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Refranero

martes, 3 de enero de 2012

Capítulo 37: Frankenstein

Capítulo 37: Frankenstein

-¡¿QUE QUÉ?! ¡¿PERRO GRUÓN Y RABIOSO?! ¿Pero cómo te atreves a decirme eso después de estar seis horas esperándote? ¡Me rechinan los dientes porque estoy tiritando de frío! ¡No sabes lo mal que lo he pasado esperándote!–Dijo levantándose del suelo y limpiándose la nieve de encima.
-¡¿SEIS HORAS?! ¿Pero no habíamos quedado a las seis? Son ahora las 8:30. Dos horas y medias, ¡no exageres! –Este quería darme pena ahora, pero no iba a conseguirlo.
-¡De dos horas y media nada! ¡Te dijo por teléfono que quedábamos a las tres al salir de la Uni! ¡Y yo muy inteligentemente decidí venirme a las 2:30...! –Otra vez su mirada altiva, su voz despótica y sus gestos de superioridad. Me sentía muy mal por haberlo hecho esperar seis horas, pero no iba a permitir que me hablar así, no fuese a ser que se acostumbrara…
-¡Pues es todo culpa tuya! ¡Planeaste esto tú solo sin consultarme para ver si yo quería o podía! ¡Ni siquiera me dejaste hablar cuando me llamaste por teléfono para decirte que no había buena cobertura y no me enteraba de lo que decías! ¡Por eso me enteré mal de la hora y pensé que era a las seis en vez de a las tres! ¡Y sabes que no me gusta que manden en mí! ¡Por no habría venido de todas formas! ¡Podrías haberte ido de aquí cuando viste que no llegaba! ¡No me cargues a mí con la culpa! ¡Agradéceme que me haya dignado a venir! –Tal vez había sido demasiado durar, pero estaba muy cabreada, este hombre no aprendía nunca de lo que le decía.
-Muy bien… Si tanto me odias y detestabas venir, al menos podrías haber llamado para decírmelo…estaba muy preocupado, a quién llamar ni adónde ir, pensaba que te había pasado algo grave… -Su expresión se volvió sombría, se guardó la mano en los bolsillos, se dio la vuelta y comenzó a caminar para irse. Joder. ¿Por qué tenía que hacer todo tan difícil? Ahora comprendía su irritación, tenía que hacer salir su angustia de alguna manera, y parecía que sólo sabía hacerlo por medio del enfado y la altivez, además, yo era la que lo había enfadado insultándolo.
-Espera… -Dije intentando frenarlo. Lo cogí de la gabardina, estaba empapada. Buf, seis horas… tenía que estar loco, ni por muy importante que fuera algo, es normal esperar tanto tiempo. –Lo siento mucho, no me imaginé nunca que estabas aquí desde hace tanto tiempo. Estaba en el trabajo, y allí no hay cobertura como te he dicho antes, por eso no me llegaban las llamadas. –Pero siguió andando, pasando de mí. Pues mira que estaba haciendo fuerza por detenerlo, y nada. -¡Venga ya Bryce! ¡Te he dicho que lo siento mucho! ¡No seas así! ¡Te compensaré! –Y se paró.
-Eso no me sirve… ahora sólo te doy pena, pero en el fondo no puedo hacer nada por cambiar el que me odies y me detestes… -Ofu. A ver cómo le sacaba yo ahora eso de la cabeza. Lo dije sin pensar durante mi enfado. No lo odiaba ni detestaba ni mucho menos. Si es que cuando se tienen los nervios a flor de piel, hay que controlarse mucho, o se pueden hacer cosas de las que podemos arrepentirnos.
-Bryce…-Dije rodeándolo y poniéndome delante de él. Aunque no me miraba a la cara, seguía mirando el suelo. –No te odio ni te detesto… es que me irritaste mucho y me salió así.
-Entonces, si es cierto lo que dices de que no me odias ni detestas, ¿es que te gusta estar conmigo? –Dijo sin alzar la cabeza para que pudiera ver su cara.
-Bueno…tampoco te pases…digamos que sólo en algunas ocasiones. -¿Lo decía para convencerlo de que no se fuese o lo pensaba de verdad? ¿No quería que se marchara para no sentirme culpable o porque realmente quería pasar el tiempo con él? Es algo que todavía me pregunto.
-¡Ja! ¡Lo has reconocido! ¡Y lo he grabado! –Dijo levantando la cabeza y mirando con expresión triunfante, a la vez que sacaba su móvil que estaba puesto en modo grabadora, del bolsillo de la gabardina. O_O Me la había jugado. No debí haberme fiado de él. Era el mismo capullo de siempre.
-¿Ah sí? Pues ahí te quedas con tu grabación. Que te den. –E intentando esconder mi cara de sorpresa e indignación para no darle la victoria de pensar que me había molestad o afectado lo que había hecho, me fui.
-¡Oh venga! ¡Que sólo era una broma! ¡Una pequeña venganza! ¡Me la debías! ¡Míralo por el lado bueno, mejor esto que otra venganza peor! –Dijo intentando pararme. Y lo consiguió. Tenía razón. Se la debía. Pero me paré por eso, no por otra cosa. Que conste. –Mira, mira, ya lo he borrado, ¿lo ves? Eliminar. Sí. –Y me enseñó cómo borraba la grabación de voz.
-Vale, te la dejo pasar, pero sólo por esta vez y porque tienes razón, te la debía. Pero sigo molesta. Así que llévame ahora mismo adonde tenías planeado, a ver si se me olvida… -Dije girándome y poniéndole cara de enfadada. Aunque en verdad no lo estaba, me lo estaba haciendo. Que notara mi indignación por lo que acababa de hacer.
-Pues vaya, pensaba en merendar en alguna cafetería de por aquí. Pero ya no es hora…
-¡Oye, pues buena idea! ¡Nunca es tarde para comer! ¡Venga, yo te invito y te compenso por la espera! ¡Pero vamos a cruzar Central Park, que está aquí al lado! Todavía desde que he llegado, he podido entrar dentro. –Dije muy ilusionada. Se me podía notar en la cara.
-Bah, yo me lo conozco de esquina a esquina. Pero como quieras, si vas a invitar tú, ya que haces un gran esfuerzo por lo pobre que eres, haré un esfuerzo y me conformaré…-Estaba empezando a tocarme algo que no se debía tocar... ¡Bryce tierno y dulce, VUELVE!
-Mira, se está rifando una bofetada, y vas a tener la suerte de llevarte el premio… así que deja de meterte conmigo o ahí te quedas. –Lo decía totalmente en serio. ¿Tendría doble personalidad o sería bipolar este chico?
-Bueno, bueno… no enfademos a la gata salvaje, no vaya a ser que empiece a arañar… - :O Uy lo que me había dicho. Me gustaba la connotación cariñosa de ese apelativo, pero eso ya era pasarse. Llevaba un tiempo más insoportable de lo normal.
-Cierto. Tienes razón. Mejor no alterar a la gata salvaje, porque el perro gruñón y rabioso le tiene miedo y podría salir perjudicado. –Dejé pasar unos segundos. Cuando vi que no respondía, saqué mi sonrisa de victoria. Bien. Lo había dejado callado. No dijo nada más. Sólo me miró con mala cara y seguimos el camino hasta Central Park sin decir nada. Era un silencio incómodo. Al parecer a este chico, no le iban las cosas planeadas, sino las espontáneas.
-Hey ahora que caigo, ¡podemos montarnos en las barcas y dar un paseo por el lago! Siempre lo he visto en las películas y siempre he querido hacerlo. Venga, ¡serás el privilegiado de vivir mi sueño conmigo! –Dije por empezar un nuevo tema de conversación, no me gustaba ese silencio. Con Aaron, me encantaba, las palabras que no se decían, hablaban por sí solas, pero no ocurría lo mismo con Bryce, que todavía parecía malhumorado.
-Pues no creo que esté abierto… Cierra a las 9. -dijo mirando su flamante reloj de pulsera. –Tendrás que conformare con dar el paseo andando…-la desgana se palpaba en el ambiente.
-¡Oh venga ya! ¡No le das ninguna emoción a la vida! Faltan 15 minutos para las 9. ¡Corramos! –Dije cogiéndolo del brazo y empezando a tirar. Pero nada, era inútil. No se movió ni un centímetro. No comprendo como antes pude tirarlo al suelo de un empujón, a lo mejor contaba con el factor sorpresa. Digo yo…
-Que cierre a las 9, sólo indica que los que ya están montados, pueden seguir estándolo hasta esa hora, no que alquilen barcas hasta esa hora…-Conté desde 10 hasta 0. Diez, nueve, ocho. Tenía que controlarme. Siete, seis, cinco. Me estaba poniendo de muy mal humor. Cuatro, tres, dos. Y ya que había hecho el gran esfuerzo de venir, tenía que verle el lado positivo. Uno. Cero. Sigamos buscando pues.
-Muy bien. Entonces me conformaré con el paseo a pie. –Dije soltando su brazo. Y una vez más, intenté disimular mi cara de decepción.

Estábamos caminando por el parque. Era una vista realmente hermosa, todo cubierto de nieve, blanco, luces de navidad por todas partes. Era como un sueño estar en Navidad en Nueva York. Pero no lo estaba disfrutando. Había muchas parejas de enamorados, riendo, cogidos de la mano, besándose, sentados en bancos en plan acaramelado… ¿Encontraría yo a alguien alguna vez? Y sin embargo, en vez de estar buscando, estaba con Bryce en una “cita” de dudoso final. Lo miré, quería buscar un atisbo de ganas, entusiasmo, ímpetu, ALGO. Pero sólo encontré más mal humor. Seguía con la cara apretada, el ceño fruncido y las manos en los bolsillos en plan pasota total. Ya está, no pude evitarlo, tenía que preguntar.

-Bryce… ¿Por qué leches no puedes ver el lado bueno de las cosas? Ya sé que he hecho mal y he venido muy tarde y además te contesté muy mal. Pero ya te dije que lo sentía, otra cosa más que estar lo que quede de día contigo, no puedo hacer… Si vas a seguir así, me voy. –No era una amenaza, era la verdad. Pero él no dijo nada, se me quedó mirando con la misma cara odiosa que tenía. Mi mirada era intensa, quería obligarlo a hablar.
-¡Es que nada es como quiero! ¡Las cosas nunca ocurren como las planeo! –Vaya, no era enfado, era frustración. Y comprendía lo que se sentía en esos casos. Pero yo ahora también estaba frustrada, y estaba dando lo mejor de mí misma por hacer que las cosas fuesen a mejor. Una cosa que él no estaba haciendo. Aunque me costaba oír lo que decía, menos mal que lo decía gritando, porque si no, no me hubiera enterado de nada. Unos niños jugando al fútbol que gritaban y se divertían no me dejaban oír nada. -¿Por qué…
-Plaf. Una pelota lo golpeó justo en toda la cara. Podría haberme dado a mí si no fuera porque yo era una cabeza más baja que él, porque pude sentir como casi me rozaba.

Se acercaron unos niños pequeños. Eran los mismos de antes que gritaban y reían a grito pelado y no me dejaba oír bien lo que decía Bryce. Tendrían siete u ocho años o por ahí. Eran los que estaban jugando al fútbol. ¿Tan tarde? Hacía como tres horas que era de noche. La gente aquí tendrá otras costumbres…

-Señor. Perdone. ¿Nos da la pelota por favor? –Dijo el más bajito y endeblito. Vaya, las apariencias engañan. Parecía que el más alto era el más valiente, y no era así. Bryce tenía la pelota entre las manos, después de golpearlo de lleno en la cara, le cayó en las manos y la había cogido. Por ahora, se estaba limpiando la cara con un pañuelo que tenía. La pelota estaba mojada, normal, había nieve por todos lados. Y  esos chiquillos jugando… Cuando terminó la limpieza, abrió los ojos. Oh, oh. Alguien o algo no iba a escapar bien. O los niños, o la pelota. Puestos ya a que no había quien lo evitara, prefería que la pelota
-¿Puedes repetir? –Dijo Bryce con una cara aterradora. Yo me lo veía venir porque ya la conocía. Era una sonrisa forzada que escondía furia total. Pero los niños no.
-Que si nos puede dar la pelota, por favor señor. –Volvió a repetir el chiquillo sin malicia ninguna.
-Cual. ¿Esta? –Y la alzó unos centímetros para mostrarla y hacer como que se refería a esa.
-¡Sí! –El pobre niño estaba ya hasta emocionado y todo. Pobrecito, que decepción se iba a llevar… Pero tenía que intentar evitarlo.
-Bryce por favor –dije tomándolo por el brazo, - no hagas lo que estás pensando ha… -No que va… no iba a hacerlo. Pensaba que iba a lanzar la pelota muy lejos, o iba a embarcarla en algún árbol. Pobre inocente. No era consciente todavía de hasta donde podía llegar Bryce cuando se enfadaba… Como si de un globo se tratase, explotó la pelota de cuero…
-¿Te referías a esta pelota? –Dijo dejándola caer al suelo con una expresión de crueldad mezclada con risa diabólica. –Pues toma. –Dijo acercándosela con el pie, arrastrándola por el suelo. Los niños se quedaron mirando fijamente el suelo. A la pelota.
-Era el regalo de mi cumpleaños… Mamá había esta ahorrando mucho por conseguirme la pelota firmada por todo el equipo de Massachusetts… -El chico más alto y que yo pensaba que era el más valiente, empezó a llorar. Se me caía la cara de vergüenza por lo que Bryce acababa de hacer. No me lo podía creer. No debí haber venido.
-Bryce, sé que te lo he dicho muchas veces, y que siempre te entra por un oído y te sale por el otro, a la vista está. Por eso no voy a volver a repetirte lo insufrible que eres. Quédate con que me arrepiento mucho de haberte dado una oportunidad para ver si las cosas entre nosotros podían cambiar a mejor. –Y me di la vuelta, ni le di tiempo a responder, le puse una mano en la espalda a cada chiquillo. Les pregunté por donde estaba su mamá y me acompañaron hasta ella.
-Disculpe, siento mucho el espectáculo tan bochornoso que ha dado mi… acompañante. Ahora mismo sólo traigo 20$, espero que pueda servir para pagar la pelota, señora. –La mujer aceptó el dinero sin más insistencias. Me lo agradeció mucho, incluso me cogió de las manos para ello. Se veía que era una familia necesitada, por la apariencia que tenían tanto la mujer como los niños, que al parecer eran hermanos.
-Muchas gracias. No sabe cuánto me ha costado ahorrar para comprarle el balón. - Me lo agradeció mucho, incluso me cogió de las manos para ello. Se veía que era una familia necesitada, por la apariencia que tenían tanto la mujer como los niños, que al parecer eran hermanos. Les hice un gesto a los niños con la mano para despedirme de ellos, me sonrieron, se acercaron a mí corriendo para abrazarme.
-¡Muchas gracias! –Dijeron rodeándome con sus pequeños brazos. Que tiernos. Me recordaron a mi hermano Alex. Por fin podría verlo mañana y olvidarme de esto día desastroso.
-De nada chicos. Sed bueno y portaos bien. –Les dije con una gran sonrisa en la cara y removiéndoles el pelo de la cabeza. Nos separamos y cogí el caminito de piedras para irme. Desde lo lejos escuché como gritaban.
-¡FELIZ DÍA DE ACCIÓN DE GRACIAS! –Decían desde los lejos agitando sus brazos para decirme adiós.

Si es que no hay mal que por bien no venga. Ya no me arrepentía de haber venido, gracias a eso, hoy me sentía mejor persona, había realizado una buena acción. Y mientras yo seguía en mi embeleso, sentí cómo una fuerza extraña de incierta procedencia, tiraba de mi mano hacia atrás. Me giré. Era Bryce. Hice por soltarme de la mano de un tirón brusco y seguí andando hacia adelante. Ahora me cogió con las dos manos por el brazo. Pero con suavidad, no apretaba, no me hacía daño.

-Valeria…espera…-Y me esperé. Pero me quedé de pie, dándole la espalda, no quería ni mirarlo a la cara. –Perdóname. –Vaya, ya ni un lo siento si quiera, ya hasta el perdón era una orden. Pues si se sentía mal y no quería ser el malo de la película, que se lo hubiese pensado antes. Ya no me valían las excusas de que lo había hecho sin pensar en un acto impulsivo y precipitado. –No sabía lo que hacía, me dejé llevar por el enfado. -¿Ves? Sabía que iba a decir eso, siempre lo decía.
-Bryce, llegas tarde. Como siempre. Yo no puedo estar siempre aguantando todas tus acciones violentas y quedarme esperando a que pidas perdón una y mil veces más. Ya me he cansado. –Y volví a deshacerme de sus manos, para emprender otra vez el camino de ida. Pero sólo se quedó en el intento. –Bryce, suéltame. Quiero irme. ¿O también me vas a obligar a quedarme? –Pero no me soltaba, ni hablaba, ni nada, digo yo que al menos respiraría, porque ni su respiración escuchaba.
-No me odies… -Lo dijo muy bajito, casi en un tono inaudible. ¿Lo había dicho de verdad? ¿O era una mala pasada de mi mente en un intento desesperado por oír lo que quería escuchar?
-No te odio… Es sólo que preferiría tener una cita con el mismísimo Frankentstein antes que contigo… -Y dicho eso, tiré aún con más fuerza de mi brazo, y me zafé de sus manos. Emprendí el camino de regreso.

Mi casa quedaba bastante cerca de Central Park. Vivía en West 99th Street. En quince minutos andando estaría allí. El apartamento quedaba bastante céntrico, pero al ser tan pequeño, un piso de estos adosados, era relativamente barato el alquiler.  Por el camino intenté no pensar, con todas mis fuerzas. Pero era inútil, como todas las otras veces anteriores. Si es que yo no estaba hecha para decir cosas como esas y quedarme enfadada con la gente. Ahora me sentía mal por lo que le había dicho a Bryce. Pero es que o es así o no aprende. Porque si ve que siempre lo perdonaré una y otra vez, por muchas atrocidades que haga, nunca dejaría de hacer esas cosas. Y así, repitiéndome esto por el camino para ver si así me convencía de que era verdad, volvió a empezar a nevar. Me quedé mirando el cielo, ver cómo caía la nieve. La música de los locales y las tiendas, gente cantando por las calles, el ruido de los coches, las voces de la gente que pasaba a mi lado, todo eran pros a favor de una tarde noche perfecta, pero el idiota de Bryce la había chafado. Tonto…

lunes, 2 de enero de 2012

Capítulo 36: Perro gruñón

Capítulo 36: Perro gruñón
No le di muchas vueltas y me fui a clases. Me enfadé conmigo misma al pensar esta mañana que ya le devolvería el favor de alguna manera. No me imaginaba que lo decidiría él. Ahora tendría que someterme a sus caprichos. Valientemente, lo había juzgado mal. Creía que había cambiado, pero seguía siendo el mismo Bryce egoísta de siempre.

El descanso lo pasé con Alan. Le estuve contando lo de la fiesta y lo que había allí en el barco. Se le veía bastante interesado en el tema. Incluso hicimos algunos chistes sobre volverme una celebritie. En fin. A última hora, mientras recogía las cosas para irme ya, me tocó aguantar los comentarios malos de Angela, Cindy y Stephanie.

-¡¿Habéis visto la portada de la revista InTouch de hoy?! De fondo aparece la campesina esa. –Era la voz de pito de Cindy, indiscutiblemente.
-Vaya, pobrecita, no sabe qué hacer para llamar la atención y acaparar todas las miradas. –Ahora hablaba Stephanie.
-Comprendedla. Una chusma como ella de tal nivel social, nunca podría aspirar a lo que nosotras estamos acostumbradas. Hombres con mucho dinero. Déjala que se conforme con salir como un bulto de relleno entre la muchedumbre de fondo de una revista. –Angela era la peor de todas. Si se mordiese la lengua, moriría envenenada con su propio veneno. Pero ocurrió algo inesperado. Antes de que saliese de la clase, apareció Bryce por la puerta. Iba andando muy decidido. Su cara era de total determinación, ni se paró a mirar a los lados.
-El jueves es el día de acción de gracias. ¿No? –Se paró justo en mi mesa, incluso puso una mano sobre ella para darle más énfasis al asunto. Estaba extraño. Aunque al menos me había recordado que era ese día. Se me había olvidado. Tenía que ir a casa para la celebración.
-Sí. ¿Por? –Por el rabillo del ojo vi como Angela y las demás me miraban con cara de indignación. Cuchicheaban por lo bajini.
-Ese día no hay clases, por lo que el martes por la tarde lo tienes libre. ¿Correcto? -¿A dónde quería llegar a parar?
-Correcto. Pero te equivocas en una cosa, el martes no lo tengo libre, tengo que trabajar.
-Pues muy bien. Quiero verte mañana en Times Square, junto a la estatua de Father Duffy. La hora te la diré luego. –Ahora el tono de los cuchicheos de las tres arpías, había aumentado. Estarían muertas de envidia por que Bryce estuviese dirigiéndose sólo a mí para pedirme lo que venía a ser una especie de cita. ¿Por qué lo hacía? ¿Era a cambio de dejarme el chaquetón? ¿Y qué beneficio sacaba él a eso? ¿Qué ganaba pasando el día conmigo? Iba a preguntárselo, pero su fue antes de que pudiera decir algo. Y yo detrás de él, antes de que las otras se pudieran decir algo también.

A la tarde. Cuando estaba en el trabajo a punto de cerrar. Llamó.

-¿Diga? –Salía un número en la pantalla que no tenía entre mis contactos.
-¿Valeria? –Dijo una voz.
-¿Bryce? –Lo había reconocido. Las voces de Aaron y Bryce eran iguales, pero es que nunca las había tomado como una sola, cada una era independiente y propia de su dueño. Las notas sonaban diferentes dependiendo de quién las dijera. Tal vez sería por el modo en que se pronuncian por que yo los había separado mucho a los dos.
-Sí. Soy yo.
-¿Cómo has conseguido mi número de teléfono? –Tenía curiosidad.
-E_o no _mp_rta ah_r_, lo _aqu_ d_ lo_ arch_v_s de la Un_ -No me enteré de nada de lo que me decía. No tenía cobertura ninguna.
-Bryce, espera un momento, voy a salir afuera a ver si cojo cobertura. Porque no me entero de nada de lo que me dices. –Aunque él no me oía, ni se extrañó por ello, no paró de hablar, no quería darme tregua a decir algo.
-N_s v_mo_ a la_ _res do_ _e te d_je. –Y colgó. ¿Qué había dicho? ¿Nos vemos a las seis donde te dije? Pues iba a ir mi prima la del pueblo. ¿Qué se cree? ¿Qué puede darme órdenes así como así?

Yo todavía seguía con mi pregunta de por qué quería una cita a cambio. ¿Qué había pasado con el Bryce atento y dulce de estos días? ¿Había vuelto el caprichoso y egoísta que disfruta a mi costa? Sabía que todavía no me había olvidado de lo que me había hecho y que era reacia a él, por eso tal vez quería hacerme pasar un mal rato a su lado o tal vez hacerme otra jugada como la de su casa… Pues no iba a ir. Que sepa que en mí no manda nadie. Además, ¿qué pasaba conmigo? Yo tenía que ir a trabajar, no iba a perder el sueldo de un día por ir a algo que él sólo había planeado sin preguntarme si yo quería. Si me lo hubiera propuesto, tal vez hubiese aceptado, pero no iba a ir de esta forma en la que parecía una subordinada suya.

El martes, en la Uni, ni lo miré, aunque él tampoco hico por acercarse a mí. El descanso lo pasé con Shelby. Me invitó a comer en el comedor, cualquier invitación que me para eso, era bien recibida. Aunque nuestras conversaciones eran tan superficiales… Moda, dinero, famosos, chicos, fiestas… No me atraía ningún tema. Pero bueno, cualquier cosa por mantener una amistad. A la salida, Bryce pasó a mi lado a un paso más veloz que el mío.

-No llegues tarde, odio tener que esperar. –Me dijo sin ni siquiera mirarme a la cara. Estábamos en las mismas que la otra vez en su casa. Cuando me dijo que podría hablarle y salir con él en privado pero que en público haría como que no nos conocíamos. Fui una tonta al dejarme llevar por su dulzura en mis momentos de debilidad. A partir de ahora, barrera 100%. Así que me fui a trabajar, como tenía pensamiento de hacer desde el principio.

Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Llegó la hora de cerrar. Mi móvil no había sonado


en todo el día. Me lo esperaba. Seguro que Bryce había dicho eso para hacerme la jugarreta de tenerme allí esperando para nada y reírse una vez más de mí. Estaba enfadada.

-Valeria. ¿Qué te pasa? Te he visto rechinando los dientes todo el día. –Vaya, no me había dado cuenta. ¿Tan enfadada estaba? ¿Por qué me molestaba tanto que Bryce dejara de tomarme en serio otra vez?
-El dichoso de Bryce. Me dijo que tuviéramos hoy una cita. A la seis. Pero ni me consultó, ni preguntó si quería o me venía bien. Simplemente me dijo la hora, el lugar y se fue antes de que pudiera decir nada. –Estaba apretando el puño. -¿Ves? Ni siquiera me ha llamado en todo el día para preguntar por qué no llegaba.
-Valeria, son las 8 y cinco. Corre rápido al lugar donde te dijo. A lo mejor todavía no se ha ido. No creo que te lo dijese para vengarse por algo o jugarte una mala pasad. Y no ha sonado el teléfono porque sabes que aquí no hay cobertura. –Estaba muy seria. Se la veía totalmente convencida de lo que decía. Y eso me hizo darme cuenta de algo, yo también pensaba igual. Me había encerrado en la idea que siempre había tenido de Bryce y no me había dado cuenta de sus esfuerzos por cambiar. Karem me abrió los ojos. –Venga. Yo cierro la tienda sola hoy. Corre, no lo hagas esperar más.

-Salí a toda prisa de la tienda. Sólo cogí el chaquetón y empecé a correr camino de la boca de metro más cercana. Al momento empezaron  a llegarme mensajes avisándome de que tenía llamadas perdidas de Bryce. Uno, dos, cinco, diez, catorce,…veinte llamadas perdidas. Oh no, ¿que había hecho? Él me estaba dando una oportunidad para que las cosas fueran de otra manera y yo lo había despreciado. ¿Y si todo lo que le había dicho durante todo este tiempo le había llegado y ahora quería cambiar y quería demostrármelo? Por Dios, ojalá que estuviese allí, o no me lo perdonaría.

Perdí mucho tiempo esperando el metro, estaba de los nervios. Cualquiera que me viese pensaría que tenía que ir al baño urgentemente, me había entrado una rata por debajo de la falda o me había dado un ataque epiléptico. No podía parar de moverme, tenía que descargar mi nerviosismo por algún lado. Por eso cuando llegué por fin a la parada de Times Square, iba corriendo y caí al suelo. Estaba todo nevado. Nieve por todas partes. No me había dado cuenta hasta ese momento que me resbalé y me di con toda la nieve en la cara. Me había sollado manos y rodillas, pero no importaba, me levanté y seguí corriendo.

Llegué por fin a la plaza. Estaba abarrotada de gente por todos lados. No podía buscar bien, me puse a esquivar personas hasta llegar a la estatua de Father Duffy. Bryce no estaba. Oh no. Me detuve un momento a pensar qué debía hacer. Pero estaba en blanco. Y durante ese vacío mental, empecé a escuchar voces.

-Hey ese tío de ahí está fatal. Pasé por aquí a las dos y media y ya estaba ahí. –Dijo una voz de chulo.
-Sí, yo también lo vi cuando pasé a las siete. ¡Mira! Unas tías se le acercan. Calla a ver qué le dicen. –Ahora era una mujer la que hablaba.
-¡Hola guapo! ¿Qué haces tan solito un día como este? ¿Quieres tomar algo conmigo? –Dijo una voz sensual y acaparadora.
-¡Venga! ¡Vente con nosotras! No tienes paraguas, te dejaré ponerte debajo del mío. –Otra voz de mujer habló. ¿Se referían a Bryce todas esas personas? Le di la vuelta a la estatua para encontrarme con un hombre cubierto de nieve hasta los hombros, sentado en el frío suelo.
-¡Callaos! ¡¿Cómo os atrevéis a hablarme así?! ¡Perdeos por ahí zorras! ¡Conmigo no tenéis nada qué hacer! ¡Buscaos otro hombre fácil! -¡ERA BRYCE! ¡ERA BRYCE! ¡ERA BRYCE! Nunca me había puesto tan contenta de verlo. Las tipas se fueron a regañadientes. Maldiciendo a toda la casta Domioyi. Las estaba mirando irse, cuando volví la vista a Bryce, estaba mirándome muy enfadado. -¡¿Eres estúpida?! ¡¿Cuántas horas te crees que me has tenido aquí esperando como un tonto?! –Se levantó del suelo, le costó mucho, tenía las articulaciones rígidas del frío que había estado pasando. Eso sí, el fuego en sus ojos de la rabia que tenía, no lo había apagado el frío. Empezó a dirigirse hacia a mí muy cabreado.
-¡Lo siento! ¡Pero yo también estaba muy enfadad en que planearas esto sin consultarme! –Cada vez estaba más cerca de mí. Tenía un puño levantado, lo apretaba tanto que le temblaba todo el brazo. ¡Waaa! ¡¿Iba a pegarme?! -¡Espera un momento! –Y se echó sobre mí. Me cubría con todo su cuerpo. Me rodeaba por completo con sus brazos ¿Era un abrazo? No lo sabía, pero mi pronto, desde que vi que se me venía encima, fue empujarlo. -¡DÉJAME!  -Y lo conseguí tirar de dos manotazos.
-¡Frí…………………oooooo! –Y cayó al suelo. Realmente le di con todas mis fuerzas. -¡¿Pero qué coño haces?! –Oh, oh. Había metido la pata, y hasta el fondo. No era mi intención hacerle eso, no sabía que venía hacia a mí porque estaba muerto de frío… Me había asustado y en defensa fue lo primero que se me ocurrió hacer…
-Es que…me habías asustado…te habías levantado tan bruscamente…y vendo hacia mi con esa mirada asesina…-Estaba mirando hacia abajo, buscando una buena excusa, pero no la encontré, lo que hice fue hundirme más en el lodo, -además, parecías un perro gruñón y rabioso con el rechinar de dientes que tenías… -Oops. Creo que no debí haber dicho eso. Eso no era una excusa que me salvase, sino todo lo contario.