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Refranero

martes, 5 de junio de 2012

Capítulo 52: La lluvia de Londres

Capítulo 52: La lluvia de Londres
¡¡Por fin viernes!! ¡¡Por fin último día de exámenes finales!! ¡¡Por fin vería a Bryce!! Hoy me había propuesto buscarlo y hablar con él. Le diría que no me gusta como han acabado las cosas, que podemos darnos un tiempo o una prórroga para conocernos mejor. Bryce no me había hecho daño como para cortar la relación. Y aunque lo hubiera hecho, mis sentimientos superaban al orgullo, o por lo menos la vocecita acusatoria de mi cabeza que me decía lo que yo me encargaba de no pensar. Interesantes las voces de incierta procedencia que escuchamos en nuestra cabeza…

El examen de la mañana fue un éxito. Me había pasado toda la noche estudiando y no podía ser de otra manera… Aunque llevaba como siete noches durmiendo unas tres horas. Estaba reventada. Si aparecía después en la lista de los mejores resultados académicos, me daba por satisfecha. Si aparecía la primera, me daba por que se había equivocado el equipo directiv… Jajajaja. Vale, ya, no en serio, me alegraría muchísimo.  En el descanso, ni estudiar ni nada, el examen de por la tarde era práctico y no tenía nada que estudiarme que no estuviera ya en mi cabeza. Así que me fui a la zona más perdida del jardín reservado, que yo tenía permiso, y me tumbé en el incomodísimo banco a dormir. Ese mismo banco diseñado para que la gente, con tal de no partirse la espalda en ellos, se siente en los majestuosos sillones del comedor a gastar dinero por un tubo.

Y pensando en lo incómodo que era, me dormí. Instantáneamente. Cuando empecé a sentir un cierto contacto con el mundo exterior, tenía la sensación de haber pasado así horas… Pero no, fueron sólo pocos minutos. Decía lo de las horas por el dolor de huesos que tenía. Puto banco destroza espaldas. Al menos gracias a mi ligero sueño por mi pesada incomodidad, sentí que alguien jugaba con mis mechones de pelo. Me estremecí. La forma en que pasaba sus dedos por mi cuello era tan delicada… Un escalofrío. Si me iban a acariciar así la cabeza, ya podía romperme el espinazo con el banco deforma-espaldas. Pero cambié de opinión pronto, tanto que fue pensar eso y sentir como empezaban a tirarme del pelo. Un sonido chirriante llenaba el ambiente. ¿Quién diantres hacía eso? Me incorporé mosqueada de sopetón por no poder dormir ni bien ni tranquila.

-¿Pero quién coño está dando tanto por culo? ¡JODER! –Y con las manos estiradas me puse a alargarlas en todas partes mientras abría los ojos. No pillé nada. Pero vi a Liam y Leo de pie mirándome. Me impresionó. Con lo altos que eran y mi posición sentada, parecían auténticos posters de la luz. Se me cambió la expresión de la cara y no precisamente a una de la que me sintiera orgullosa mostrar.
-A veces no sé si estoy tratando con una chica o con un tío. ¿Pero cómo puedes ser tan basta? –Dijo Leo moviendo la cabeza de izquierda a derecha mientras hacía con la boca el típico sonido de “ti ti ti ti ti” como diciendo <no tienes remedio>.
-¡¡Pues no haberme despertado tirándome del pelo!! Estaba bien mientras sólo lo acariciabais. –Dijo sentándome mientras me frotaba los ojos. Sólo por ocultar mi cara, no tenía que aclarármelos, con suerte habría dormido 5 minutos.
-¿En serio crees que éramos nosotros los que te “acariciábamos” el pelo? –Dijo Liam sentándose a mi derecha y acomodándose como podía colocando los brazos en lo alto del respaldo. Y cambió la voz mientras hacía una mueca poniendo cara de cursi al pronunciar “acariciábamos”…
- ¡Yo que sé! ¡Tal vez era parte del plan para despertarme! ¡Pasar del mejor momento al peor! Primero la ilusionamos y después… ¡Zas! –Ni yo misma me lo creía. Pero con algo debía apostar por lo que había dicho…
-¡Jajaja! ¡Veo que conoces nuestros mecanismos! Pero esta vez te equivocas, era una ardilla. Nosotros simplemente nos quedamos observando como se hacía una madriguera en tu pelo. ¡Jajaja! –Y Leo, que se sentó a mi izquierda, chochó los cincos con Liam delante de mis narices. Ya estaban como siempre… Y me gustaba. ¡Los había echado tanto de menos! Soy estúpida por haber renunciado a ellos para evitar a Bryce… Espera un momento… ¿Había dicho ardilla? ¡¡Oh oh!! ¡¿Y si estaban planeando una emboscada para atacarme?! ¡Esos roedores me la tienen jurada!
-Ja-ja-ja. En verdad me estoy descojonando con vosotros, aunque no lo parezca… -Modo ironía ON. Los miré entrecerrando los ojos a modo de mirada asesina. No murieron… Conclusión, las miradas asesinas no matan. Y Madriguera dice… Como si mi pelo fuera estropajoso… con lo definido que son mis rizos… -¡Y ya podríais habérmela quitado!
-¡Qué dices! ¡Con lo guay que era ver tu cara de orgasmo pensando en que noséquién te estaba acariciando tiernamente! ¡Pagaría por saber en qué estabas soñando en ese momento! –Liam también lanzaba sus puyas cuando se inspiraba. Este tampoco se queda atrás. ¡Y tanto que se inspira! Volvieron a chocar los cinco. ¿Era algún tipo de competición por la broma más ingeniosa contra mí?
-¡Yo no tenía cara de orgasmo! ¡No soy como vosotros! ¡Yo no sueño esas cosas! ¡Mal pensados! –Y me crucé de brazos mientras hinchaba la cara enfadada.
-¡Venga ya! ¡No te enfades! ¡Que llevamos semanas sin vernos! –Liam me sacudió la cabeza con la palma de la mano abierta a modo de gesto cariñoso y efusivo. ¿Quería decir entonces que me habían echado de menos? ¡¡¡Ohh!!! ¡Me los como!
-¡Eso! ¿En qué agujero o cueva te escondías? Sé que no es muy llevadero tener que soportar tu cara pero creía que no te importaba que los demás lo pasaran mal viéndola. –Y el teatrero de Leo con su teatrera personalidad puso el tono de voz y los gestos más teatreros para darle credibilidad a lo que había dicho.
-¡Que va! ¡Me escondía en mi búnker privado! Con lo famosa que soy, pueden atentar contra mi vida o integridad física. ¡Pero si hasta salgo en las revistas! –Hombre, no iba a negar que me escondía, así con esta inmensa ironía reconocía indirectamente que me escondía, pero de una manera en la que yo quedara por todo lo alto. Los miré, no respondían nada. Me miraban, seguían sin decir nada. ¿Qué diantres había dicho que los había dejado tan callados? Ni una mueca, ni un gesto, ni un parpadeo, mirada intensa y penetrante. Estaba empezando a preocuparme. -¿Qué pasa? ¿Qué he dicho? ¿Por qué me miráis así? –Dije mientras movía la cabeza de derecha a izquierda para mirarlos a los dos. Habían dejado su postura de relajación para echarse hacia delante y apoyarse en las rodillas con los codos.
-¡Nada! ¡Qué va a pasar! ¡Que te echábamos mucho de menos y nos parece mentira verte de nuevo! –Cambio descarado de tema modo ON. Y Leo se me echó encima para abrazarme rodeándome con el cuerpo, como si cubriéndome con él y haciendo como que me apretuja se me fuera a olvidar ese extraño momento. Liam se unió diciendo lo mismo. ¿Pero qué diantres estaba pasando? ¿Pensaban que conseguirían cambiar de tema? ¡Pues la llevaban clara!
-¡Eh! ¡Qué os pasa! ¡Dejad de achucharme tanto y decidme que fue lo de antes! –Dije intentando separarlos pero no con mucho ímpetu, porque en verdad me encantaba que lo hicieran XD.
-¿Cómo te va con los exámenes? ¡Hoy ya será el último! ¿No? –Dijo finalmente Liam tras casi un minuto de forcejeos cariñosos.
-Buf, pues llevo unos días durmiendo poquísimo. Menos mal que me están saliendo bien. El último es ahora después del descanso. Es de prácticas. –Y cada uno volvió a sentarse a sus anchas en el banco. Yo tuve que levantarme, no quería quedarme engarrotada para el examen. -¡Esta tarde seré libre! ¡Tengo una fiesta de pijamas con Karem y Ashley! –Dije cogiéndome las manos, entrelazando los dedos y poniéndomelos sobre el pecho a la vez que cerraba los ojos de la ilusión. Y pensar que justo ayer a esa misma hora no tenía menos infinito de ganas de fiesta… ¡Cómo cambian las cosas de la noche a la mañana!
-¡Así te veíamos tan mala cara! ¡Cómo que llevas nada y menos horas de sueño! -¿Leo no da tregua? NO.
-¿Y eso? ¿Algún motivo especial? –Liam si da más descanso.
-¡Claro! ¡Echar el rato juntas! ¿Te parece poco especial? –Dije despreciando e ignorando a Leo. Eso le dolió. Lo sé por cómo intentó captar mi atención después.
-Cuando quieras, estoy disponible para una fiesta de pijama, solos tú y yo. –Y me guiñó un ojo mientras hablaba con voz de conquistador. Ahora entiendo por qué las chicas caen en masa rendidas ante él como moscas.
-Reconócelo. Me has echado mucho de menos estas semanas que no me has visto. –Dije con mi cara de seductora. La cuál la había improvisado hoy por primera vez en mi vida. Espero no haber quedado muy patética.
-Ni lo dudes. –Dijo sin cambiar la expresión de PlayBoy. Llego a ser otra con otra forma de ser y sentimientos, y me lanzo al cuello. Menos mal que no podía leer mi mente. Tendría un gran problema.
-¡Si en el fondo te queremos! –Y Liam me guiñó otro ojo pero en plan amigable. Y los dos se levantaron, me volvieron a despeinar con la palma de la mano y echaron a andar. Con lo alto que era Leo, apenas tenía que levantar el brazo para llegar a mi cabeza. Aunque no lo era tanto como Bryce.
-¿Un momento? ¿Por qué os vais? –Me quedé parada, enfrente del banco, mirándolos irse como una tonta. No entendía.
-Hace como dos minutos que ha tocado. Creía que te habías enterado pero querías seguir disfrutando de nuestra compañía. –Liam se giró mientras andaba para decírmelo. Su piel marrón hacía juego con su camiseta blanca. Se veía bárbaro.
-Oh. Ni me había dado cuenta. –Y seguí parada, enfrente del banco, mirándolos irse como una tonta. ¡Ostras! ¡El examen! ¡Que llego tarde! Y eché a correr, rápido, adelantándolos por el sendero y pasando por medio de los dos.
-¡Valerie! –Escuché al instante de pasar por su lado. Y empecé a correr de espaldas para escuchar lo que tenían que decirme y no atrasarme más.
-Suerte en el examen. –Liam era atento. Y eso me gustaba.
-¡Gracias! –Y antes de girarme, Leo empezó a hablar.
-¡Y nos apuntamos una! ¡Al final te hicimos cambiar de tema! –Y levantó las cejas a modo de vacile. ¡Cierto!¡Tanto insistir y pelear para que no lo consiguieran… y bah…¡Mi dignidad por los suelos...! –¡Cuidado! –Pero ya era demasiado tarde. Ya mi dignidad no estaba sola en el suelo, ahora yo también le haría compañí…ah no, que me había caído en el estanque de las carpas…

Fui muy rápida adelantando los hechos. En el trayecto de mi caída creía que aterrizaría sobre suelo en vez de sobre agua… ¿Cuántos metros cuadrados de estanques y fuentes puede haber en todos los jardines de la Uni? ¿Un 20% de toda la extensión? ¿Un 10 tal vez? Aunque hubiese sido 0.01% mi maravillosa suerte se las habría arreglado para teletransportar un lago entero debajo de mí o crear uno en la milésima de segundo en la que tardaría en caer. Del impulso llegué hasta a tocar el fondo con el culo. O mejor dicho una enorme piedra que había en el fondo justo en el sitio donde aterricé. Qué raro que dentro de lo malo haya algo más malo para mí… No me lo creo… Ironía…

-¡Valeria! –Escuchaba desde el fondo del estanque. No debía ser muy hondo, tal vez medio metro, porque al momento pude incorporarme y salir. Me llegaba el agua por algo más arriba del ombligo. -¿Estás bien? –Preguntaron los dos a la vez al verme salir. Venían corriendo con la cara de preocupación y llegaron justo en el momento de yo emerger de las profundidades. ¿Se habrían tirado a rescatarme?
-¡Como voy a estar bien! ¡¿Qué voy a hacer ahora con el examen?! ¡No puedo presentarme así! –Y del enfade, empecé a pegar puñetazos sobre la superficie del agua como si de la superficie de una mesa se tratara. Como no podía golpearla para liberar mi rabia, me dediqué a dar más de un puñetazo a ver si se me pasaba a base de repetición.
-Bueno, bueno tranquila, no lo pagues con el estanque. Él no tiene culpa de que te le hayas lanzado. –Liam se tapaba con los brazos. Lo estaba salpicando a los dos. –Y nos está cayendo el agua.
-¡Él tiene la culpa de estar ahí!
-Pero no de que corras de espaldas sin mirar donde pisas. ¿Cómo se te ocurre? –Leo para mi sorpresa no lo estaba diciendo en el tono bromista para  chincharme.

Lo decía en un tono de hermano mayor condescendiente que busca mientras riñe una solución al problema. No fue hasta ese momento cuando me di cuenta de que no se habían reído por mi caída. Habían corrido hacia mí preocupados y cuando vieron que estaba bien, no empezaron a cachondearse. Es un pequeño gesto, pero me llegó muy dentro. Cualquier otra persona se estaría riendo a carcajadas, esa cualquier misma persona que tendría pinta de respetarme siempre. Ellos me molestaban continuamente con cariño, pero a la hora de la verdad demostraban ser más persona que cualquier individuo.

-Dame la mano, que te ayudo. –Dijo Liam cuando me vio que estaba intentando salir por mí misma. Estoy tan mal acostumbrada a que me la ofrezcan que ni había caído en la cuenta. Le di mi mano y me la cogió fuertemente pero con delicadeza. Salí al momento impulsada por su musculo brazo. No tiró bruscamente a modo de látigo, sostuvo todo el peso de mi cuerpo con la fuerza de su brazo y le elevó con suma delicadeza. Como si levitase. Estaba asombrada. Lo hizo con una suavidad extrema. Intenté disimular mi cara de tonta y miré a Leo después de decirle que gracias. Leo  seguía pensando una solución. Noté como el peso que tenía que aguantar era mayor. La ropa mojada pesaba y mucho. Empecé a tener mucho frío. Era diciembre y acababa de salir de un estanque de agua helada. Tiritar fue algo que no pude evitar. Chasquear los dientes, por ahora sí. Al menos me cubría con los brazos… inútilmente… pero ya me llegaba menos el gélido viento, que aunque llevara mangas largas, seguía calándome los huesos igualmente... –Toma. –Dijo Liam quitándose su espectacular chaqueta para dármela. Lo miré sorprendida. Se supone que es lo normal que se hace en esos casos, pero seguía asombrándome. Sigo estando muy poco acostumbrada a tantas buenas atenciones.
-Ooh, oooooh. No gracias. Estoy mojada con el agua del estanque. Se va a manchar. –Dije rechazando su ofrecimiento apartando cuidadosamente su mano sosteniendo la chaqueta.
-¡Venga ya! Si no es problema. Ya me la he puesto dos veces. Pensaba dejarla hoy. –Dijo sonriéndome. A mí se me cortó la sonrisa… ¿Gente necesitada pasando hambre y él gastando el dinero en no repetir chaqueta dos veces? Mi cara tuvo que ser todo un poema. Lo sé por su respuesta. -¡Es broma mujer es broma! No sabía que te pondrías así. Seguro que has estado pensando que qué derroche de dinero cuando hay gente pasando hambre. –Dijo con su sonrisa de oreja a oreja. Se divertía con mis extrañas expresiones. -¡He dado en el clavo! Jajaja eres tan previsible algunas veces. Jajaja. –Nuevamente, mi rostro desveló lo que pensaba. Así me pillan las mentiras tan rápidamente… -Que no mujer, no te preocupes, es sólo agua. Eso se lava y se seca y como nada. No te preocupes. Me voy a enfadar como de la desprecies. –Y me la echó a la cara bromeando.
-Dejaos de bromas. –Leo interrumpió nuestro momento. -A ver cómo lo hacemos… -Estaba muy metido en sus pensamientos. Nunca lo había visto tan inmerso en sí mismo. Miraba un punto lejano. –Valeria, ve a los vestuarios a lavarte. Yo iré a buscar un uniforme limpio para ti. Liam, avisa al profesor del examen que tiene que hacer ella y dile lo que ha ocurrido. –Dijo mientras seguía observando el famoso punto. Algún día me gustaría encontrarlo para saber si es tan enganchante como parece.
-¿Y si no se lo cree o no entra en razón? –Negatividad, aléjate de mí. Que eres más pegajosa que una lapa.
-Ja. –Leo disimuló una nota de risa con la boca cerrada. Sonó a un “mmmm”. –No te preocupes por eso. Parece mentira que todavía no sepas el poder que tenemos en este lugar. Si no entra en razón, ya nos encargaremos nosotros de hacerle entrar. –Y los dos se miraron confidencialmente.  Por un momento me asusté. Pero sólo por un momento. Su forma de actuar es meter miedo, si hay que entrar a la acción, aprietan pero no ahogan. Me quedé más tranquila por la integridad física del profesor de prácticas. Mr. Sumter. Era un buen tipo… Un momento, ¿por qué he pensado <era> en vez de <es>? Ya sabía la respuesta.
-Si le vais a romper las piernas…que parezca un accidente. –Dije como si fuera lo más normal del mundo mientras me escurría la falda de agua, haciéndolo aún con más tranquilidad de la necesaria. Oye… tener los huesos rotos de las piernas no afecta a la integridad física… sigue teniendo las piernas…¿no?
-Jajaja. ¡Eres la leche! –Los dos empezaron a reírse. Y me contagiaron la risa. ¡Viva el humor negro! –Déjanoslo a nosotros. Somos unos profesionales. –Y se miraron levantando las cejas a modo de vacile.
-¡Anda vamos! ¡No perdamos más tiempo! –Liam apremió. –Ve al vestuario de la pista de voleibol. Te llevaremos allí el uniforme. –Y cada uno salió andando rápidamente para su misión. Pero no llegaron, los paré antes.
-¡Un momento un momento! –Grité al darme cuenta de una cosa. -¡Vosotros vais a perder clases! –Y se pararon en seco para mirarme sorprendidos por mi grito inesperado.
-¿Crees de verdad que te vamos a dejar así? Anda, tira para adelante. –Dijo Liam dándose la vuelta para responder y volviendo a girarse para continuar con el camino. ¿Esperaba que me quedara tranquila diciendo eso?
-Pero no os sacrifiquéis por mí. Son vuestras notas. Yo puedo arreglármelas solas. De verdad. –Mi voz sonaba un poco desesperada, pero veía que se iban y que no podía hacer nada.
-Valeria. –Leo fue esta vez el que se paró, y se acercó a mí andando lentamente para ponerme las dos manos en mis hombros y mirarme fijamente. –Como no te va a valer que te digamos que lo hacemos por ti. Voy a decírtelo de otra manera, que no es el motivo, pero tú te lo vas a creer y todos vamos a estar bien. –Asentí con la cabeza. No podía hacer otra cosa teniendo su rostro tan cerca del mío–Nos saltamos todas las clases que queremos y más. Y lo sabes. No va a pasar nada porque no vayamos a esta tampoco. No hay nada importante. - Su mirada penetrante era muy convincente. Podría haberme pedido que me tirara de un puente, y haber aceptado. Sus manos firmemente agarradas a mis hombres. Me los sujetaba con fuerza, como si quisiera transmitirme por contacto el los motivos convincentes que me daba, pero me sujetaba también delicadamente. -¿Vale ya?
-Vale ya. –Y los dos sonreímos a la vez. No dijimos nada más. Miré a Liam para decirle adiós con la mirada y me di la vuelta camino de los vestuarios de la pista de voleibol.  Cada uno tiró por caminos diferentes.

Ahora me encontraba sola, indefensa, vulnerable en dicha situación a lo que quisieran hacerme algo… No. Ahora volví a pasarme lo mismo que antes. Al retomar la relación con Leo y Liam y sentir de nuevo su protección, volví a sentirme vulnerable. No. Ya no más. Fui pisando fuerte hacia el vestuario, aunque el sonido de mis zapatos mojados contra el suelo no mantuviera el aura de seguridad que me rodeaba. Si, estaba un poco patética pisando firme con la cara muy seria, con el entrecejo fruncido, dando pasos largos y moviendo los brazos para acompañarme a mi lado mientras sonaba un <clac clac clac> a de goma mojada. No pasaba nada. Mi reputación no podía cae… si que podía, por eso iba a dejar de tentar a mi suerte pensando que las cosas no podían ir a peor.

La zona estaba totalmente solitaria. Miré el reloj. Normal, llevaban ya 10 minutos de clases. Sentí un escalofrío de mal presentimiento. En otro caso pensaría que son imaginaciones mías y que no debo pensar que siempre va a pasarme algo. En este caso ya lo veía todo posible. Sabía que algo no iba a ir bien. Resignada, suspiré. Guardé la mochila en el interior de una taquilla, pero como no llevaba dinero para cerrarla con llave, sólo dejé la puerta todo lo encajada que pude. Ahora debía ir preparada, Angela, Stephanie y Cindy no habían hecho nada en todo este tiempo habiendo jurado que se vengarían de mí. Sabía que me atacarían cuando más daño hiciera. Ahora podían jugármela. Por eso dejé también la ropa junto a mí en una ducha contigua que no usaba. Estaba mojada, pero por si acaso. Al menos tenía toalla limpia. En esta universidad las toallas se pueden tomar prestadas en los baños, como en los hoteles. La chaqueta de Liam si la escondí mejor. Arriba de una taquilla.

Puse el agua caliente al máximo y decidí tomarme la ducha con tranquilidad. Total, iba a hacer el examen la última de la clase seguramente, tenía mucho tiempo todavía. Saber que estaba sola me tranquilizaba, así no tenía que lidiar con nadie, pero me ponía de los nervios, nadie podría ayudarme si lo necesitaba. Finalmente acabé de ducharme, me enrollé en la toalla y salí. Cuando miré por casualidad la mochila me di cuenta de que no le había echado ningún vistazo… Al menos seguía allí, no la habían robado. Y no creo que me hayan quitado nada, hubiera sido preferible llevársela entera antes que arriesgarse a ser descubierto sacando algo. Estoy paranoica… ¿Por qué alguna millonaria querría robarle algo a la pobretona de la Uni? Qué cosas tengo… La chaqueta de Liam seguía donde mismo. Estaba sentada esperando y escuché la voz de Leo. Me alegré mucho.

-¡¿Valerie?! –Escuché gritar desde la puerta. No quería entrar. O él había tardado mucho en llegar o yo muy rápido en salir de la ducha.
-¡Pasa! No hay chicas en la costa y yo llevo toalla. –Y también ropa interior, aunque era información innecesaria cuando lo imprescindible era decir que no había problema en que entrara. Por suerte, no se había mojado. Me levanté del banco y fui a su busca.
-Toma. Y vístete rápido. He tardado más porque me he encontrado con Liam por el camino. Al parecer tuvo problemas para convencer al profesor porque dos tías empezaron a meterse en la discusión para que no te lo repitiera. –Qué poco me sorprende… es como si me lo hubiese visto venir…sabía yo que iba a pasar algo parecido… Un momento... -¿Y sabes los nombres? –Me hacía una idea de quiénes podían ser.
-Pues creo que escuché que una se llama Angela. Se lo oí decir a una cuando salieron juntas de la clase de prácticas. –Dijo tras un segundo pensando. Me hacía gracia, porque levantaba la mirada al techo para pensar. ¡Tan mono Leo! -¿Por? ¿No te sorprendes? –El extrañado por lo ocurrido parecía ser solo él… Inocente… si supiera que eso me pasa por culpa de ellos… Espera… ¡entonces de inocente nada! Bah, se lo perdono, sé que no lo hacía con mala intención. Si es que soy un cacho de pan… En verdad no. En verdad es que soy incapaz de enfadarme con él. Bah, vaya hilo de pensamientos más extraño.
-Porque Angela y las otras dos siempre me están haciendo la vida imposible desde que a un cierto grupo de chicos les dio por ponerme una tarjeta roja en una taquilla… -Indirecta. –Ya es algo normal en mi vida que intenten algo contra mí. Me sorprendería si no hicieran nada. –Dije en plan pasotismo, como quien habla de lo más normal del mundo con la mayor naturalidad de la tierra. Incluso para darle más normalidad al asunto, entré en uno de las cabinas para cambiarse de ropa para seguir a mi rollo. Yo también soy una teatrera cuando quiero. Jajaja.
-Vaya… he sentido como una flecha señalándome a mí se me ha clavado directa en la frente. Jajaja. –Y miré antes de entrar en la especie de probador como se rascaba la frente. ¡Tan mono! –Pero no sé si te dijimos que todo eso fue plan de Bryce. Nosotros no teníamos nada en tu contra. –Y dicho esto escuché cómo el banco rechinó al soportar el peso del aproximadamente metro noventa de Leo. ¡Quien fuera ese banco! Digo… ¡Pobre banco!
-Ya lo sé tonto. Es sólo que de vez en cuando me gusta dejároslo caer como quien no quiere la cosa. –Y abrí la puerta para asomar sólo mi cara y sacarle la lengua cariñosamente.
-Anda, venga, vístete rápido que sólo tienes 20 minutos para hacerlo. – ¿Quince minutos? ¿Ya habían pasado 15 desde que entré en el vestuario? Como pasa el tiempo… -Y por cierto, ahora que me has dejado pensando. Eran sólo dos las chicas. –Me quedé bloqueada por un momento. Cayendo en la realidad de las palabras. Incluso dejé de moverme. Eso era malo. No creo que haya faltado ninguna a un día de exámenes finales que no se repiten. Sino que se recuperan en el siguiente cuatrimestre. Debían tener un plan. Y yo debía ser el objetivo. No… Me estaba volviendo paranoica. El plan ya era joderme el examen. Una estaría en el baño o se callaría la boca. No puedo vivir en esta esquizofrenia que me hace confundir la realidad con la ficción.
-No creo que pasa nada. Tú ya me has ayudado demasiado. Sé defenderme de las debiluchas esas. –Y salí en ese mismo momento de la cabina dirección bombo de toallas sucias para colocar la que había usado. Me giré para terminar mi respuesta. -Voy para el examen. Gracias por la ayuda. –Al volver a mirarlo tras girarme al deslizarme por el suelo de losa, confirmé la teoría. ¡Quien fuera esa banco! Su típica apariencia de pasota despreocupado era explosiva. Menos mal que sólo podía verlo con ojos de amistad. No me veía con cuatro amores imposibles en el G4.
-De nada mujer. Ya sabes que eres una más. –Y se levantó, se dirigió a mí y me golpeó cariñosamente en el hombro con el puño cerrado. En plan colega. Nunca hubiera imaginado que ser <una más> me gustase tanto. Porque no era simple más, era <una más> en el grupo.
-La chaqueta de Liam está arriba de las taquillas. Cógela tú ya que yo tengo tanta prisa en hacer el examen. –Y le guiñé el ojo mientras salía corriendo afuera. Si tenía prisa para irme, la tenía, eso es así. Jajaja.
-¡Como te aprovechas de lo que digo! –Y se rio conmigo. -¡Anda! ¡Suerte! –Y lo último que vi al salir por la puerta fue su sonrisa amable.

Era todo lo que necesitaba ahora. Nunca en la vida hubiera imaginado que Leo podía ser así el primer día y los siguientes que lo estuve viendo en la Uni. Siempre tan altivo, callado, serio y pasota. Como si el mundo le importase una mierda. Lo mismo que a Bryce, pero no tan exageradamente. Tal vez por eso también Bryce me había sorprendido aún más. Parece que el grado de mala imagen que infunde alguien es directamente proporcional a la belleza de la propia persona. Fui corriendo a la clase de las prácticas. Y sin tener que dar más explicaciones, el profesor me apremió a ponerme la bata y comenzar con el examen cuanto antes. Al parecer llegué justo a tiempo. Fue ponerme los guantes de látex y terminar los cuatro chavales que estaban haciendo el examen. Al parecer yo entraba en el último turno. ¡Justo a tiempo!

-Ya sabéis lo que tenéis que hacer. Comenzad ya. El tiempo corre. -¿Cómo? Pues eso lo habría explicado al principio cuando yo no estaba. Porque no tenía ni pajolera idea de cuál de las diez mil prácticas que hemos hecho desde que empezaron las clases, era. Amedrentada por la cara seria e impasible de mi profesor, me acerqué para preguntarle. Dudé varias veces. Realmente daba miedo. Era el mismo que siempre me hacía el vacío y me echaba las culpas a mí cuando Shelby me habla. Nunca le he caído en gracia…
-Perdone Mr. Sumter…Eeeh…Esto…-No sabía donde meterme. No podía mirarlo ni a la cara. Jugaba nerviosa con los dedos de mis manos. Le tenía verdadero respeto a este hombre.  -¿Podría repetir si no es mucha molestia para usted, cuál práctica debemos hacer? Por favor… -Me temblaba la voz. Levanté la cabeza para mirar sus ojos a través de los gruesos cristales de sus antiguas gafas de pasta marrón. Su piel curtida y arrugada mostraba que adoraba la seriedad por encima de todo.
-Intente no darme muchos problemas señorita Spinoza. A mi edad ya no se tienen muchas ganas de bregar con críos que no saben donde están parados. –Joder… que sólo tenía que mover la lengua en compás con los labios, mientras recuerda de qué va la práctica y piensa en lo que tiene que decir para mandarle la orden a las cuerdas vocales y hacer un determinado sonido u otr… Vale sí, era mucho trabajo… ¡Pero eso es como andar! ¡Hablar se hace como inconscientemente!
-Señorita Valeria Spinoza, acuda ahora mismo al despacho del decano. –El megáfono empezó a sonar. Mr. Sumter y yo nos quedamos mirando atónitos el altavoz, como si pudiera responder a la pregunta de nuestras caras. Me llamaban a mí… ¿Por qué a mí? ¿Ahora qué? ¿Era la protectora de animales por haber tirado de un manotazo a la ardilla que me hurgaba en el pelo? Se había quedado con mi cara… lo sabía… No hay que fiarse de estos bichos…
-Vaya ahora mismo. –Dijo el profesor. No estaba segura de si en ese momento en vez de circularme sangre por las venas, circulaba impotencia. ¡¿Ahora que conseguía hacer el examen me tenían que llamar?!  Espera, debía haber una solución.
-¿Pero y qué pasa con el examen? ¿Lo puedo intentar después? –Dije incluso esperanzada… Inocente…
-Usted vaya ahora mismo. Después hablaremos. Al parecer no es sólo conmigo con el que tiene que dar una explicación. –Y casi vislumbré cómo una leve sonrisa se le escapaba por la comisura de sus secos y agrietados labios. Se me empezó a hinchar la vena del cuello que me entra cuando no puedo. No podía parar de apretar los puños que caían a cada lado de mi costado. Me di la vuelta tras unos segundos de reflexión y me paré.
-Ahora mismo. –No quería que viera mi cara de mala leche. Sería como una victoria para él. Además, me desilusionaría comprobar que mi mirada asesina seguía sin surtir efecto. Me dirigí a la percha, me quité la bata. Y guardé en el armario las gafas y los guantes. A ver qué querían ahora…

A medida que colocaba una pierna delante de mi cuerpo y dejaba otra atrás, sentía como también dejaba atrás mi buen humor. Ya me había jodido suficiente por hoy para que alguien ayudara a la causa. Aunque mejor dicho, no era alguien. Eran varias. Y tenían nombre y rostros. Angela, Stephanie y Cindy. Esperaban sonrientes, con expresión de suficiencia en la puerta del despacho del decano. Me entraba acidez de estómago cada vez que las veía. Eran las típicas personas que te ponen de mala leche con sólo ver sus caras. Y recordé lo que pensé en el vestuario. Casi prefería tener esquizofrenia que tener que aguantar putadas de estas. Les hice el vacío y entré dentro. Al menos tuvieron el detalle de no obstruirme el paso de la puerta como ya tenían costumbre de hacer. Así no tenía que aguantar sus caras mucho tiempo. Entré dentro, el decano me hizo un gesto con la mano y me senté en la silla justo enfrente de su cara, al otro lado del inmenso y carísimo escritorio.

La sala era gigantesca. Decorada a lo clásico. Con sillones de cuero marrón, suelo de parqué claro. Estanterías llenas de libros por todos lados del color del cuero. Pared cubierta con cenefas azul marino. Era como en las películas. Incluso la típica silla de escritorio negra que parece un sillón de masaje. No era la primera vez que veía al decano, ya tuve que arreglar unos papeles con él sobre mi beca en esta universidad. Estoy aquí gracias a que la Uni paga la otra parte de mi matrícula y cuota mensual junto con el Estado. Supuestamente lo hacen para tener a los mejores estudiantes entre sus alumnos. Sí, y ahora iban a putear a uno de ellos. Ahora comprendía por qué sale en las noticias alumnos que se lían a matar compañeros de clase con una metralleta a lo loco. Estaba sintiendo esa necesidad.

-Señorita Spinoza. –Hablaba tranquila y pausadamente. Era un hombre joven, con pelo gris, abundante, ni una entrada. Muy atractivo. Como el hermano no tan guapo de George Clooney en versión mayor. –Las chicas han encontrado esta mochila en el vestuario de voleibol. Es su maleta. –No era una pregunta, era una afirmación. Miré como sacaba mi mochila de debajo de la mesa. Tuvo que hacer fuerza, parecía pesar mucho. No sabía por qué, hoy no iba muy cargada. No tenía que cargar con muchos libros, no los necesitaba para practicar para el examen que todavía no había hecho… ¿Qué diantres pasaba?- Se encontraron la llave perdida de la taquilla en el suelo. Cómo no sabían a quién devolvérsela, fueron a averiguar quien era el dueño de la llave. Así que cuando abrieran la taquilla para ver de quién eran las cosas allí guardadas, descubrieron para su sorpresa que estaba llena de instrumentos musicales y de sus tres carteras. -¡¿QUÉ?! ¡ESO SÍ QUE NO! ¡MENTIRA! –Y para mayor sorpresa, en los cuadernos vieron que su nombre estaba escrito. –Sacó de dentro varias flautas, castañuelas, panderetas, platillos, baquetas, xilófonos pequeños y cajas chinas… ¿Todo eso cabía ahí dentro? No tenía ni idea. -¿Tiene algo que alegar en su defensa? –Terminó cuando además colocó en la mesa junto a las demás cosas las carteras de las tres chicas. Sí, tenía algo que alegar. ¡Las hijas de puta esas me habían tendido una trampa!
-Sí. Yo no he robado esas cosas. –Si dijera todo lo que pienso… Me veía entonces en Guantánamo. Lo miré muy seriamente, a los ojos, con la mirada fija. Ojalá tuviera telepatía para hacerle ver la realidad de las cosas. Pero claro, no iba a tener esa suerte. Mi mirada no funcionó.
-¿Algo más firme y contundente en su favor? –Hablaba como por puro trámite. Como en los juicios un abogado que ve venir la sentencia final irremediable. Me levanté de la silla y empecé a andar de una pared a otra de la sala. Era bastante grande, no me aburría por el camino. Todos me miraban extrañados. Estaba pensando qué decir. La verdad, por muy absurda que fuera, era lo mejor que se me ocurría.
-Pues sí, pasé el descanso con Leo Bynes y Liam Cooley en la zona reservada para ellos junto al estanque de carpas. Como nos distrajimos hablando, cuando sonó el timbre de fin del descanso, no nos enteramos. Por eso, cuando supe la hora que era, salí corriendo, pero de espaldas, porque tenía que decirles algo importante, por eso no vi el camino y me caí accidentalmente al estanque. Como tenía que hacer un examen de prácticas con Mr. Sumter, decidieron ayudarme. –Cuanto más me escuchaba a mí misma. Más patética sonaba. –Liam fue a intentar convencerlo  para que me hiciera el examen más tarde y Leo fue en busca de un uniforme seco para mí. Me duché en el vestuario de la pista de voleibol. Y… -Un momento, recordé que al final no le había echado ningún vistazo a la mochila mientras me duchaba… Y ni siquiera la miré cuando salí. En ese momento ya debía estar guardada. ¿O tal vez no? No sé como lo hacen estas arpías, pero ahora no iban a salirse con la suya.
-Muy interesante su historia a parte de increíble. Pero eso no le quita culpa. –Dijo muy seriamente el decano. Miré la cara de sorpresa de las tres. No se creían que yo pasara los recreos con los hombres de sus sueños. Ja.
-Se lo digo, porque ellos son testigos directos. Puede preguntarles. Sí, he estado en el vestuario de la pista de Voleibol. Pero ellos han estado conmigo en el recreo y después. No he podido ser yo. Pregúnteles. –Y agobiada ya por decir la verdad, puse las dos manos en el escritorio y me eché hacia adelante para aproximarme. No quería aparentarlo, pero por dentro estaba atacada. Silencio. Por un momento pensé que hubiera posibilidad en demostrar mi inocencia. Pero sólo por un momento.
-Señor decano. Estaba todo preparado. Era su cuartada. Mientras Leo y Liam estaban afuera intentando ayudarla, ella salió a la sala de música para coger los instrumentos. Lo había planeado todo de antemano. No se estaba duchando en realidad. –Angela sonrió como si fuera una serpiente venenosa. Aunque apostaba el cuello a que seguro que prefería ver la cara de una serpiente. -¿O no ve muy poco probable que se caiga accidentalmente en el estanque de carpas porque iba corriendo de espaldas mientras le hablaba a dos de los chicos más importantes de la Uni? –Me miró para seguir escupiendo veneno por la boca. Su sonrisa de victoria y su ceja levantada me hacían aumentar el tamaño de mi vena. –No hay que fiarse de esta chica. Es una pobretona trepadora. Se metió en problemas a propósito con el G4 para luego a base de infundirles pena como la pobre chica becaria y extranjera, se ganara su confianza y utilizarlos para su beneficio. ¿Cómo si no iban ellos a juntarse con ella? –Ahora era Angela la que caminaba de un lado para otro de la sala. Stephanie y Cindy la miraban sonriendo con la misma cara que me ponía de mala leche. Yo tenía el cuello girado y la miraba, pues mis manos apoyadas en la mesa seguían apuntando al decano. Estaba apoyada como si fueran a chequearme. Miré al decano.
-No creerá lo que está diciendo… -Lo miré apretando mucho los puños. Como siguiese así, pronto mis uñas se abrirían paso hacia la luz a través de mis manos. El decano no dijo nada. Parecía esperar a darme la mala noticia. –Señorita Spinoza… -Se echó su abundante pelo gris hacia atrás, lentamente, dándole énfasis al momento de mi sentencia. –Comprenderá que sin pruebas no tengo más remedio que retirarle la beca y expulsarla por robo de materiales de la Universidad. –No podía ser… Me quedé callada. Con los ojos brillantes, como pestañeara, se me saldría una lágrima. Debía ser fuerte y aguantar. El labio me temblaba. Estaba descontrolada. Esto no podía estar pasando. No iba a irme de aquí por una trampa de esas tres. NO.
-¡Pero señor decano! ¡Eso son pruebas circunstanciales! ¡Ellas lo han ideado todo! Habrán sacado mi mochila sin yo darme cuenta mientras me estaba duchando y habrán metido dentro los instrumentos y sus carteras! ¿Cómo iba yo a cogerlas? Debe creerme. –Y en un movimiento rápido, me sequé las gotas que hacían que mis ojos brillaran. Me levanté de la mesa y me dirigí hacia ellas. -¡Ellas me han tendido una trampa! –Y las señalé con el dedo.

Me temblaba la mano. Me temblaba la voz. Me temblaban las piernas. Me temblaba todo. Lo dije suficientemente alto para sonar convincente y suficientemente bajo para no llamar mucho la atención. No debía mostrarles mi debilidad. Esto no dependía ya de la ayuda que me brindaran Liam, Leo o Aaron para hacer que me quede aquí a toda costa. Esto era cuestión de dignidad, y a mí no iban a tomarme como una ladrona, mentirosa, trepadora que se había ganado la confianza de las personas más influyentes de la Uni para tenerlas de su lado. Los miré a los cuatro. Nadie dijo nada. Se me quedaron mirando. Las tres brujas con su sonrisa de victoria al ver que el decano no me creía, y el decano con cara de, me da cosa decírselo de nuevo no vaya a ser que se ponga a gritar como una loca. La impotencia era un sentimiento mil veces preferible al que estaba sintiendo en esos momentos. El pulso lo tenía acelerado. Estaba descontrolada, ida, pero no podía demostrarlo, o perdería los pocos puntos que en algún momento pudieran ponerse a mi favor en una realidad paralela a esta.

-Ya comprendo… -Dije finalmente tras un largo e incómodo minuto esperando respuesta alguna. Agaché la cabeza, no querían que me vieran con el rostro descompuesto. No había nada que pudiera demostrar mi inocencia. Estaba sola. Los ojos se me volvieron a inundar de lágrimas. Si antes estaban brillantes, ahora debían ser incluso reflectantes. –Es más lógico pensar que tres señoritas de la élite rica del país hayan descubierto a la pobre estudiante becaria que vive en un piso de 20m2 y sólo tiene dos mudas de uniforme, robando. Por supuesto es más lógico que pensar que la misma pobre estudiante becaria sea víctima de una trampa que le han tendido las tres señoritas de la élite rica del país para expulsarla de la universidad. Es mil veces más lógica creer que la pobre estudiante becaria robe para ganar dinero de la venta de instrumentos carísimos de música, que pensar que se gana la vida honradamente trabajando todos los días para vivir dignamente. Y ya ni te cuento lo lógico que es pensar que es imposible que tres señoritas de la élite rica del país hayan podido fijarse en la insignificante y mosquita muerta de la estudiante pobre becaria, y mucho menos que decidieran emplear su preciado tiempo en tenderle una trampa para expulsarla de la universidad. ¿Porque qué iban a tener ellas en contra de una pobre chica a la que es mejor ignorar y hacer como que no existe? Por supuesto es más lógico que la pobre chica por envidia a las señoritas quiera robarles para intentar aparentar ser de su mismo nivel adquisitivo… ¿no? –Dije mientras seguía mirando fijamente el suelo. Con los puños apretados a cada lado de mi costado. Temblando de pies a cabeza. Con los ojos llorosos y la visión cegado por las lágrimas. Era la cruda realidad. La triste realidad. Mi realidad… En el fondo no culpaba al decano. Él sólo seguía un hilo de pensamientos lógico. Y tenía pruebas en mi contra… Sólo lo culpaba de no investigar más para demostrar mi absoluta inocencia…

Y no hubo respuesta en mucho tiempo.  Las otras, para seguir fingiendo ser niñas buenas no abrieron el pico durante mis acusaciones. Ya lo esperaba, no me pillaba de sorpresa. El decano sólo abrió la boca para decir que recogiera mis cosas y me fuera cuanto antes posible. Que pasarían mi traslado de matrícula a alguna pública. Que ya me avisarían… ¿Pero por qué? Todo iba perfecto hasta hace unos minutos… Mi relación con Aaron era más cercana y estrecha que nunca, Liam y Leo me demostraban continuamente cuánto me apreciaban, iba a hablar con Bryce para arreglar las cosas, los exámenes me habían salido perfectos… ¿Por qué esto ahora? Mi vida era como el tiempo en Londres. Llueve siempre, y escampa un corto periodo de tiempo para volver a la tenebrosa lluvia que todo lo cubre. No había nada que pudiera hacer… Era su palabra contra la mía. Y la mía no valía nada contra la de esas tres. Nunca pensé que pudieran salirse al final con la suya… Las subestimé, y ahora pagaba las consecuencias. 

-Muy bien. –Y parpadeé. Dos lágrimas mojaron la alfombra roja sobre el parqué del suelo. Brillantes como ellas mismas. Cargadas de sentimientos y emociones como ellas solas. Mientras seguía mirando el suelo me dispuse a salir de la sala, no quería pararme a coger la maleta vacía. Ya la recogería en otro momento. Ahora solo quería salir de allí cuanto antes mejor. ¿Qué más podía pasarme? El motivo por el que toda mi familia de había mudado a un país extranjero acababa de irse con la gota de agua que cayó a la alfombra. Todos mis sueños e ilusiones. ¿Qué iba a hacer ahora? Ya nada podía empeorar más la situación.

Puse la mano en el pomo para abrir la puerta. Escuché unas voces al otro lado de la pared. Perfecto… tengo público. Y además hablaban de mí. Oí como pronunciaron mi nombre. Y después alguien dijo <dejádmelo a mí> ¿Algo más para la función? No creo que pudiera entrar nadie más que empeorara el momento. De pronto, la puerta se abrió bruscamente, tuve que retirar la mano del pomo de repente, o me habría hecho daño en el brazo del tirón. Instintivamente, a pesar de que no quería que nadie me viera la cara llorosa de impotencia y rabia, levanté la vista para ver quien era. No podría haberme llevado una sorpresa mayor. La persona a la que había evitado durante tres semanas. La persona que había ocupado todos y cada uno de mis pensamientos en tres semanas. La persona con la que quería hablar a solas para pedirle perdón. Esa misma persona, apareció al otro lado del umbral de la puerta. Era Bryce.

Ahora sí que no sabía lo que podía pasar. Y más si después de tres semanas sin hablar, entraba en el momento de mi expulsión definitiva de la universidad tras verme llorar. Era consciente de que su presencia podía perjudicarme. ¿Venganza por lo ocurrido? No, Bryce puede alterarse mucho cuando se enfada y no pensar lo que hace, pero no haría nada que me hiciera daño. O al menos quería creer.  Mi corazón se paró tras un estrepitoso latido agónico. La respiración se me cortó tras una última exhalación acalorada. Mis ojos se secaron por completo. Ahora todas las partes de mi cuerpo se concentraban en Bryce. Pasase lo que pasase, todo mi cuerpo se preparaba para cualquier acontecimiento que pudiera pasar. Al menos tras recuperarse de la conmoción que le había provocado ver súbitamente todo aquello que había extrañado en tantas semanas. Parece ser que se acercaba un viento muy fuerte, no sabía si iba a llevarse las nubes que causaban mi lluvia o si se uniría a ellas para empeorar las condiciones. En Londres por ahora llueve con mucha fuerza.  

sábado, 28 de abril de 2012

Capítulo 51: Sherlock Holmes


Capítulo 51: Sherlock Holmes
En la fuente junto a la palmera, Bryce, Liam y Leo estaban sentados en el suelo en círculo, en su parte reservada de siempre. Pero no estaban solos, dándole la espalda a cada uno, se encontraban de pie, vigilándolo todo, en guardia, en alerta, tres “guardaespaldas” que debían impedir que Bryce hablara con nadie más que no fuera el G4, una parte del castigo de la madre entre el que se encontraba también no salir de casa al volver de la universidad durante un tiempo indefinido. Los tipos tenían un tamaño proporcional a unos roperos empotrados. Si hubiesen sido algún vehículo de tierra, serían unos tanques blindados. Hubieran podido ser perfectamente los guardaespaldas del presidente de los Estados Unidos. La gente que los había visto antes durante aquellas dos semanas en la universidad, murmuraba el motivo de tal extravagante compañía. Todo el mundo pensaba en protección por algún peligro que pudiera sufrir el hijo de la poderosa familia, que podría ser perseguido por alguna fuerza de otra compañía enemiga. ¿Nadie pensó en por qué Aaron no llevaba “protección”? Seguro que era más fácil pensar que el problemático hijo de la familia es capaz de meterse más en problemas que el otro.

Todo muy peliculero, pero no se imaginaban ni de cerca que fuera un castigo o venganza y que lo vigilaran para que no se escapara o relacionara con nadie. Aunque eso también era un tanto peliculero. No querían estar en el comedor para no levantar tantos comentarios después de una semana era ya algo cansino. Y tener algo de privacidad ante tal vergonzosa situación, pero tampoco es que la conversación necesitara mucha privacidad. Porque era directamente casi inexistente y sin sustancia. Por lo menos hasta hace poco.

-Bryce… ¿Por qué no intentas hacer un poco de teatro por lo menos y cambias esa cara de mala hostia por otra un poco más llevadera para los que te ven? –Leo no se cortaba ni un pelo. Intentaba comer pero le ponía de mal humor su cara, y no estaba disfrutando de la comida. Bryce levantó las mejillas para mostrar los dientes, en un intento de sonrisa irónica. Pero no era una sonrisa.
-¿Le gusta así más al señor caprichoso? Porque a lo mejor no ha tenido en cuenta lo agobiante que es tener a los gigantes estos de más de dos metros a mi lado, vigilando en cada momento lo que haces, incluso cuando vas a cagar. –Respondió con todo el desprecio y asco posible. Bryce tampoco ser cortaba nada cuando se refería a sus “seguidores”. Sabía que no tenían derecho a hablar, sólo cuando le mandaran una orden para advertirle que iba a incumplir las normas puestas por su madre. Y se aprovechaba bien de eso.
-¡Y nosotros que culpa tenemos de eso! ¡No haberle pegado la paliza a ese asqueroso mendigo! ¡Encima de que estamos aquí contigo intentando hacértelo más llevadero…! –Leo elevó demasiado el tono de voz. Estaba reprochando, algo que Bryce odiaba a muerte, porque aunque agradeciera lo que hacían, si se lo echaban en cara, actuaría destruyendo aquello que le gustaba.
-¡Tranquilizaos de una vez!, no empecéis con los arrebatos de locura que luego os arrepentís los dos. –Liam siempre era el pacificador de los encontronazos agresivos entre Leo y Bryce. Algunas veces lo conseguía, aunque la mayoría era siempre inútilmente.
-¡Pues vete si no quieres estar aquí! ¡Yo no te he pedido que compartas conmigo las consecuencias de mis acciones! ¡Y no le pegué ninguna paliza al asqueroso mendigo! ¡Me defendí porque quería atacar a… -De siempre, las personalidades de Bryce y Leo, cuando se enfadaban, chocaban como rocas volcánicas contra el aire al salir del cráter. Alterando todo a su alrededor. Pero ahí se calló. No continuó con lo que iba a decir. Recordó.
Y Leo y Liam cayeron en la cuenta de lo que estaba pasando. No sabían nada, sólo la noticia del motivo del castigo y porque se lo había dicho Aaron. Pero sólo había una persona por la que Bryce podría llegar hasta ese extremo. Y ellos lo sabían, conocían desde prescolar a su amigo, y nunca había mostrado el mínimo empeño por alguien que no fuera él o sus amigos de la infancia. Sólo una persona. Sólo una persona había conseguido captar toda la atención, trabajo y esfuerzo de Bryce con tanta intensidad, hasta ahora nunca vista ni la décima parte. Y ellos sabían quién. Bryce había tenido a muchas mujeres a sus pies, había tonteado con todas las que había querido, las había conseguido a todas con sólo mover un dedo, pero sólo había una que se le había resistido y además declarado la guerra. Solo una chica había traído de cabeza a Bryce, llegando a ocupar todo su pensamiento, que hasta donde ellos conocían, había sido sólo para buscar cosas en su contra. Suficiente. Incluso más que eso. Liam y Leo no necesitaban más explicaciones. Bryce era un libro abierto, inocente en ese aspecto a pesar de toda su violenta y agresiva lista de cosas. Ellos sabían que sólo Bryce llegaría a meterse en problemas por salvar a alguien y luego quedar tan destrozado. ¿Su nombre? Ellos la llamaban Valerie.

-Tú no estás así  por el castigo. A ti el no poder llamar a nadie ni salir de tu casa nada más que para venir a la Uni no te importa. –Liam rompió el silencio. Le puso una mano en el hombro a su amigo, cabizbajo, que todavía no había probado la comida. Silencio. La poca paciencia de Liam lo rompió, porque no hubo ni un mero gesto por parte de Bryce. -¿En qué piensas? –Dijo arrastrando las palabras.
-No le importo lo más mínimo. –Bryce sabía que sus amigos lo sabían. Pero era más fácil hablar como si no lo supieran. Más fácil para él. En el fondo, Bryce sabía que había tenido prohibida las visitas, que Valeria no había tenido el móvil todo ese tiempo y que tampoco podría haberlo llamado a él por teléfono si hubiera podido. Sin embargo, no sabía si ella lo había intentado. Bryce sólo quería una prueba, por pequeña que fuera, sólo una que le abriera el camino a la luz, que demostrara que a pesar de todos esos obstáculos, su Valeria había hecho todo lo posible por encontrar una manera para saltarlos.
-Bryce… Te equivocas. –Leo sabía lo que su amigo quería oír. Y sabía que eso lo animaría más que cualquier otra cosa, como por ejemplo, dejar de estar castigado. –Ella si se ha preocupado por ti, y mucho. –Leo se acercó a Bryce y le puso una mano en la rodilla, estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas. Pero seguía sin dar respuesta. Cabizbajo y silencioso. –Ella fue a tu casa a buscarte pero le denegaron la entrada diciendo que no podías recibir visitas. Nos enteramos cuando fuimos a verla a su tienda Jajaja. –Leo no pronunció su nombre, sabía que era mejor. Pero empezó a reírse descaradamente. –Es muy graciosa. Nos lo quiso ocultar. Cuando le dijimos que fuimos a verte pero no nos dejaron entrar porque tenías prohibidas las visitas, puso cara de extrañada y sorprendida por la noticia. Jajaja.
-¡Cierto! –Liam se unió a la risa. -La pobre… no se da cuenta de lo mal que se le da disimular o mentir. Jajaja. Es tan adorable en ese aspecto…-Sólo ellos podían reírse en un momento así. Pero aunque podría parecer que eso pondría de peor humor a Bryce, lo calmó. Dejó de tensar los músculos y levantó la cabeza, pero sólo un poco. Empezaba a vislumbrar luz al final del túnel.
–Le dijimos que no sabíamos por qué. Y nos pidió desesperadamente el número de teléfono a los dos para llamarnos después por si teníamos noticias tuyas. –Leo comenzó a describir demasiado bien la realidad, tanto que parecía que exageraba, pero no era así. –Intentaba disimular su angustia, pero no lo consiguió. Pobrecica.
-Además, llamé a Sarah, ella tampoco sabía lo que estaba pasando. Pero nos dijo que todo empezó el sábado, que el viernes sí había entrado alguien en casa. Y adivina cómo me describió a la chica que entró en tu cuarto con Aaron mientras dormías… –Liam estaba enterado de todo. Algo que al sagaz Leo se le había escapado. Pero aunque fue muy astuto en llamar a Sarah para enterarse de eso, no lo fue al nombrar a Aaron. –Pelo naranja, largo, voluminoso, lleno de tirabuzones y caracoles, piel oscura, de estatura media, delgada. E iba con el uniforme de la Uni. –Y se sintió realizado al ser quien le alegrara el día a su amigo. Bryce, queriendo olvidar que había dicho Aaron y queriendo pensar que era evidente que si quería entrar a verlo tenía que ser acompañado de alguien que viviera en la casa, levantó la cabeza estrepitosamente, con los ojos brillantes. –Pero seguro que las has cagado pensando que no se había preocupado por ti lo más mínimos... Te conozco demasiado bien… -Que Liam fuera el pacificador entre Leo y Bryce no significara que de vez en cuando a él tampoco le gustara lanzar la puyita.
-¡Eh tío! ¡Liam! ¿Por qué no me lo habías dicho antes? –A Leo pareció mosquearle no haber sido él el que se llevara la gloria de decirlo. Ni siquiera echó cuenta a la reacción de Bryce ante tal noticia.
-¿Y qué más daba? ¡Seguía sin tener noticias de lo que pasaba! –Liam se reía silenciosamente, sabía que eso no calmaría a su amigo.
-¡Pero se avisa! ¡Hubiera sido interesante saber que ella había ido a verlo! ¡De esas cosas tienes que informarme! –Y los dos empezaron una discusión por el simple y mero hecho del placer de discutir, nada importante que pudiera llevar a un enfado.
-¿Me decís la verdad? ¿No lo hacéis por animarme? –Si a Leo y Liam les daba igual que los guardaespaldas se enteraran de la conversación, a Bryce mucho más. Los agarró a los dos fuertemente por el cuello de la camisa que llevaban, atrayéndolo hacia su cara. Cada uno estaba sentado a un lado de Bryce, pero dejaron de estar sentados pronto, tuvieron que levantarse por el tirón de la ropa. Ambos, como si se hubieran puesto de acuerdo mentalmente, asintieron con la cabeza, no se esperaban esa actuación por parte de Bryce.
-Entonces creo que tengo algo que hacer. –Y se levantó, no sin mirar antes de reojo y con mirada asesina al guardaespaldas cotilla que miraba atentamente y con descaro la conversación de los tres. Bryce no sabía que eso le traería problemas, los hombres también cobraban por trasvase de información a la jefa. Pero sobre todo, la mayor víctima sería Valeria.
Liam y Leo se quedaron mirándolo marchar, boquiabiertos. Casi se podía verle disimular pasos de baile mientras andaba. Estaba realmente ilusionado. Como nunca antes.

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Metro. Lunes 12 de diciembre. El 346º día del año. Y el número 15 en mi nefasta semana contradictoria, más poco llevadera que pasajera. Si escribiera un diario, llevaría exactamente 15 días en blanco. Un blanco muy frío y solitario. Tanto, que ni existe porque no tenía diario… Acababa de pensar una estupidez. Mi calidad está decayendo en todo desde que no le encuentro aliciente emocional a mi vida. Me había apoyado en los estudios, y ciertamente esta semana era la semana de exámenes, la definitiva, en la que me jugaría unas notas muy importantes… Pero los estudios no daban calor.
-Reconócelo Valeria. –Dijo el lado emocional de mi cerebro. –Quieres enamorarte. Y que sea correspondido.
-No necesito un hombre en mi vida. –Dijo el lado racional de mi cerebro.
-Necesito un psicólogo que me cure mi doble personalidad. –Respondí yo para callar a ambas partes. –Y sentirme querida también… -No podía ocultar una verdad tan evidente. Realmente estaba muy a gusto con Aaron. Era todo lo que yo buscaba. Era perfecto para mí. Hecho a mi medida. Pero era sólo un muy buen amigo.

Y no sólo eso, la cosa no queda ahí, había empezado una relación con su hermano gemelo, totalmente lo contrario a él, que había durado cuatro días y en los que lo había visto sólo dos. Una para empezar la relación y otra para romperla.

Además, sentía algo… No sabía si por él o por la experiencia. No sabía si me quedaba la atormentante duda de lo que podía ser y no fue, una mala sensación por cómo habían acabado las cosas o un sentimiento de equivocación que me decía que había cometido un error y que me había precipitado. Me aferraba a que cumplí mi palabra cuando dije que sólo le daría una oportunidad. Pero eso no me estaba haciendo feliz, y era consciente d ello. ¿Y por qué sentía que me había equivocado en mi decisión? ¿Por la situación actual o por él? ¿Porque quería sentirme querida o porque quería estar con él? El metro se paró y yo bajé de la estación dejando mis pensamientos en el vagón que se alejaba. Evitaba la respuesta de la pregunta, y lo sabía. Que lo evitaba digo…

1ª hora. Examen. Nada que contar. 2ª hora. Continuación del examen. Nada que contar. 3ª Nada que contar. Descanso. Nada que contar. Final del descanso, me encontraba en la biblioteca estudiando, llevaba ya media hora. Mi concentración era óptima, fiel a su costumbre de no pensar en nada que no quería pensar y centrarse en lo importante. Hasta el segundo después en que pensé eso… Esta era la semana de exámenes, había pasado ya dos preparándome, y lo que entró por la puerta me descolocó todo ese esfuerzo. Podía llevarlo bien si no lo veía, pero no si lo tenía cerca. Y mucho menos si hacía por captar mi atención. Es como la persona que está a dieta y se le presenta una chocolatina bailando y cantando “I’m sexy and you know it”. Aunque tal vez no era el mejor ejemplo. Bryce entró estrepitosamente, no como si estuviese enfadado, sino como si estuviera harto de buscar en todos lados y su última esperanza estuviera en la biblioteca.

La biblioteca tenía paredes de cristal, y estaba en la entreplanta, en el centro, bajo una cúpula también de cristales por donde entraba todo el Sol que la iluminaba por completo. Desde abajo se veía como una gran plataforma flotante rodeada de enredaderas. Yo estaba sentada en el centro, así que si venía buscándome a mí, no pudo verme desde fuera, a través del cristal no se me veía. En el momento en el que abrió las dos puertas, de cierre igual a las de las cocinas de los restaurantes, de par en par, sonó el timbre. Fin del descanso. Fin de mi llevadero día. Lo había visto. Iba acompañado de los tres famosos guardas de los que tanto había escuchado estos días. Su expresión mostraba irritación, hartura de algo. Lo notaba en que apretaba las cejas intentando juntarlas. Creí ver que relajó los músculos faciales al cruzar nuestras miradas. Creí que el corazón se me paraba de la sorpresa. En un acto reflejo, aparté la mirada. La milésima de segundo que estuve mirando en dirección a la puerta para ver quién había entrado así, y lo vi, fue la milésima de segundo más intensa de esas dos semanas. Triste pero cierto. Y nunca mejor dicho, salvada por la campana. O más bien, por la otra entrada que tenía la biblioteca. Salí inmediatamente por allí antes de que se le ocurriera acercarse. O más bien, antes de que se me ocurriera a mí, aunque más impulsivamente que mediante una decisión razonada.

Fue malísima idea haber ido a la biblioteca, ¿por qué no me escondí en el armario de las escobas? Iba a hacer un examen concentrada en esa dichosa milésima de segundo más que en todo el esfuerzo de estas dos semanas de reclusión estudiando. Él siempre tan oportuno. Nunca había ido a la biblioteca, al menos es lo que había visto desde que llegué a esta universidad. Y va y decide entrar cuando yo estoy estudiando para un examen tan importante como este… Estaba enfadada, no sabía si con el inoportuno destino o con las caprichosas casualidades, pero muy enfadada. ¿Ves? Ilusión, enfado, incertidumbre, sentimientos inclasificables… así no había quien hiciera un examen… Pero lo hice, aunque no creo que muy bien. Mi mente encontraba huecos para recordar sus ojos alterados.

A la salida decidí dirigirme al único sitio que por ahora pensaba que estaba a salvo de su presencia. La facultad de Biomedicina. Por el caminito de cuadrados y enredaderas de siempre fui hacia allí para salir por su puerta. Era una cobarde. ¿De qué huía? ¿De él? No… huía de mi reacción al verlo. Así una tarde más en la tienda y una noche más estudiando. Así un día más buscando un refugio nuevo. El escondite del martes fue la sala de música. Lo gracioso en esta universidad, es que cómo sólo van hijos de la clase adinerada, nadie necesita robarse nada, las puerta de todas las aulas están abiertas. Es más, con los clubs que forman los universitarios, sitios como el aula de música están siempre abiertos, incluso en una universidad de Medicina.

Allí pasé a salvo todo el descanso, estudiando, en una concentración plena. La música me relajaba y yo no llamaba la atención pues había unos asientos preparados para público que quisiera escuchar. Por si acaso, me puse en el asiento menos visible desde la puerta de entrada. La flauta, el violín, el piano, el violonchelo, la trompeta… eran los más tocados. Ciertamente había cabinas insonorizadas para practicar en sumo silencio, aquí por supuesto siempre todo a lo grande, pero también había una parte para las bandas y orquestas… y ahí era donde estaba yo. Era menos descarado estar en un sitio habilitado a una banda, que puede tener más seguidores, que a una sola persona que no conocía de nada.
Al menos, puedo decir que los exámenes me salieron redondos. Me sentí muy orgullosa de mí misma. Aunque sólo en ese aspecto, tristemente. Había pasado dos días en esa aula y los cuatro exámenes que hice en ese tiempo fueron genial. Ojalá apareciera la primera en la lista de las notas.

-¿Por qué te escondes? –Iba yo saliendo a la calle por la facultad de Biomedicina, pensando en mis cosas cuando la voz de Bryce me sobresaltó. Me quedé parada sin respiración. Me había descubierto. Empecé a sentir frío. Estaba a mi espalda, lo sabía por la dirección de la voz y porque sin girar la mirada, no entraba en mi campo de visión, hasta justo ese momento en que lo pensé. No me atrevía a mirarlo, pero lo hice. Ciertamente era la voz de Bryce, pero físicamente era Aaron. Respiré y expulsé de golpe todo el aire contenido en mis pulmones. -¿Por qué piensas que me escondo? –Por favor que no me delatara la sonrisa nerviosa. Sus ojos eran más intensos de lo habitual.
-No lo pienso, era una forma de decirte que lo parece. Hace mucho que no te veo. Ya no vienes en los descansos a esta facultad, ni vas al estanque, ni al comedor, ni estás en la biblioteca… -¿Creía descubrir tristeza en su cara? ¿Por no verme? Jajaja. Me parece a mí que sólo lo creía. Entre amigos no nos ponemos así por no vernos 6 días en época de exámenes… Se me quedó mirando esperando una respuesta, una respuesta que no obtuvo… -¿Por qué sales ahora por aquí? -¿Qué le decía? ¿Que para ver a Alan? No iba a colar… Y no me gustaba mentir… tenía que buscar algo que fuera verdad pero que no me delatara… -Porque a ver a Alan no… la boca del metro para ir a tu trabajo te pilla más lejos si tiras por aquí… -Qué inteligente él… demasiado. ¡Ah! ¡Ya lo tenía! Fuego contra fuego.
-Tú tampoco respondiste mis preguntas la otra vez que te pregunté por qué sabías que venía a esta facultad en los descansos… -Como me respondiera sí que me quedaría totalmente en blanco… Esperaba no haber puesto cara de desesperada buscando soluciones.
-Cierto… ¿Intentas hacerte la interesante? –Dijo después de unos segundos cavilando. Creo que había desistido en su interés. ¿Tan secreta era su respuesta?
-¿Intentabas tú entonces hacerte el interesante? –Dije con una sonrisa doblada y mirada triunfante.
-Yo he preguntado primero. –Dijo sin más. Sin darle ningún juego a la conversación.
-Y yo después. –Dije también sin más. Y pensé en Bryce… Esta conversación con él habría sido tan distinta… Empezó a andar, y yo a seguirlo al lado. Giró hacia la parada de metro, bastante lejana, la verdad. Cómo me había pillado… -¿Por qué me has venido a buscar? –¡Oh! Caí en la cuenta cuando pregunté… a lo mejor no venía a preguntarme, tal vez estudiaba Biomedicina… Cada facultad tiene su propio comedor, pero tal vez se reunían en el de Medicina porque alguno del grupo estudiaba allí… Ahora que también caía… no sabía nada de ellos, del G4 digo. Ni si tenían hermanos, hermanas, qué aficiones tenían, tipo de música que les gusta, sitios donde han estado, alguna anécdota… qué carrera estudiaban…
-Quería preguntarte por cómo te estaban yendo los exámenes. –Dijo sacándome de mis pensamientos. Lo miré sorprendida. ¿Convencionalismo social o simplemente lo quería? Aaron es muy simpático, pero todavía me cuesta adaptarme a verlo intentando relacionarse. Me paré de repente y lo miré fijamente.
-¿En serio? –Intenté contener mis ojos para que no se abrieran mucho…
-Sí. Entre otras cosas. –Dijo extrañado por mi sorpresa. -¿Por qué pones cara de no esperártelo? –Volvió a decir sin la menor expresión.
-No por nada… -Cambié mi expresión y respondí su primera pregunta. –Pues me han ido bastante bien. Creo que no bajaré en ninguno del nueve. Espero mantener la media de España. Al menos para que no me retiren la beca. Dicen que la controlan mucho. –Dije sonriendo.
-Eso está muy bien. Yo no me puedo quejar con los míos. –Y no dijo nada más. ¿Eso era que le habían salido bien o regular? Con la marcha remprendida hacia la boca del metro, le pregunté otra cosa.
-Bueno, a todo esto, ¿y qué es lo que tú estudias? - Ahora tenía curiosidad por saber más sobre él y los demás.
-Física Cuántica. Por la mañana. –Iba mirando el celeste. Los cuadros de su camisa de cuadros desaparecían en una zona por el reflejo del sol… Un momento, ¿dijo por la mañana? ¿es que estudia otras cosas por la tarde?
-Vaya, eso tiene pinta de ser muy… difícil. –Dije sin más.
-Es abstracto. -La conversación de hoy estaba muerta entre los dos. ¿Por qué estaba así? Se le veía desganado, pero no físicamente, sino en el ánimo.
-Ajam… -Tenía que sacar algún tema, y ya lo tenía. -Sé muy poco sobre vosotros… ¿Por qué no me cuentas algo del G4? –Inicié la frase con el tono más alto de lo normal, para darle emoción.
-¿Algo como qué? –Se giró para mirarme. La primera vez en mucho tiempo desde que salimos andando… Tenía cara de totalmente perdido y totalmente ido. No sé cuál de las expresiones se notaba más… iban las dos muy igualadas.
-No sé… qué hacéis en vuestro tiempo libre, qué estudiáis, qué sitios habéis visitado, hermanos o hermanas… ¿sabes por dónde voy? –Me estaba sintiendo muy tonta en ese momento. Y él seguía muy pensativo… Ojalá pudiera leer la mente… tendría tan pocos problemas…
-En mi tiempo libre duermo, a no ser que tenga algún otro plan, que normalmente proponen los demás. Estudio, a parte de Física Cuántica, Administración y Dirección de Empresas por la tarde, para cuando algún día herede la compañía junto con Bryce… Era algo impuesto por nuestros padres, nos dijeron que siempre que estudiáramos eso, podías hacer cuántas otras carreras quisiéramos después. -¿Y cuándo decía que dormía? Jajaja ¿Este chico es un fuera de serie o qué? -He estado en muchos sitios, pero creo que te puede interesar saber que estuve estudiando en España dos años. –Oh, pues sí que me interesaba eso… Cuánto me gustaría haber estado con él en su mismo centro…-Tengo una hermana, como ya sabes, que se llama Rose, pero está casada y ahora vive en California con su marido.  Leo y Liam están apuntados a un club de deportes variados, no están especializados en ninguno pero son buenos en todos. Han ganado ya varias copas en todos, tenis, balonmano, fútbol, baloncesto, waterpolo, rugbi, paintball… Eso cuando no están con alguna chica. -Hablaba sin ganas, pero yo lo escuchaba con todas las que a él le faltaban. Era todo muy interesante. –Leo estudia Robótica y Liam Aeroespacial. Ellos han estado en muchos sitios pero creo que no en España. Leo es el menor de tres hermanos. Y Liam tiene dos hermanas más pequeñas que él, de doce y catorce años. –Esperé unos segundos más a ver si empezaba a hablar de Bryce, pero no lo hizo. ¿Le preguntaba o no? Sí, no hacerlo conllevaría sospechas, debía decirlo como si tal cosa, como si fuese lo más normal del mundo. –Bryce hace unos años solía tocar el piano. Lo dejó cuando Rose se casó y se fue. Ahora por las tardes se va con la moto o el coche por ahí. Nunca ha dicho donde y yo no le he preguntado. Él estudia Medicina, aunque le gustaría especializarse después en Odontología. Podría haberse metido en esa carrera desde primer momento, pero él siempre ha aspirado muy alto. –Eso me llegó al alma. Me alegraba saber eso, sobre todo de Bryce… Desde que sabía que no lo tenía, me interesaba por él como nunca antes pude imaginar. No me lo imaginaba tocando el piano… Pagaría por verlo… Y no pude evitar pensar cómo sería que me dedicara una canción en un concierto sólo para mí… ¿Por qué pienso eso cuando fue yo la que lo deje? Aunque ahora sentía curiosidad por saber adónde iba con la moto o el coche…
-Gracias. Tenía mucho interés en saber más de vosotros. –Y lo miré sonriente.
-Lo bonito es ir averiguando cosas sobre las personas pasando tiempo con ellas, no preguntándoles, ni a ellas ni a otros. –:O Esa frase me había llegado. Tenía mucha razón, y realmente estaba de acuerdo en todo lo que había dicho. Aaron sigue sorprendiéndome después de tanto tiempo. Es su magia especial. -Me he ganado una respuesta a mis preguntas sin responder, ¿no? –Oh… No había contado con eso… ahora para que preguntara por qué salía por la facultad de Biomedicina. Miré a lo lejos, estábamos muy cerca de la boca del metro, pronto nos separaríamos.
-¿Por qué pusiste esa cara de excesiva sorpresa cuando te dije que quería saber cómo te habían ido los exámenes? –Vaya, había escogido bien. Al menos a mí me convenía.
-A ver como te lo digo… -Cogí aire, pensé dos segundos y empecé a hablar. La parada se iba acercando. -Espero no ofenderte, pero me resulta extraño verte a ti iniciando algún tipo de contacto humano. Me he fijado, e incluso cuando estás con Liam, Leo o Bryce, siempre te quedas callado mirando. No dices nada si no te preguntan. Normalmente. –Me estaba empezando a arrepentir por decir eso. ¿Y si se daba cuenta de todo lo que me fijaba en él? 
-Bueno… Con Ashley no soy así… -Claro. Con Ashley. Qué cosas tenía… Me paré sin darme cuenta, desilusionada, y bajé la mirada. El suelo no es que fuera mucho más interesante, aparte de por… no, ni siquiera por eso. -Y contigo tampoco. –Dejé de mirar el suelo para mirarlo a él. Mucho mejor las vistas. El corazón me dio un vuelco. Tenía razón en eso, siempre había venido a buscarme muchas veces… Más que yo a él. Me había estado fijando en cómo era con los demás y no conmigo… 

Empecé a sentir un gran estremecimiento en mi estómago, que se expandía en todas direcciones. Acababa de darme cuenta de algo que podría haber cambiado las cosas por completo… Con Bryce hacía lo mismo, me fijaba más en cómo era con los demás que conmigo… Es cierto que es un egoísta que sólo piensa él, que quiere ejercer su autoridad todo el tiempo sin importarle lo que los demás quieran. Sí, no iba a negarlo, un agresivo descontrolado... Aunque no era su violencia lo que me hizo dejarlo. Pero conmigo, aunque sólo a veces, cambiaba. Y entonces se vuelve la persona más perfecta del mundo. El chico que debe ser protegido de sí mismo. El día del ascensor lo dejé con él porque siempre, lo único que he tenido en cuenta, ha sido su parte mala. La pregunta no era si fue un error dejarlo, la pregunta ahora era si hubiese podía vivir nuestra relación sólo de su lado bueno. Seguía enfrentada a la misma realidad, sólo que con un nuevo punto de vista. Esta noche pensaría el tema.

-¡Aaron! ¡Hoy me has servido de mucha ayuda! –Dijo al pie de las escaleras de la boca de metro. –Me alegro de verte después de tanto tiempo. ¡Dile a Leo y Liam que cuando acabe los exámenes nos vemos en los descansos! ¡Que no me echen demasiado de menos e intenten sobrevivir sin mí! –Dije de broma. Lo primero iba totalmente en serio, iba a volver a pasar los descansos con ellos. No aguantaba más sin sus tonterías. Aunque no tuviera valor para dirigirle la mirada a Bryce o siquiera mantenerle la mirada o la presencia. En algún momento de mi vida debería volver a hacerlo, y no pensaba retrasarlo más. -¡Nos vemos! –Y sin darle tiempo a responder, porque llegaba ya tarde al trabajo, me di la vuelta para seguir caminando…sobre plano… Había olvidado las escaleras… Y en plancha, como si fuese una tabla de surf, fui clavándome los bordes de cada uno de los escalones en el tronco mientras bajaba.
-¡Valeria! –Se escuchó gritar a Aaron. Cuando llegué al suelo plano y alcé la mirada, él ya estaba allí. Había bajado corriendo los escalones de tres en tres con sus largas pero seguras piernas. -¿Estás bien? –Dijo ofreciéndome una mano y una expresión de preocupación muy graciosa.
-¡Mejor que nunca! –Dije tomándosela y haciendo fuerza para levantarme del suelo. Me sacudí la ropa rápidamente.
-Veo que todavía sigo sirviendo de ayuda. Y que nos hemos visto muy pronto-¡Oh! Lo dijo por lo que dije antes. ¡Qué mono haciendo esa alusión! ¡Su expresión de relajación al ver que estaba bien lo hacía aún más mono!
-Jajaja. Tú siempre. –Le sonreí a modo de agradecimiento y despedida. -¡Y nos vemos! ¡Pero espero que no tan instantáneamente! ¡No quiero caerme en las vías del tren! –Y me giré para seguir andando. Seguía llegando tarde. Eso no había cambiado.
-¡Jajaja! ¡Intenta mantenerte con vida! –Y sentí anhelo escuchar como el agradable sonido de su risa iba haciéndose más leve a medida que me alejaba.

Suerte que llevaba leotardos por el frío de diciembre y no me había visto las bragas… Me sentí aliviada. Menuda vergüenza que las hubiera visto… ¿O me alegraba porque así el estampado de éstas seguiría siendo un secreto entre Bryce y yo? Y una vez más, mi mente encontró una excusa para acordarse de él. ¿Qué hubiera hecho en esta situación? ¿Me habría dicho en broma con su voz de superioridad algo parecido a <te gusta morder el polvo>? ¿Se habría reído de mí? ¿Se habría preocupado? ¿Habría bajado corriendo para ver cómo estaba? No podía callar a mis pensamientos… De pie en el vagón de metro, como no podía ser de otra manera, la gente era ignorante de la batalla campal que se estaba librando dentro de mí. Toda la gente menos Karem.

-¡A ver! ¡No puedo más! ¡O te lo digo o reviento! ¡Y hoy estoy muy impaciente por todo! –Empezó agarrándome la cara con las dos manos desde el otro lado del mostrador en el que yo estaba apoyada con los codos sosteniéndome la cabeza por la barbilla. Como estaba metida en mi mundo, típico en mí, me llevó unos segundos saber de qué estaba hablando. –Llevo semanas… ¡semanas! –Repitió dándole énfasis. -Viéndote ausente. Te pregunté, y me dijiste que era por los exámenes, que estás muy angustiada por sacar buena nota y tal. ¡Pero es que esto ya es demasiado! –La miraba con los ojos descolocados. ¿El qué era demasiado? Estaba un poco perdida… -Ni idea de lo que te estoy hablando… ¿no? –Y giré la cabeza de izquierda a derecha como podía, seguía rodeándome las mejillas con las manos para que le prestara toda la atención. –Ains… -Suspiró. Y dejó de agarrarme. Se alejó y siguió recogiendo ropa. Me fijé en que la tienda estaba vacía. Miré el reloj inconscientemente, era la hora de cerrar. ¿Ya? Qué rápido se me había pasado el tiempo…
-¿El qué es demasiado? –Pregunté totalmente desorientada del tema. Al menos mi mente respondía a mis movimientos. Me dirigí a la puerta para ir cerrando el comercio.
-Te he preguntado TRES veces por a qué hora quedamos mañana para comprarle a Ashley la tarta de queso. Le pregunté cuál era su pastel favorito y me dijo que eso. Es un detalle por invitarnos a la fiesta de pijamas en su casa. Te lo dije hace cuatro, tres, dos y un día. ¿O se te ha olvidado? ¡Me estoy poniendo nerviosa! -¿Por qué estaba así? Sólo era una fiesta de pijamas y un detalle sin importancia…
-Lo siento… Se me había olvidado. ¿Quedamos a las 12 de la mañana? –Dije bajando la persiana de metal de la puerta de entrada. Cuando ya lo había hecho, me giré a mirar a Karem, no había respondido nada. Estaba con una blusa morada en las manos, echando el peso del cuerpo en la pierna derecha mientras movía el pie izquierdo. ¿Qué había hecho ahora? ¿Acaso me había ya que a esa hora no podía y no me había enterado… otra vez?
-Valeria, ya no me creo que todo esto sea por los exámenes. –Se iba acercando lentamente a mí. Con cuidado, como quien no quiere asustar a un león. Tú media está muy por encima de la media. Vas sobrada. Tú estás ausente por otros motivos. –Y puso una expresión tan triste… No quería verla preocupada por mí.
-Ayúdame… no sé qué hacer con mi vida… -Y apoyé mi frente en su hombro.

La tienda estaba cerrada, pero allí estábamos nosotras dos solas, sin dueño que pudiera llamarnos la atención. Aproveché para contarle todo. Mi carga era demasiado para llevarla yo sola. Le expliqué que Bryce y yo empezamos a salir el día de Acción de Gracias, que no lo había visto hasta el domingo después de haber estado haciendo lo imposible por verlo, y que fue el día que lo dejamos. Le conté lo el por qué Aaron me había abrazado públicamente en el patio,  me había quedado a dormir en casa de Alan, el desconocido que me tenía que dar el móvil se me echó encima en mitad de la calle y que todo lo había visto Bryce. Quería que supiera todo detalladamente, y de forma objetiva, que supiera los motivos que había tenido Bryce para destrozarlo todo.
-Pero es comprensible… Sé que le diste una oportunidad, pero es normal que se haya puesto así al verte con tres chicos pensando que no te habías preocupado en verlo… -Ahí las dos estábamos de acuerdo. Su expresión mostraba preocupación por mi situación, pero tranquilidad por saber que no era algún tema grave de salud o familia.
-Sí… Pero no debió haberme espiado… ¿Cómo si no iba a saber todo eso? Vi su coche siguiéndome y todo y no se dignó a bajarse… ¿Si tan deseando estaba por verme por qué no se bajó? ¿Por qué se quedó mirando a ver si hacía algo con ese chico que no debiera? ¿Por qué no me envió ni un mísero mensaje ni me hizo ni una sola llamada todo este tiempo? Mi móvil estaba vacío… -Y agaché la cabeza.. 

No me dolía su agresividad, la oportunidad no la rompió con su violencia, la rompió con sus actos que no me demostraban todo lo que había dicho que sentía. Creía que me había mentido, que el que yo aceptara salir con él era un trofeo. Ganarse a la chica que lo había desafiado y a la que se había enfrentado. Que todo lo de ese día fue un berrinche por haberse dañado su orgullo al haberlo dejado yo a él en vez de él a mí. No había tenido una muestra de amor en todo ese tiempo… Tanto que dijo que estaba perdido e inevitablemente enamorado de mí… No lo había demostrado… ¡Oh! Yo estaba dolida porque lo hubiéramos dejado, porque pensara que le había hecho daño… yo estaba dolida porque en el fondo no me quería, porque todo había sido una mentira y no estaba enamorado de mí… No me había estado escondiendo de él porque no supiera como actuar al verlo… me estaba escondiendo de él porque así tenía una excusa a la que aferrarme cuando pensara que no venía a buscarme para solucionar las cosas… Darse de bruces con la realidad era muy duro. Me había estado ocultando esta realidad estas tres semanas, pensando en otras cosas cada vez que vislumbraba un hilo de pensamientos que desembocara aquí…

-Valeria… ¿no te has parado a pensar que el tipo ese con acento extraño ha borrado todos los mensajes y llamadas? –En mi rotunda desilusión, vi una luz al final del camino. Pero recordé cuando me metió en el ascensor a la fuerza ignorando todas mis súplicas. Ejerciendo su voluntad sobre todas las cosas, sin importarle una mierda lo que pensaran los demás… Era así todo el tiempo, y yo no lo aguantaba. Dejé de ver la luz al final del túnel. Mi momento de feliz fue tan efímero… -Sí, pero eso no quita que estuviera espiándome… -Mucho encarcelamiento en su casa, sin poder salir, pero para espiarme todo el tiempo del mundo…
-A ver, a ver, ¿no me has contado que no podía salir de su casa? ¿Qué su madre lo tenía encerrado y rodeado de guardias por lo de la paliza al mendigo? –Karem era muy determinada, si se proponía algo, lo conseguía. Y ahora se había propuesto devolverme la ilusión.
-Sí. –Debería haberme dado cuenta de lo que ella quería que viera al decir eso. Pero no veía las cosas con claridad.
-¿Y no me has dicho también que te has encontrado a ese chico en demasiadas coincidencias? –Veía brillo en sus ojos. Descubrí que sabía algo que a mí se me escapaba.
-Sí. –Estaba deseando que continuara.
-Pues bien. Si Bryce no podía salir de casa, no podía espiarte. Debió haberse enterado de todas tus andadas porque alguien lo ha tenido que estar informando. Como ya te contó Aaron, ese día se había escapado haciéndose pasar por él, los otros días no puede haber salido de su casa, los guardias lo habrían pillado usando el truco ese más de una vez. –Se paró para ver si decía algo. Le hice un gesto con la cara para que continuara. –Es poco probable, pero tal vez el chico ese te ha estado siguiendo a ti e informando a Bryce de todo.
-Karem… eso no arregla nada… Qué más si me espía él en persona como si manda a alguien para que lo haga…
-No me estás entendiendo… ¿Cómo iba a ser el espía el mismo chico que te abrazó delante de Bryce? Él mismo te echó eso en cara en el restaurante. Si hubiera sido un detective contratado con él, no pensaría quedas con chicos a sus espaldas. –Cierto… muy cierto… -Estoy diciendo que tal vez ese chico ha estado llamando por teléfono a Bryce, diciéndole mentiras, incluso mandándole fotos tuyas con Aaron y Alan para que él se lo crea. ¿No es mucha coincidencia que se te pierda el móvil el mismo día que empezáis la relación tú y él y te lo devuelva el día que la termináis? – ¿Pero por qué Bryce dijo que Aaron había pasado la noche en mi casa? Cuando lo dijo no le di mucha importancia, estaba alucinando por muchas otras cosas, pero ahora que me lo planteaba de nuevo, era extraño. ¿Aunque de dónde sacaba eso? Si Karem tenía razón, el tipo ese no podía haberle enseñado nada a Bryce porque Aaron no se había quedado a dormir en mi casa… Un momento, sí que lo había hecho… Pasó cuando estaba con gripe, incluso vimos una peli, la de “27 vestidos”… ¿Pero cómo el tipo ese iba a tener una foto mía de Aaron en mi casa de noche o despidiéndome de él en el portal? Hacía como dos meses de eso…
-Pero Karem, Bryce dijo que Aaron había pasado una noche en mi casa. De eso hace dos meses… Ese tipo no puede haberle mostrado ninguna prueba. Todo esto que te cuento pasó hace tres semanas.
-¿Y? Puede haber estado planeado desde entonces. Esperando el momento perfecto para soltar la bomba donde más daño hiciese. -Esto que me estaba contando Karem tenía mucha lógica, pero era muy increíble. ¿Por qué ese tipo iría a hacer eso? No me conocía de nada como para estar planeando destruir una relación que por aquel entonces era impensable.
-Continúa por favor. –Estaba ansiosa por saber más.
-Sé que todo esto que te digo es muy de guion de película. Y que es más probable que Bryce hubiese contratado a alguien para que te siguiera antes que un chico que no conoces absolutamente de nada lleve maquinando un plan para destruir tu relación con Bryce cuando ni siquiera estabais juntos. Pero todo encaja como piezas de puzzle. –No podía decir nada, estaba intentando asimilar como cierto lo que estaba diciendo. –Bryce nunca ha tenido novia. Habría salido en la portada de todas las revistas del corazón del país. Incluso cualquier acercamiento más de lo normal con alguna chica. Lo sé porque pasa continuamente con Liam y Leo. –Hizo una pausa, estaba analizando mis expresiones. –Yo creo que Bryce sí fue sincero cuando te dijo que estaba locamente enamorado de ti. No lo conozco, pero por ese hecho de que nunca se le ha visto interesando por ninguna chica, intuyo que sí. ¿Por qué iba a mentirte? ¿Qué gana con eso? Si no tienes ni un mensaje ni llamada de él en tu móvil, es porque el otro lo ha borrado. Eso es un hecho. No es posible que te contratara un detective para vigilarte sin haberse preocupado antes en enterarse por sí mismo de cómo estás. Porque en ese caso, hubiera estado buscando cosas en tu contra, motivos para romper. Y eso no puede ser puesto que te quiere. Que es otro hecho. -Estaba diciéndome de palabra lo que mi mente había estado negándose mucho tiempo. -¿Y por qué el otro querría eliminarte sus mensajes y llamadas? ¿Para no dejar huella de que estaban abiertos y ha cotilleado? Si no pensara verte más después de dártelo eso le debería importar bien poco. Ese tío tenía un plan. –Recordé los ojos del chico. Decían todo lo contrario de lo que hacía. Mentía, y eso lo sabía muy bien, pero nunca habría imaginado esta situación… Porque lo estaba escuchando de los propios labios de Karem, que si hubiera sacado toda esa deducción yo, habría pensado que estaba muy desesperada buscando motivos para no caer. -Cuando se ha eliminado lo imposible, lo que queda, por muy improbable que parezca, tiene que ser la verdad. –Dijo como coletilla final.
-¿Entonces me quiere? –Dije mirando al infinito, absorta en un universo paralelo.
-¿Es eso con lo único que te has quedado de todo lo que he dicho? –Y se golpeó la frente con la palma de la mano.  Suspirando. Se calló para escuchar una respuesta por mi parte. Pero no la obtuvo. El punto del infinito que estaba mirando me tenía realmente absorbida. –Creo que sí. –Y la abracé emocionada tras unos segundos reprogramando mi mente para volver a la “normalidad”.
-¡Cuánto te quiero! ¿Cómo no me has pedido antes que te contara lo que me pasaba? –Dije mientras la estrujaba contra mi cuerpo.
-¡Porque quería que me lo dijeras tú! ¡Que saliera de ti! ¡No quería ponerte en el compromiso de contártelo si no te apetecía por algún motivo! Hoy ya es que no podía aguantar más. –Dijo mientras me apretaba también contra sí. Fuertemente agarrada por sus brazos rodeando mi espalda. Era el calor de la amistad.
-¡Y en el estado en el que estaba se me iba a ocurrir eso? Si ni siquiera era consciente de lo que pasaba a mi alrededor… -Y las dos nos echamos a reír. –Por cierto. Te has hecho la guay con la coletilla de antes. Pero tiene toda la pinta de ser de algún libro. ¡Confiesa que te he pillado! –Ahora que tenía esta nueva visión, había vuelto a ser yo para dejar de ser la chica ausente.
-¡Cómo te he echado de menos! ¡Dios! ¡Debí haberte asaltado mucho antes! –Ciertamente, porque en estas tres semanas, nuestra relación se había vuelto meramente laboral. Soy gilipollas. Cómo me he perdido cada día al lado de Karem por mi cobardía personal…
-Es de Sherlock Holmes. –Y me guiñó un ojo de una manera tan adorable, que no pude evitar darle otro achuchón.
-Pues te viene genial. –Y cerré los ojos durante ese momento.
-Elemental, mi querida Valeria -La magia de Karem. Sólo ella es capaz de encontrarme cuando ni yo misma soy capaz.