa chica de allí –dijo Leo volviendo la cabeza para mirarme, -de que venga a la fiesta de bienvenida que le hemos organizado a Ashley. –Y los tres se giraron a la vez para mirarme intensamente.
-No, me niego. Seguro que va a ir un montón de gente rica e importante, gente de la televisión, la prensa o revistas del corazón. Yo no estoy hecha para esas cosas. Sería como meter a… -Me quedé pillada, no sabía cómo continuarlo.
-¿Un cerdo en un corral de pavos reales? –Liam terminó la frase por mí.
-Gracias Liam, tu siempre tan detallista, saliéndome al encuentro cuando me quedo perdida… -Modo ironía ON.
-Para eso estamos. –Y me sonrió con cara de pillo. ¡Qué mono! ¿Estaría Liam despertando hoy mis instintos más ocultos? Sería que me había pillado con la guardia baja.
-Bueno, bueno, dejad de tontear. –Leo nos cortó el rollo. –Sabíamos que enviándote la carta no aceptarías ni en sueños. Por eso nos hemos presentado aquí. No nos vamos hasta que cojas el vestido que más te guste de la tienda y te lo lleves. –Vaya, eso sí que no me lo esperaba.
-¿Y qué interés tenéis vosotros en que yo vaya? –Seguro que había un motivo oculto. No podían ser las cosas tan buenas cómo parecían.
-¿Nosotros? –Dijeron al compás, mientras se giraban para mirarse un segundo y volver de nuevo la vista hacia mí. –Ninguno. ¿Por?
-¡Oh claro! ¡Venga ya! ¡Vosotros dos, los cazadores de mujeres, vais a perder tiempo de pasarlo con alguna por convencerme a mí de ir a una fiesta!
-Venga ya Valeria, nos conoces muy poco. –Dijo Leo acercándose a mí y echándome un brazo por el hombro. Yo lo miraba con cara de escéptica, no iba a dejarme engatusar por su mirada de conquistador nato con el que se llevaba a todas las mujeres.
-Exacto, ¿cómo piensas que no querríamos pasar tiempo contigo desinteresadamente? –Liam se sumó a Leo. También vino hacia a mí y me pasó el brazo por los hombros.
-O me decís ya un motivo creíble o no voy. –Dije mirando hacia adelante. Ignorando sus miradas de ojitos brillantes puestos a conciencia para convencer.
-Pues sí que eres dura de pelar. –Al parecer Leo se dio por vencido. Karem nos miraba riéndose por lo bajini. Realmente tenía que ser una escena muy cómica. Yo, una simplona chica del montón, captando la atención de dos auténticos sex bom.
-Pues creo que entonces no irás. Nuestros motivos son poco creíbles para lo escéptica que tú eres. –Saltó Liam a la defensiva.
-Puedo abrir mi mente. Sorprendedme. –Sonreí maliciosamente. Los miré con expresión victoriosa, ya no tenían más argumentos. Al final uno desistió. Leo.
-Ya te lo dijimos en tu casa ayer, te hemos cogido cariño.
-Sí, ya te consideramos una de los nuestros, chica guerrera. –Prosiguió Liam. Eso me había llegado al corazón. –Por eso, y por Bryce, al que se calma cuando estás presente, por Aaron, que te ha cogido también mucho apego, por Ashley, que nos dijo que te iba a enviar la invitación pero la paramos antes porque le dijimos que eso no serviría… -Guau, al final sí me estaban convenciendo.
-Por todo eso, y porque desde que conocí la otra vez a tu amiga, me he quedado prendado de ella, y no podía pasar sin invitarla a ella, que no iría si tu no fueras. –Leo cortó a Liam, que estaba diciendo cosas tan bonitas, por saltar con su comentario superficial…-Que por cierto, la otra vez no me la presentaste. ¿Cómo te llamas preciosa? –Dijo acercándose a Karem y alargar una mano para empezar a acariciarle la barbilla y jugar con su pelo. Ella le apartó la mano con cuidado y le soltó lo mejor que había escuchado nunca.
-Tengo la buena costumbre de avisar a todo el que se me insinúa, para que no se lleve sorpresas. Pero soy transexual. –Dijo con toda la frialdad y credibilidad del mundo. Leo retrocedió unos cuantos pasos a trompicones.
-Estás de broma. –Dijo Leo con la cara descompuesta.
-No, vamos, si quieres te lo demuestro, -y empezó a desabrocharse el cinturón de su pantalón vaquero y a desabrocharse el botón y bajarse la cremallera. Miré a Leo, su cara era un poema. Jajaja, bien por Karem. Que crack.
-¡No no! ¡Por favor! –Leo estaba muy muy muy apurado. Se había visto en un aprieto. Bien, así sabría cómo se siente la gente cuando él se va demasiado de la lengua. Karem empezó a reírse a carcajadas. Leo puso cara de desconcierto y Liam seguía mirando sin decir nada, dudaba un poco de que fuera verdad todo eso.
-¡Te lo has creído! Jajaja. ¡Qué gracioso! –Yo me uní a la risa de Karem, y Liam también. Dejamos a Leo con cara de mala leche e irritación, no le gustaba nada que se quedaran con él. Y menos de esa forma. Por eso no dijo nada. No sabía qué decir. –Bueno, bueno, Valeria, vamos a ir a la fiesta de bienvenida de Ashley, seguro que se alegra mucho de vernos. Además, ¿qué perdemos? Nada ¿qué ganamos? No lo sabemos, ya lo veremos allí, por ahora, buscar más oportunidades de reírnos de Leo. –Karem tenía razón. Ella siempre pensaba las cosas mucho mejor que yo. Y por eso la apreciaba tanto, entre otras muchas cosas. Era como la parte de razón de la que yo carecía.
-¿Ves? Tú amiga tiene razón. Buscaos un vestido de la tienda y nosotros os lo pagamos. –Dijo Liam. Lo miré con cara de “ni de coña”, y el me respondió con cara de “no vas a convencerme de lo contrario” y yo miré hacia otro lado con cara de “me rindo, es misión imposible”, no quería que viera esa.
-Pues alguien tiene que atender la tienda… -Dejé caer como quien no quería la cosa.
-Oops, las 9. ¡Hora de cerrar! –Dijo Leo sin mirar el reloj. Yo sí lo tuve que mirar, y tenía razón. Desgraciado… así pensé yo que habían venido demasiado tarde, casi a la hora de cerrar…se esperaban que podría ponerlos a trabajar. Muy ávido.

Mientras Karem cerraba la tienda, yo me quedaba buscando un vestido. Me los conocía todos, pero nunca me los había imaginado comprándomelos, ahora tenía que pensar cuál llevarme. Pero después de quince largos minutos elegí uno con escote de palabra de honor, falda de vuelo y cinturón ancho que me hacía una cintura muy estrecha. Era de color rosa fucsia y tenía adornos en negro. El de Karem era dorado con lentejuelas brillantes, sin mangas y escote de pico. No eran caros, si acaso 50$, que aunque para mí fuera una dinerada, para Leo o Liam era simple chatarra de bolsillo. Íbamos a ir las dos radiantes, íbamos a captar más miradas de atención y asombro que una vampira de Crepúsculo a las tres de la tarde haciendo topless en la playa. Aunque la única atención que quería captar era la de Aaron. Sin embargo, sabía que Ashley no me haría sombra, me cubriría por completo. No se puede tapar el Sol con un solo dedo.