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Refranero

viernes, 17 de agosto de 2012

Capítulo 57: Victoria

Capítulo 57: Victoria
Descubrí después que Ashley también lo sabía, pero pensaba que yo conocía la noticia y no me comentó nada para no ser indiscreta. Empecé a hiperventilar. Bueno, ya la revista llevaba tres días publicada y no había pasado nada demasiado malo… No creo que las consecuencias empeoraran ahora… Que teniendo en cuenta que era mi vida, todo es posible, pero ya estaba todo hecho, no podía evitar nada. Lo que tenga que ser será… ¿PERO AHORA QUÉ LE DIGO A BRYCE? ¿Lo sabía él? ¿Por qué no me ha dicho nada? ¿No querría sacar el tema? Me estaba haciendo un interrogatorio a mí misma en el cuál desconocía la respuesta a todas las preguntas. Y lo peor es que no sólo era exclusiva e InTouch… sino en cuatro más… Cuánta alegría y felicidad…

Decidieron ver al final la de miedo. En mi estado de shock no vieron recomendable poner la comedia romántica. Y lo agradecí. Aunque pasé toda la película en mi burbuja particular, ignorando todo lo que provenía del exterior. Y era difícil, porque la pantalla con dimensiones parecidas a las de un cine y el sonido estéreo Dolby Surround te sumergían en la película por completo. Qué capacidad tengo… Ellas sabían que estaba ausente, es fácil darse cuenta cuando una persona lo está. Por eso de vez en cuando Ashley me apretaba la mano o me acariciaba el brazo, o Karem apoyaba su cabeza en mi hombro o me daba un apretón cariñoso. Son un amor las dos. Al final tanto pensar para nada, sólo conseguí comerme el coco inútilmente, como cada vez que lo hago. Nunca podré solucionar mi vida extraña. Cuando volví a ser consciente de la realidad, estaba en una esponjosa, acolchada y mullida cama que se adaptaba a todas las partes de mi cuerpo. Rodeada de cojines y trazos de luz entrando por la ventana a través de las cortinas.

¿Me había quedado dormida durante la película? ¿Cómo había llegado hasta aquí? Con los ojos medio cerrados todavía por la luz, miré la hora en un despertador que había en la mesita de noche. Las 8.53. A las diez entraba a trabajar. Todavía tenía unos minutillos para descansar y perder el tiempo en la cama. La habitación era enorme, la cama tenía en cada esquina un pilar hacia arriba y una estructura de madera que unía cada esquina y era el soporte para unas cortinas que estaban recogidas a cada lado. Esas camas así sólo las había visto en películas. Estaba flipando. El suelo tenía una gran alfombra con preciosas cenefas, la ventana daba al inmenso jardín que no pude apreciar bien al estar hablando por teléfono con mi madre y el dormitorio tenía cuarto de baño privado. No era excesivamente grande, podía tener el tamaño de mi salón. Era muy acogedora, con sillones reclinables, librerías, baúles, un tocador, cómodas, espejos, lámparas de pared a juego con las cortinas. Era como la de una casita de hadas. Las sábanas blancas nunca me habían gustado hasta que las vi conjuntadas en aquel lugar.

Cuando miré de nuevo la hora, eran las nueve y ocho minutos. Me di una ducha ligera y a y cuarto estaba lista. El uniforme también estaba como por arte de magia en un mueble del baño. Pronto estaba bajando las escaleras hacia el gigantesco recibidor preparada para desayunar guiada por una amable mujer de amable sonrisa que me indicó dónde estaba el comedor. Casualmente me la encontré al abrir la puerta de mi cuarto, venía a despertarme. Esta vez me llevó a una sala distinta a la de la otra noche. Esta sí era como las de las películas, una alargada mesa en el centro de una habitación, rodeada de sillas. Karem y Ashley ya estaba desayunando… ¡Tortitas! ¡Hacía mil que no las probaba! Olían desde el pasillo. El sirope de chocolate era mi perdición.

-Vaya, buenos días Bella Durmiente. –Dijo Karem en cuanto me vio. Ashley estaba de espaldas a  mí y se giró por su comentario.
-Buenos días. ¿Cómo has dormido? –Ella tan atenta como siempre.
-Como nunca antes. Ten cuidado no vaya a ser que me robe la cama sin que te des cuenta. –Dije bromeando sentándome en la silla. Mi plato de tortitas calentitas estaba sobre la mesa. Me serví un vaso de leche fría.
-¡Toda tuya! Y sírvete todas las tortitas que quieres, hay de sobra. –Ella las estaba tomando con sirope de fresa y Karem con nata. Desde luego a gusto de consumidor.
-Lo siento, ayer me quedé dormida durante la película. ¿Os gustó? –Y dicho eso, probé el primer bocado. Vi deshacerse el cielo en mi boca. Incluso cerré los ojos para centrar todos mis sentidos en el gusto. Calentitas, tiernas, esponjosas, y con sirope de chocolate negro. Era un orgasmo para la boca.
-¡Estuvo genial! Era de terror psicológico. Aunque el final podría haber sido otro. ¿Quién la eligió? –Karem hablaba muy entusiasmada. Ashley estaba masticando. Ahí me acordé de que tenía que despertar a Bryce o sino se enfadaría conmigo.
-¡Ostras! ¡Hay que despertar a Bryce! –Y me levanté corriendo para salir del comedor hasta que me paré al ver que no sabía dónde estaba la habitación de Bryce.
-No está. –Se giró Ashley a mirarme desde la silla. Su sitio está de espaldas a la puerta. –Salió esta mañana muy temprano. Me lo dijo el guarda. Dice que le había surgido un imprevisto. –Me quedé a cuadros. Tras unos segundos de bloqueó, reaccioné y volví lentamente a mi sitio. A seguir comiendo tortitas. Sin comentarios.
-Pues nada. –Dije antes de darle otro bocado a las tortitas.

Ellas no quisieron preguntarme nada del tema. Seguimos hablando de la película, sobre qué iba y tal. Ashley se comprometió a devolverlas en el videoclub, quería ver la comedia romántica. Yo no le puse problemas. Confiaba en ella. A las nueve y media Karem y yo salimos de allí para dirigirnos al trabajo. Le dimos las gracias a Ashley tras ofrecerse a ponernos un chofer para llevarnos y negarnos. Cuando íbamos caminando por el jardín para salir a la carretera, me acordé de una cosa.

-¿Al final que pasó con la tarta de queso que íbamos a regalarle a Ashley? –Le pregunté a Karem. Ella estaba ida adorando también el maravilloso jardín. Ya no era yo la única. Ella permaneció callada unos segundos mientras seguía mirando a su alrededor, yo la miraba expectante, al final se giró y respondió. Parecía que había usado ese tiempo para prepararse para algo.
-Pues me llamó antes de ir a comprarla. Quería que viniera antes a su casa. –Am. ¿Cuándo se habían echo tan amigas? Yo me alegraba miles. Pero me pilló de sorpresa. –Y no me dio tiempo de comprarla. -En ese momento llegamos a la puerta de entrada, que se abrió automáticamente al aproximarnos a ella. Se veía tan pesada por las rejas de hierro que parecía imposible que pudiese moverse con tanta facilidad.
-Pues ya pensaremos otro detallito. Ashley es un amor, me da cosa no agradecérselo en condiciones. –Dije moviendo la vista de la puerta a Karem y de Karem a la puerta. Ella seguía inmersa en sus pensamientos. Al final habló. Se puso frente a mí mientras esperábamos a que se abriera del todo y me cogió de las manos.
-Tengo algo que decirte. Quiero que seas la primera en saberlo. –Se le pusieron los ojos brillantes y disimulaba una sonrisa. La cara se le iluminó. Oh dios. –Ashley y yo…
-¡Señorita Valeria Spinoza! La hemos estado esperando. -Dijo una voz a mi izquierda que interrumpió ese momento. Me giré a mirar quién era. Un chofer de los típicos con uniforme negro y gorrito estaba hablándome con expresión de preocupación. -El señorito Bryce nos ha encargado que la llevemos a su trabajo en su ausencia. Dice que lo disculpe que después se lo explicará. Suba al coche por favor. –Hablaba en tono amable y servicial. Miré al coche. Era ese Lexus negro que había venido a recoger a Bryce varias veces. Miré dentro, las ventanillas estaban tintadas y no podía ver dentro, pero sí podía vislumbrar una sombra de una persona que me observaba a través de la ventanilla. Miré a Karem y ella me miró a mí. Ninguna sabía qué hacer. Me la llevé unos pasos más atrás para hablar a solas.
-Karem, ¿tú quieres ir en coche? Yo voy a ir en metro. –Dije bajito cerca de su oído. Me miró extrañada.
-¿Por qué? ¿Qué problema hay? ¿Rebeldía sin causa? –Ella veía tan evidente tener que montarnos…
-No, rebeldía con causa. No quiero aprovecharme de él. No estoy a su lado para disfrutar de sus comodidades y la infinidad de cosas que puede ofrecerme. Me siento mal si lo hago, no va conmigo, me entra algo de cree que pueda pensar eso de mí. –Y era cierto. Es como cuando alguien te invita, no es malo ni mucho menos, pero te queda la cosa de que no debería hacerlo.
-Pero si la otra persona quiere y le apetece, y se ofrece, ¿por qué hacerle el feo de rechazarlo? Que sí, que a mi también me pasa esa sensación, pero me pongo en el lugar de la otra persona y puede tomárselo como un desplante. –Y le daba totalmente la razón a Karem, pero mi situación es diferente. Él es un multibillonario y yo una chica de clase media-baja. Quiera o no, siempre existirá ese infranqueable espacio entre los dos.
-Lo sé. Luego se lo explicaré a Bryce y espero que lo entienda. Pero quiero que lo nuestro sea una relación normal de chicos cotidianos.
-Como quieras, pero díselo tú al hombre. –Y volvimos las dos a estar frente a la reja de entrada. Allí nos esperaba impaciente el hombre.
-Señor, discúlpeme pero hemos decidido que iremos andando. –Dije con mi más amable sonrisa y tono de voz, como si así pudiera quitarle importancia al rechazo. El chofer me miró desconcertado, ¿temía por él? ¿Y si le buscaba una bronca con Bryce por no haber cumplido su misión? ¿Por qué me meto en estos líos?
-Pero señorita, la orden directa del señorito era no dejarla ir sola bajo ninguna circunstancia. -¡Bien! ¡Ya lo tenía! Podía aferrarme a eso. Se me iluminó la bombilla.
-Y no voy a ir sola, voy a ir con Karem. –Y la cogí del brazo y me la pegué al cuerpo. Ella saludó nerviosa después de lanzarme una mirada asesina.
-Hola.
-Muchas gracias por todo. Hasta luego. –Y salí andando tras despedirme con una sonrisa arrastrando a Karem del brazo conmigo. Pero al parecer no era suficiente, tras unos pasos de imaginada victoria, me habló.
-¿Y qué le digo al señorito? –Esa palabra estaba empezando a chirriarme en los oídos. Me giré tras unos segundos de duda.
-Que no se lo tome a mal. -Le respondí mientras andaba de espaldas. Karem y yo metimos el turbo, íbamos a llegar tarde a este ritmo. Yo volví a echar una última mirada a la sombra del interior del coche. ¿Quién habría dentro? Bah, ya daba igual.

Llegamos a las diez en punto. Deberíamos haber abierto la tienda hace cinco minutos o más. No creo que eso tenga tampoco mucho delito. Espero. Empezaron a entrar clientes al momento. Pronto la tienda estaba llena. Cómo se notaban las vacaciones de navidad. Y yo sólo tenía el día libre en nochebuena, nochevieja y año nuevo. Al fin a las dos y media quedó la cosa más tranquila. El relevo llegaría a las tres menos cinco. Ya contaba los minutos.

De repente vi que una guapísima rubia de metro ochenta entraba en la tienda con un cuerpazo de infarto. Ojalá yo vamos… No podía apartar los ojos de aquella despampanante criatura que acababa de entrar. Toda una señora distinguida y con clase. Con un sombrero de ala ancha que le cubría el rostro y unas gafas de sol a lo mosca que se lo cubría aún más. Su gusto por la ropa era exquisito. Un bolso de mano que destilaba lujo por cada costura, eso sí, le faltaba el chihuahua dentro con cara de mala leche. Parecía una ejecutiva sexy, y eso que no iba provocativa. Yo llevo ese conjunto y estoy para que me metan en una bolsa de basura. La chica alzó la vista para mirarme a través de las gafas y empezó a caminar hacia mí tras esconder una sonrisita.

Sin embargo, no iba a estar tan tranquila ese tiempo que me quedaba hasta el descanso. Ni admirar a ese bellezón tranquila podía. Yo sabía que tenía una conversación pendiente, no porque se hubiese aplazado, pero estaba segura de que Karem no se había quedado conforme con mi explicación. Y así fue, efectivamente, a las dos y cinco me asaltó.

-A ver, explícamelo. Porque a mí antes no me quedó muy claro. –Empezó al acercarse a mí de golpe. Me sobresalté, no la esperaba, todos mis sentidos estaban en ese momento en la rubia potente. Y eso que no me gustan las tías… Llego a ser un tío y flipa. -Si a Bryce se lo explicas entenderá que no lo haces para aprovecharte de él. No veo el problema. –Dijo empezando la conversación como si hubiéramos estado todo este tiempo hablando sobre ello. Como si tal cosa. Suspiré y comencé a hablar. Noté que la atractiva mujer, que estaba rebuscando plácidamente entre la ropa, paró por un segundo para volver a continuar.
-Quiero una relación normal y corriente. No algo como las estrellas de Hollywood. –Comencé a hablar. -Capaz y todo de que al día siguiente le de por regalarme carísimos vestidos, o me pida cita en importantísimos salones de belleza. Y más, me compre lujosísimas joyas o maquillaje de marca, o me invite a spas, importantísimos eventos multitudinarios. –La chica rubia nos estaba escuchando. Se le notaba, pues tardaba tiempo en reaccionar, pues tenía que estar pendiente de disimular y de poner toda su atención. Moví a Karem por los hombros tres metros más lejos y bajé el tono de voz. Ella comprendió que era para mantener más intimidad. -No hace falta ir tan lejos, mira la revista y dime si piensas que eso me gusta. ¿Sabes lo que te quiero decir? Algo normal. –Esperaba que lo entendiera. Se quedó callada imaginando ese tipo de vida. Incluso perdió la mirada en el techo y dejó una camiseta en sus manos que antes estaba doblando. Yo aproveché para volver a mirar a la rubia. Estaba escuchando nuestra conversación, se había movido hacia una zona donde podía seguir oyéndonos. ¿Estaba intentando escuchar? Le hice un gesto con la cara a Karem para movernos otra vez. Al fin vio a la mujer, pero su cara expresaba comprensión, no asombro al ver semejante pivón. Había pillado mi mensaje. No esperaba menos de ella.
-Me hace gracia que cualquier chica estaría encantada con eso menos tú. Tal vez por eso Bryce se enamoró de ti. –Y lo soltó como quién no quería la cosa con una sonrisa condescendiente. Al menos habló bajito. ¿Enamorado? ¿Seguía enamorado después de todo lo que le había hecho? Sin darme cuenta, de pronto me sentí de buen humor. Hoy nada me haría cambiar eso.
-¿Cómo se te ocurre decir eso? No lo sabes, sólo son sospechas tuyas. –Me había dado un vuelco el estómago. La distinguida señorita dejó el montón de ropa con el que había estado jugando antes y se cambió a uno pegado a nosotras. Por segunda vez. Dije volviendo a moverla por tercera vez porque la otra no dejaba de arrimarse más y más a nosotras, metiendo el oído disimuladamente.
-Por cómo te mira, cómo te habla, cómo te trata, ¡cómo todo! Esas cosas se saben Valeria. Y te lo está demostrando. Deja las inseguridades, ni que fuera imposible que alguien pudiera enamorarse de ti. –A ver, nunca le he gustado a nadie, que me permita ser un poco insegura o escéptica a aceptarlo ahora tan de repente. Esta vez ya me estaba tocando las narices. La rubia se había vuelto a mover a nuestro lado. Y encima haciéndose la que se prueba algo por encima y se mira al espejo. Cogí a Karem por el brazo y me la llevé al otro lado del mostrador. Nos agachamos e hicimos como la que estábamos cogiendo algo.
-Karem, tengo miedo. No sé qué hacer. Vivo con el miedo de que vuelva a ocurrir algo y nos separemos. No podría volver a soportar otra despedida de Bryce. –Y me abracé las rodillas estando en cuclillas. Me caí hacia atrás y la vi. La misma mujer de antes estaba apoyada en el mostrador haciendo como que miraba los perfumes. ¡Ya habían sido cuatro veces! ¡Era demasiado! Me puse de mal humor. Sí, ella lo había conseguido. Y sí, soy muy voluble.
-Disculpe, ¿desea que la ayude? -Dije ya con la poca paciencia que me quedaba tras ponerme de pie. Lo siento, me salió una sonrisa y un tono de voz muy falso. La chica se me quedó mirando sorprendida, no podía verle los ojos debido a sus gigantescas gafas de sol, pero se le notaba. Se quedó sin saber cómo reaccionar, normal, acababa de decirle entre líneas mis intenciones por hacerle entender que no quería que se enterara de lo que estaba hablando y por apartarla de la conversación.
-Eeeeh, sí. La falda roja que lleva ese maniquí. -Y señaló con el dedo el sitio, me giré para mirar. ¿Una sola prenda y llevaba en la tienda quince minutos mirando? <al menos había sido astuta, la falda roja que me pidió no estaba en un sitio visible, le hubiera quedado muy descarado que se encontrara fácil. Así hubiera demostrado su falta de atención en la ropa por estar cotilleando. Eso sí, la falda era fea con ganas. Era de tela, llegaba hasta la rodilla y era de tablas delgadas y largas. -No la encuentro por ninguna parte. -¿Estaba improvisando o tenía planeado decir eso para esta situación? Se le veían sus verdaderas intenciones claramente, esta a mí no me engañaba. La policía no es tonta. Muchos meses viviendo en un ambiente así en la Uni.
-Ahora mismo se la doy. ¿Qué talla quiere? -Pregunté cansada de la vida. Karem ya se dio por vencida y se fue a ordenar ropa por ahí. -La 38. - Dijo sonriente. Fui a buscarla rápidamente para volver a la conversación. En cuanto se la di se fue al probador. Cuando Karem volvió a acercarse a mí con intenciones de asaltarme de nuevo con el interrogatorio, escuché su aterciopelada voz.
-Valeria, perdona, ¿podría traerme la 34, por favor? Esta me queda grande. –Dios mío. Le había dado tiempo hasta de mirar mi nombre en la plaquita que colgaba de mi pecho. Esta tía era ávida. Me giré a mirarla, Karem suspiró. Tenía la falda agarrada por dos dedos sujetando todo lo que le sobraba. ¿Ya le había dado tiempo de quitarse su falda, ponerse esa, mirársela, quitársela y volverse a poner la suya? ¡Pero si nada más cerrar la puerta del probador fui disparada a por Karem y ni me había dado tiempo de llegar?
-¿La 34 ha dicho? –Pregunté para corroborarlo. ¿Cómo pasa de una 38 a una 34 así como así? Ahí no había estado muy perspicaz. Lo había hecho a posta. Fijo que quiere algo y no es especialmente ropa. Y así fue, en cuanto le entregué en mano la nueva falda, actúo.
-No he podido evitar escuchar la conversación de antes con tu amiga. -¿Que no ha podido evitarlo? ¡¡COMO EL QUE LO HA OÍDO POR ACCIDENTE!! Y llevaba todo el rato metiendo oído… ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! Si después de esquivar tantos intentos de hundirme en la Uni, mi instinto para descubrir las intenciones ocultas de la gente es impasible. Ahora me había preocupado. ¿Hasta dónde había escuchado? –Escuché que hablabais de un Bryce y me he acordado del que sale ahora en las revistas. No sé si lo conoces. –Sí, y demasiado bien. Siguió hablando sin esperar a que respondiera. Esta iba al grano. No podía verle los ojos y eso me ponía nerviosa. ¿Por qué no se quitaba las gafas? Estaba en un local sin sol. -¿Qué piensas de la chica con la que dicen que está saliendo ahora él? ¿Cómo era de apellido…? ¡Ah sí! Domioyi, Bryce Domioyi. –Ya sabía de quién hablaba… Miré de refilón a Karem a ver si ella se daba cuenta de lo que estaba pasando. Nada, en su mundo metida… Así no había quien me sacara del lío… ¿Iba ahora a hacerme creer esta tía que no me había reconocido? ¡Si aparezco en todas las fotos! ¡Y no es que tenga una apariencia muy común! Me salté por las ramas.
-Pues que deberían darle más intimidad a esa pareja. Tiene que ser un verdadero agobio para los dos que la gente se meta en su vida. Teniendo que escuchar preguntas comprometedoras, comentarios fuera de lugar o… ¡ni siquiera eso! ¡Que la vida de cada uno es privada! –Indirecta. Me crucé de brazos haciéndole ver que no iba a aceptar otra cosa. Ella se paró a pensar un segundo y habló.
-Me refería a que si es una chica interesada en él o en su fama y dinero. –Tampoco me sorprendía la pregunta… La verdad…

Y me estaba preparando para tener respuestas rápidas y cortantes. Iba a necesitarlas. Esto era otro interrogatorio. ¿Sería alguna chica del pasado de Bryce que sigue enamorada de él y está celosa de mí? Seguramente. Pero por mucho más maravillosa y más perfecta que yo que fuera, no iba a achantarme. Si Bryce me había elegido a mí entre todas, debía sentirme segura de ello. No creo que me mintiera al decir que nunca se había acostado con ninguna chica ni que nunca tuvo novia. Se pueden hacer muchas otras cosas en clubes nocturnos… ¿no? Bueno, ¿y que más me da su vida pasada? Ahora parecía ser que sólo estaba por mí. Aunque tampoco sé cómo ha sido con otras chicas, si se interesaba lo mismo o no… Pero todos me decían que yo lo estaba cambiando, eso significaba algo, ¿no? ¡Dios! ¡No puedo más!

-La veo una buena chica. ¿Sabe? No todo se mueve con dinero y hay gente muy poca, pero la hay, que considera cosas más importantes que la riqueza. –Le respondí con tono seguro y mirada convincente, aunque por dentro estuviera viviendo una completa batalla campal.

En ese momento se quitó las gafas lentamente, con énfasis, como colectando tiempo para pensar una respuesta u otra pregunta. Sus ojos. Eran grises. Me quedé flipada ante su potente mirada. Era guapísima, por un momento pensé que incluso más que Ashley, y eso ya era decir, porque yo a Ashley la consideraba una diosa. Su rostro fino, su piel suave y sin tacha, maquillada con gran exquisitez, no muy cargado. Pestañas infinitas y labios carnosos. Dentadura perfecta. No me había fijado antes debido a que sus odiosas gafas acaparaban toda mi atención. Incluso se le formaba un hoyuelo adorable a cada lado de la comisura de los labios. Era arrebatadoramente bella.

-No creo que sea nada serio, seguro que cortan pronto. Esta gente no sabe encontrar una pareja estable. Y se apoyó de espaldas contra la pared del probador, al igual que yo cruzó los brazos, dando a entender que no aceptaba cambiar de opinión. Su respuesta me había irritado mucho. Me había dejado traspuesta su carita de muñeca, pero no podía bajar la guardia. Había dado en el clavo, éramos una pareja inestable. Pero no sólo éramos eso.
-¿Y usted que sabe? Hay parejas muy estables que acaban rompiendo y parejas muy inestables que nunca podrían separarse. La personalidad de cada uno influye en la relación, por supuesto, y traerá más o menos problemas, pero al final, lo que mueve a continuar con la relación son las ganas de estar juntos que tienen. –Y era lo que pensaba, no lo sabía hasta ese momento, nunca me lo había planteado. Pero sí, eso era. La chica escondió una risa. Eso lo había dicho más alto de la cuenta. Algunas personas se giraron a mirarme. Y ahí fue cuando Karem me vio. ¿Por qué no venía en mi ayuda? Tal vez se había quedado tan flipada en colores como yo que no sabía reaccionar.
-Vaya, estás hablando del amor. ¿No? ¿Eres de las que piensan que el amor lo puede todo? Pues porque no siempre triunfa, desgraciadamente. –Esta conversación era muy extraña. Estaba hablando con una completa desconocida sobre mi vida privada con Bryce como si en verdad estuviéramos hablando en plan marujeo de la vida de dos famosos. –Hay cosas que, por mucho que luches o lo intentes, no tienen solución ni arreglo. Diferencias insalvables o caprichos del destino. Circunstancias exteriores que te obligan sin querer. –Por un momento, vi un reflejo de desilusión en sus ojos. ¿Había recordado su pasado? Ni siquiera sabía la respuesta a la pregunta. ¿Se referiría a su relación con Bryce? ¿Hablaba de amor no correspondido? Porque yo hablaba de uno correspondido.
-Soy de las que creen que se puede luchar hasta el final cuando se quiere algo y no rendirse nunca. Claro que hay situaciones que te obligan a tomar decisiones que no quieres, por supuesto, eso provoca una relación inestable, entre otras cosas. Pero puede seguir unida si el sentimiento es fuerte. -¿Estaba describiendo mi propia situación? Ella me miraba seria. No respondió en todo el rato que tuvimos de contacto visual. Aproveché para hacer el jaque mate. -¿Y qué tanto interés tiene? Ellos son sólo un chico y una chica que están intentando dejarse llevar pos sus sentimientos. Si les va bien, mejor para ello, si no, ¿a quién le importa sino más que a ellos? –Agregué para enfatizar que estábamos hablando de dos famosos que no tenían nada que ver con nosotras. Ese fue mi punto y final. La chica se puso de nuevo las gafas tras quedarse un momento sin expresión.
-Gracias, voy a probarme esta. –Dijo tras sonreírme cálidamente.

Las últimas palabras que pronunció las dijo sin mirarme a mí, sino a alguien que se encontraba mi espalda. Pasé del tema. No iba a comerme el coco por esto. Miré el reloj un poco traspuesta tras esta extraña conversación con una completa desconocida. Había sido demasiado intensa para mí. Ni con Karem las tenía yo así. Eran las tres en punto. Hora de irse. El relevo ya había llegado y ni me había dado cuenta. Al levantar la visa del reloj lo vi. Con su típica cara de serio a la que me tenía acostumbrada. Cuando lo vi justo estaba atravesando las puertas automáticas de cristal, me buscó un segundo entre la gente y en cuanto me vio, se dirigió convencido hacia mí sin mirar nada más. Con paso firme y seguro. Karem había acertado. Se había pasado a recogerme del trabajo. Sentí miedo por su reacción. No quería una discusión y no supe evaluar por su expresión cómo se sentía.

-Te mandé al chofer para que no fueras sola al trabajo y me ha dado la fantástica noticia de que no montaste en el coche. –Por favor, que no volviera a ser el Bryce dominante y mandón. Tragué saliva. Se me había acelerado el pulso.
-Estrictamente no me he venido sola. Vine con Karem. –Y me salí por las ramas. O lo intenté. Él miró al mostrador al seguir mi mirada que apuntaba hacia ella. Karem nos miraba con sonrisa nerviosa a modo de saludo. Ah, también movió la mano. Bryce alzó la suya cortésmente. Vaya, eso no me lo esperaba. Seguía acostumbrada a que todo le diera igual menos sus intenciones.
-No sabía que era tu compañera de trabajo, es más, no me lo dijiste porque ni siquiera me la presentaste anoche. Lo hizo Ashley, y sólo mencionó que erais mejores amigas. –Ahí tenía toda la razón del mundo. Fallo épico el mío. Si es que se me va la olla en cantidades industriales. Me mordí el labio a modo de disculpa.
-Lo siento. No me di cuenta. Ayer no estaba yo muy avispada precisamente. –Y le sonreí nerviosa. El me miró condescendiente, suspiró y me rodeó con sus brazos. Eso sí que no me lo esperaba. Me quedé a cuadros.
-No sabes lo que me entró cuando me enteré de que no te montaste en el coche. Igualmente debiste haber ido en él las dos juntas. Sigue siendo más seguro aunque no vayas sola por la calle. –Me estrechó dulcemente con él. Yo acomodé la cara en su pecho. Nunca me cansaré de decir lo bien que huele. –He venido de inmediato. Como siempre tu móvil aquí no tiene cobertura. Y encima no sabía dónde trabajabas. ¿Por qué te gusta ponerme las cosas tan difíciles? –Él escondió su cara en mi pelo. Podía apoyar su barbilla en mi cabeza si se encorvaba un poco, pero prefirió hacerlo más para esconder su cara entre mis bucles. Ahí fue cuando lo comprendí todo. Lo había planeado para protegerme, no por mi comodidad. Me conmoví y me sentí culpable por haber pensado así. Lo abracé fuerte y cerré los ojos.
-Lo siento, no sabía que te preocuparías tanto. No pensé que lo hicieras por miedo a que me pasara algo. –Ese era el motivo de su inquebrantable idea de llevarme él al trabajo cuando me lo dijo anoche. Cuando los dos fuimos conscientes de que éramos el centro de atención de todo ser vivo allí metido, que nos llevó bastante tiempo por cierto, nos separamos nerviosos y disimulando.
-Bueno, ¿a qué hora terminas aquí? Después de todo lo que me ha costado descubrir que trabajas aquí, no tengo ganas de esperarte mucho. –Dijo mirando a otro lado metiéndose las manos en los bolsillos. Karem me levantaba los pulgares a modo de “¡GENIAL TÍA!” desde el mostrador. Esta chica siempre comprometiéndome.
-Ya he acabado. Ahora mismo cada segundo de más que estoy pasando aquí debería contar como deshora. –Y opté por dejar de mirar a mi alrededor. Me sentía como la pantalla de un cine. Todos mirándome embobados. Pasaban sus miradas de Bryce a mí y de mí a Bryce. Él reaccionó lento a mi respuesta. ¿Acostumbrado a ser el centro de atención en todas partes y ahora se ponía nervioso porque lo veían en modo sentimental? Incluso se ruborizó un momento. Me encantaba. ¡Tan tierno!
-¡Ah! Pues vámonos, tenemos una visita pendiente a la comisaría. –Dijo sacándose las manos de los bolsillos. -¿Quieres que te llevemos a casa, Karem? –Y se giró para ir a la puerta de salida. Ella también reaccionó tarde ante la sorpresa de la inesperada invitación.
-Eeeeh, no, he quedado justo ahora después del trabajo. -¿Había quedado de verdad o lo hacía para no molestar? Ella ya se había cambiado de ropa y se había quitado la de dependienta de la tienda.
-Pues vamos Valeria, hoy tenemos prisa. También hemos quedado después. -¿Este tío hacia planes sin contar conmigo? Que no empezara así como antes a dejar de importarle mi opinión. Bryce me agarró de la mano para tirar suavemente de mí hacia la salida.
-Espera, espera, espera. No me he cambiado de ropa. –Y para mi sorpresa se paró. Seguíamos recibiendo todas las miradas de la tienda, y seguía incomodándome, pero qué podía hacer…
-Da igual. Si estás igual de fea que siempre. No pienses que el uniforme te favorece mucho más que esto. –Bromeó. Y me gustó. Siempre había soñado con una relación de pareja tan cómplice.
-¡Pero tengo que dejar la ropa aquí! ¡Son normas de la tienda! –Aquello era todo un espectáculo. Sobre todo para las señoras mayores.
-Porque te la lleves un día no va a pasar nada. –Seguía sin soltarme la mano. Ambos teníamos los brazos estirados. Lo miré con cara de “Venga ya, si sabes que al final me vas a dejar, no lo alargues más” Y pilló el mensaje. –Anda, venga, rápido. Ya estás tardando. –Y se cruzó de brazos para mostrar aún más impaciencia.

Me cambié en un visto y no visto. Cogí mi mochila y salí corriendo hacia Bryce. Karem estaba afuera en la calle, esperando imagino que a la persona con la que había quedado. Bryce volvió a cogerme de la mano y metimos aún más el turbo hacia el coche. Íbamos tan rápido que dejamos la tienda atrás y ni me había dado cuenta. Cuando doblé la cabeza para despedirme de Karem y de las chicas que venían a hacer el turno de tarde con la mano, la vi. La despampanante rubia del interrogatorio justo estaba saliendo del probador con la falda roja en la mano. ¿Se había probado en medio segundo la primera falda y en siete minutos la segunda? Peor todavía, ¿me había descubierto con Bryce? Bah, seguro que ya sabía de antes que yo era la chica de la revista. No tiene otra explicación si no aquella conversación. Ya daba igual. Nos montamos en el coche que estaba aparcado en segunda fila y creando un atasco increíble. Él sí, él puede, otro no pero él sí. Y como si nada emprendimos el camino. Ignorando los bocinazos y comentarios de la gente.

-¿Por qué tanta prisa? Se supone que la comisaría de policía está abierta 24h. –Dije tras acomodarme en el asiento y abrocharme el cinturón.  Íbamos en un flamante deportivo negro. Entonces lo recordé, era con el que atropelló a aquel hombre el día en que digamos, nos conocimos. Se me pusieron los vellos de punta.
-Te he dicho que hemos quedado después. Quiero que conozcas a una persona. –A saber quién… Miedo me daba… -Es el motivo por el que no he podido llevarte hoy yo al trabajo en coche. Surgió el imprevisto y tuve que irme. Lo siento. –La carretera estaba tan abarrotada de tráfico, que ponía todos sus sentidos en la conducción. Ni se había dado cuenta de que seguía sin decirme a quién iba a presentarme…
-¿Pero a quién quieres que conozca? –Ya estaba yo para recordárselo.
-Ya te lo diré cuando veas quien es. Quiero que sea una sorpresa. –Y se giró un segundo para sonreírme. Claro, como si eso fuera a arreglarlo.
-¿No me vas a decir quién hasta que lo tenga en mis narices? ¡No me gusta tener intriga! –Lo odiaba.
-Pues es lo que hay. –Y encima lo dijo riéndose. Disfrutaba viéndome así. Capuyo…
-Pues me declaro en huelga de silencio hasta que me lo digas. –Y crucé los brazos para no volver a hablar más hasta que lo dijera.
-Cómo quieras. Jajaja. –Y encendió la radio para escuchar música. Lo peor es que se puso a cantarla y todo el muy… Me reafirmo. CAPUYO.

Bah, pasé del tema y me puse a mirar por la ventana para desviar la mirada de vez en cuando hacia él. Hace un mes y medio me habría molestado mucho que volviera a hacerse otra vez lo que su voluntad decía, ahora no me importaba. Ya no lo veía como un niño rico caprichoso y mimado, que era lo que me jodía. Ahora lo veía más como cosas que hacen los chicos en una relación cuya personalidad es dar juego yJODER, que sarta de tonterías estoy diciendo, lo reconozco. Bryce se había convertido sin darme cuenta en mi debilidad, me era incapaz enfadarme con él. Y me daba miedo, no sabía hasta dónde podía llegar a permitirle todo, podría aprovecharse de eso. Aunque en verdad no debía pensar eso. Se supone que en una relación uno no tiene a su servicio al otro. Con Aaron no tengo tantas comeduras de cabeza, todo es más natural. Sin darme cuenta, llegamos a la comisaría. Aparcamos en los aparcamientos exteriores que tenía, todos los coches eran súper lujosos, el sueldo de aquí tenía que ser generoso, pero reparé

-Ya estamos aquí. -Bryce me habló pero yo no dije nada. Mantenía firmemente mi decisión. Me quedé observando la comisaría. Seguía igual que la recordaba. Ese edificio blanco y antiguo que por dentro está decorado muy modernamente. Era irónico, la segunda vez que venía aquí y era junto al chico al que venía a denunciar la primera vez. -Irónico, ¿no? No me he dado cuenta hasta ahora. La chica que una vez vino aquí a ponerme una denuncia por carreras ilegales, viene aquí ahora junto al chico al que quería imputar en el mismo coche en el que iba aquella vez para poner una denuncia a un tipo que ha intentado asesinarlos tras sus reconciliación. –Bryce habló otra vez mirando hipnotizado el grandioso edificio. Me quedé de piedra.
-¡Justo lo que yo estaba pensando! –Dije demasiado alto por la emoción. ¿Casualidad? No lo creo. Pienso que tal vez no somos tan diferentes. Solemos coincidir en lo que pensamos.
-¡Por fin hablas! Vaya, pensé que estabas en huelga de silencio. –Abría muchos ojos para hacerse el sorprendido. Vaya, nunca consigo lo que me propongo. Me llevé las dos manos a la boca para tapármela. Mierda… -Jajaja. ¡No seas tan dramática anda! –Y con un brazo me acercó a él, me apretujó contra su costado derecho cariñosamente y apoyándose en mis hombros echamos a andar. Si es que me dejaba sin defensas… Yo no dije nada porque me quedé en blanco, sin saber qué decir.

Entramos donde fui yo aquella vez y por primera vez en mi vida y sin que sirviera de precedentes, se cumplió aquello que quería. El mismo tipo que me había intentando sobornar y que casi hace que se me explotase la vena del cuello, era el mismo que estaba atendiendo esta vez. Casi lloro de alegría. Esta se la devolvía. Qué razón tiene ese dicho de: el tiempo pone a cada uno en su lugar… Bueno, bueno Valeria, no te emociones, que siempre te pueden salir mal las cosas.

-Bryce, déjame hablar a mí. Tengo un asuntillo de honor que arreglar. –Y se me quedó mirando sorprendido para después pasar a una expresión de <todo tuyo>. ¡Ja! ¡Esta era la mía! Lo cogí de la mano y lo conduje hacia los asientos, donde se sentó él, yo decidí permanecer de pie. Quería taparlo con mi cuerpo para ganarme el respeto y atención por ser una ciudadana neoyorquina que necesita ayuda, no por ir con el hijo de su inversor. No le daba completamente la espalda pero si lo cubría desde el campo de visión del hombre.

–Hola buenos días. –Dije con un tono que hacía ver que ahí estaba yo. El mismo tipo gordo, de cara roja y redonda, barba blanca y gafas antiguas con las que mira por encima.
-Buenos días. –Dijo sin fijarse en mi acompañante. Estaba de pie mirando unos ficheros en unos cajones. -¿La han avisado para sentarse? Debe esperar en la sala de espera, señorita. -Puso cara de pocos amigos, parece ser que no le gusta que lo interrumpan cuando está haciendo algo. Vaya, como a mí. Si a lo mejor somos almas gemelas y todo… IRONÍA. Este hombre era una de las pocas personas que tienen la capacidad de alterarme mucho y muy pronto.
-En la sala de espera no había nadie. Y me he fijado en que tampoco hay que coger número para ser atendido. -¿Qué le pasaba ahora? La otra vez entré y fui atendida de momento. ¿Se acordaría de mí? –Además, el escritorio no estaba ocupado. Pensé que no pasaría nada por sentarnos.
-Pues va a tener que esperar, señorita. Si es tan amable, tome asiento ahí mismo hasta que pueda ser atendida. –La educación la tenía sólo en las palabras, porque en lo que respectaba al tono de voz y los modales, dejaba mucho que desear.

Miré a Bryce, se le veía intentando aguantar sus ganas de responder, se estaba conteniendo porque yo se lo había pedido. Al igual que yo, este tipo lo ponía alterado. El comisario se dio la vuelta para volver a su fichero en el cajón. Nos había hecho el vacío más completo y absoluto. Bryce hizo el ademán de levantarse para imponer más estando de pie, yo lo frené y le volví a decir que me lo dejara a mí. Aquel hombre no se había fijado en él, y por eso no había reconocido al miembro de la familia Domioyi. Pero no iba a usarlo para ganar respeto. Este me iba a escuchar a mí. Por eso seguí de pie dándole la espalda a Bryce, quería cubrirlo con mi cuerpo. Entonces por casualidad lo vi. Ahí tenía mi pase a la victoria.

-Pues no veo por qué tenemos que esperar si está jugando una partida de sudoku en el ordenador. –Sí, ahí le había dado. Vi sin querer la pantalla de su ordenador, que estaba colocada de un modo que la persona que estuviese sentada al otro lado, no lo viera, pero yo estaba de pie. El comisario se subió las gafas lentamente con un dedo, dejó el fichero en el cajón y se sentó a atenderme. Entrelazó los dedos.
-No creo que eso sea de su incumbencia. –Y ahí se dio cuenta. –Oh, es usted la señorita que quería cambiar el mundo y que pensaba que el dinero no da la felicidad. Pues déjeme decirle que el flamante Bentley que está aparcado en la puerta, es mío. Y soy muy feliz con él. –Sonreía maliciosamente. Como no esperaba menos. Su forma de hablar tan despótica me irritaba, y mucho. Y la risa que Bryce intentó disimular sin éxito no es que me calmara. Ahora se habría imaginado aquella situación.
-Lo pensaba y lo sigo pensando. Y no me propongo cambiar el mundo, sólo mejorar lo poco que puedo. –Tenía las manos apoyadas en la mesa y estaba echada hacia adelante, para dar fuerza a mis palabras. –Y muy bien por usted y por su Bentley. Pero ¿puede atenderme ya? –Y engarroté los dedos de mis manos. Imaginé echándoselos al cuello. Me miraba riéndose por algo que no comprendía, pero que seguramente era de mí.
-Claro. Por favor, no sobrecarguemos tanto a Spiderman y a Batman. –Vale, fue ahí cuando empecé a sentir la sangre intentando pasar a borbotones por mi cuello. Si alguien me hubiese mirado el cuello, habría estado segura de que podría haberla visto incluso bailar. ¡Se estaba riendo de mí en mi propia cara! –Tome asiento por favor. Le volveré a pasar la ficha que tiene que rellenar. –Me senté y él se dio la vuelta a volver del mismo fichero encajonado de la otra vez, el papel. Cuando volvió al escritorio, lo vio. Yo sonreí triunfante.
-¡El señor Bryce Domioyi! –Su cara de asombro me sentó la mar de bien. No daba crédito a lo que veían sus ojos. Sí, al mismo al que había venido a denunciar estaba conmigo ahora poniendo una denuncia. Aunque seguía sin acostumbrarme a que lo trataran de “señor” o “señorito”.
-Él mismo. –Y puso su cara de interesante.
-Perdone usted, no lo había visto. Ahora mismo lo atiendo, si esta señorita ya estaba acabando. Lo siento. –Y hablando nervioso, atragantándose con las palabras y tartamudeando a veces, se disculpó como si fuera a caerle algún castigo por no haberlo tratado debidamente. –Vaya a rellenar la ficha al mostrador aquel. Cuando acabe déjelo allí y ya lo recogerán. -¿Cómo? ¿Además de que me estaba echando me decía que ya lo recogerían…? Flipaba. Iba a responderle, pero Bryce se me adelantó.
-No, ella viene conmigo. Venimos los dos juntos. Y no me ha gustado nada el modo en el que la ha tratado. –Y Bryce se apoyó con los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos. No perdió el contacto visual con el comisario en ningún momento, que cada vez estaba más rojo. A mí por un rato se me calmó el pulso.
-Disculpe, lo siento mucho, no volverá a ocurrir. –Y agachó la cabeza nervioso a modo de perdón. Lo que Bryce dijo a continuación me hizo querer besarle los pies. Nunca olvidaré ese momento de gloria.
-No es a mí con el que tiene que disculparse. Sino con ella. Ella es la ofendida. –Habló tranquila y pausadamente, sin perder el control sobre la situación en ningún momento. De pronto los dos estaban mirándome. El comisario por encima de las gafas me habló tras unos segundos de autoconvencimiento por tal humillación. Muy bien, que se bajara de las alturas en las que estaba subido.
-Perdone señorita. No era mi intención. Acepte mis disculpas por favor. –El hecho de que no me dijera un simple “lo siento” por orgullo y se arrastrara tanto por mera petición de Bryce, me hizo pensar que era demasiado el poder de esa familia para causar tanto pavor al mismísimo comisario de Nueva York.
-No hay de qué. Y ahora si no le importa, ¿podría tomarnos los datos? –Dije olvidándome de todo lo ocurrido. Ya me había salido con la mía y había saboreado ese placer. Sonreí a Bryce a modo de agradecimiento. Él me devolvió la sonrisa. En ese momento me sentí más conectada a él que nunca.

Pasamos exactamente treinta minutos en la comisaría. Así se ponía una denuncia como Dios manda. Tras relatar el transcurso de los hechos, nos confirmaron que en la comisaría fueron anunciados de que tras salir del hospital en el que el supuesto realizador del crimen estaba inconsciente, sería llevado a esta. Tendríamos que ir a juicio, tanto para imputar al tipo por su delito, como para defender a Bryce, que aunque no estaba federado, lo que había hecho podría tener consecuencias penales. Me sorprendió la preocupación casi familiar con la que el comisario nos explicó aquello. Se le veía en la expresión de la cara y la forma de hablar. Me asusté por eso, y Bryce lo notó. Me puso una mano en la pierna, me miró y me dijo que no temiera nada, que nada iba a pasarle. Yo lo creí.

-Comisario Icten, ¿ve la venda que tiene ella en la cara? –Dijo tras calmarme a mí al ser informados de esa posibilidad de salir penado. El comisario asintió tras mirarme. –Cubre la quemadura que le ha hecho la bala que iba directamente a su cabeza y que por milímetros o milésimas de segundo, casi se la atraviesa. –Me estremecí, no al recordar aquel momento que tanta ansiedad me producía, sino por el tono que tomaron las palabras de Bryce. Hablaba con total solemnidad. -¿Y ve la otra venda del cuello? - El comisario asintió. –Si no llego a actuar deprisa, ahora mismo ella podría no estar aquí. Así que no tengo nada que temer en el juicio. –Era cierto.

Nos fuimos de aquel lugar esperando para ser llamados y que nos confirmaran la fecha del juicio. Era la primera vez que iba a ir a uno, había estado entusiasmada si no hubiera sido porque tenía el cuerpo cortado. Volver a recordar aquella vez en la que pensé que Bryce podría haber muerto, era demasiado para mí.

-Habría pagado para ver el espectáculo que le montaste al comisario Icten explicándole tu honesta y honrada filosofía de vida. –Dijo Bryce abriendo la puerta del coche. -¡El dinero no da la felicidad! –Me imitó diciendo en una especie de tono afeminado de voz que no le quedó muy bien. Yo lo miré con los ojos entrecerrados.
-No te rías de mí. –Me crucé de brazos y me paré. Él al verme se quedó esperando fuera. –Sería muy hipócrita por mi parte ir quejándome de cosas que después no me molesto en cambiar.
-Eso espero. Te recordaré estas palabras si en algún momento te dar por tirar la toalla conmigo. –Y ahí si entró en el coche sin esperar mi respuesta. Me quedé en shock. Aparte de que había reconocido que había cosas que debía cambiar, aquel momento había sido sencillamente perfecto. Había reconocido nuestro mutuo esfuerzo por estar juntos. Como una pareja. Empecé a sentir mariposas en el estómago. –Anda vamos, que como nos pille atasco llegaremos tarde a nuestra cita. Hemos quedado para comer. –Dijo abriéndome la puerta desde el asiento del conductor.

Tras un tiempo de silencio no incómodo escuchando la radio en el coche, me atreví a abordarlo con aquello que me mataba por dentro.

-Bryce, ¿tú sabes que los dos aparecemos en la portada de las revistas como exclusiva de la nueva pareja del momento? –Le lancé como quien no quiere la cosa. Él respondió con la mayor tranquilidad existente y por existir.
-Claro. –Así de pancho. Sin más. Como si fuera lo más normal del mundo. Que lo era, pero SÓLO para él. Ni siquiera apartó la mirada de la carretera, claro, por supuesto, un tema tan trivial no merece mayor atención…
-¿Y por qué no me lo dijiste? ¿No te ofrecieron dinero las revistas para pagar más por evitar la publicación de las fotos? ¿No hay ninguna manera de evitarlo? No me gusta desvelar mi vida a nadie.
-No te lo dije porque aunque eso pasó hace tres semanas, las fotos salieron hace tres días. He estado lidiando con ellos para que no las publicaran, por eso se ha retrasado tanto la salida, pero al final cuando conseguí llegar a un acuerdo, rechazaron mi oferta y las publicaron. Imagino que el renombre y la fama de la revista es más beneficioso que una cuantiosa suma de dinero puntual. -Y al acabar la frase me miró. –Lo siento, hice lo que pude. A mí tampoco me gusta desvelar mi vida. –Eso me dejó un poco mal. Entonces la teoría de Karem de que Bryce estuviese enamorado sólo de mí porque nunca lo habían visto antes con chicas en las revistas, estaba equivocada, pues él habría podido pagar para evitar que se publicaran las fotos…Me desilusioné mucho… Él lo noto al ver que no respondí en un rato y tenía la mirada perdida en un punto ciego de la calle.
-¿Qué pasa? ¿Tanto te entristecen que sepan que estamos juntos? No sabía que te molestara tanto… -Ahora el desilusionado era él. –No le has dicho nada a Ashley ni a Karem. -¿Pensaba que quería ocultar nuestra relación por algún motivo oculto?
-Karem sí lo sabe. Ashley no. Y no pienses que estoy desilusionada por que la gente lo sepa. Fue justo ayer cuando decidimos empezar de cero para darnos un tiempo en el que conocernos. –Oficialmente no éramos novios, pero oficialmente sí estábamos juntos. Era algo difícil de definir. –Es sólo que como nunca antes habías salido en una revista con ninguna chica, pensé que por ser yo la primera me hacía especial. Pero ahora que has dicho que es porque no has podido evitar la publicación, pensé que… Bah, da igual, déjalo. –Sí, me estaba cortando por vergüenza a mostrar mis sentimientos. Sí, lo reconocía. Bryce habló tras unos segundos de silencio en los que intentó comprender adónde quería llegar a parar.
-¡Mira que me pones difícil entenderte a veces! ¡Eeeh! –Y me miró con amor. Yo seguía desilusionada. –Sí, es cierto. –Dijo volviendo la vista al volante y la efusividad a su cajón. –También he aparecido en portadas a la salida de clubes nocturnos del brazo de chicas. No quiero mentirte. Pero nunca llegué demasiado lejos. Ni las habitaciones de hotel ni ellas me transmitían nada. No soy un romántico, pero sí tengo sentimientos. –Y ahí volvió a mirarme, pero esta vez en una manera que no supe describir. –No me siento orgulloso de lo que hacía pero tampoco me arrepiento. Hay carencia de cosas que uno necesita suplir con otras, y hay otras que nunca pueden ser suplidas. –Había muchos silencios a gritos en sus palabras.

Imaginé que el cariño paternal lo intentaba llenar con el de chicas, pero se daba cuenta de que no podía. No sentí pena, no era algo que él quisiese que yo sintiera por él, por eso lo evité. Sentí unas terribles ganas de abrazarlo, y lo habría hecho, ya no tenía barreras emocionales que me lo impidieran, pero estaba conduciendo. Si es que o se quiere y no se puede, o se puede y no se quiere… Pero la cuestión es que al final no se haga… De momento, le cogí su mano, pues conducía con una sola. Él me la apretó dulcemente sin apartar la vista del exterior.

-Créeme. He podido ser un hijo de puta, pero nunca un mentiroso. –Lo sabía. No hizo falta que lo aclarara. Yo lo creía a ciegas. Yo le acaricié la palma de la mano con los dedos y eso sirvió de asentimiento. Condujimos callados hasta el sitio.

Llegamos a las cuatro de la tarde. Habían pasado tres horas de la hora normal de almuerzo aquí en EEUU. Pero no pasaba nada. Yo seguía hambrienta. El problema era cómo iba a pagármelo. El sitio parecía caro no, lo siguiente. Era un edificio alto y bonito de los muchos que hay en NY así, no le vi nada extraordinario hasta que entramos, lo cruzamos por completo y llegamos al jardín que había al otro lado. El restaurante era al aire libre, en el interior sólo estaba la cocina y la recepción. Había un estanque, caminito de piedras, reloj solar y maceteros con flores por todos lados. En la zona de las mesas había arcos de madera creando un camino laberíntico en el que el techo era una lona blanca como una patena. Impoluta. A juego con el tapizado de las sillas y los manteles de las mesas. Todo muy mEl lugar era muy iluminado. Si no fuera porque estábamos en el centro de Nueva York, habría creído que había escuchado el sonido de pájaros cantar… ¡Ah no! ¡Que los había en una gigantesca jaula que ocupaba el tamaño de mi casa! Pues si que está tematizado este sitio. Había aves tropicales de todos los colores.

-Este es un lugar de privilegio aquí en la ciudad. Se necesita coger la reserva con semanas de antelación o ser el hijo de la familia con más acciones de esta empresa. –Dijo Bryce sacándome de mi asombro por aquel frondoso lugar perdido en una ciudad de hormigón.

Aunque yo volví a meterme otra vez. Bryce habló con el recepcionista que nos guio hacia la mesa que teníamos reservada. Según escuche hablar a los dos, ya nos estaban esperando desde hacía unos cinco minutos allí la otra u otras personas que Bryce quería que conociese. Pero yo no estaba prestando atención, seguía anonadada con el sitio. Cuánto más miraba, más cosas descubría. Había pensamientos en el césped que creaban formas que no era capaz de averiguar. Música relajante y aromas creados por el restaurante para tematizar aquello. Yo seguía al metre y a Bryce el caminito de piedras admirando todo a mi alrededor.

-Es en esta mesa de aquí, señor. –Habló el metre con gran cortesía y educación. Lo escuché a lo lejos, al parecer me había quedado atrás al no querer perderme nada de ese lugar.
-Pero aquí no está ella. Usted dijo que había llegado hace cinco minutos. –La voz de Bryce también sonaba a lo lejos.

Me di prisa para llegar sin quitar la vista a mi alrededor, debido a me caí al suelo al tropezarme con una piedra del caminito. Yo en mi anterior vida tuve que ser una lombriz de tierra o algo, porque no podía explicarme cómo es que me gusta tanto el suelo. Me paso tres cuartos de mi vida cayéndome. Aterricé de costado, me hice daño en la cadera. Estuve compadeciéndome unos segundos en el suelo intentando olvidar el dolor. Escuché la voz de Bryce pronunciando mi nombre y corriendo hacia mí para ayudarme. Fui a levantarme antes de que él llegara, cuando fui a poner las manos en el suelo, aparte de darme cuenta de que las tenía heridas y me dolían mucho, la vi. Era la despampanante rubia de la tienda que había estado metiendo las narices en mi relación con Bryce como si preguntara inocentemente por unos desconocidos. Llevaba puesta la falda roja que se había comprado hoy mismo hace una hora. Con lo hortera que era la falda, nunca pensé que a ella podía sentarle tan espectacularmente. Imagino que es la planta de la persona, que hace que las prendas en ella se vean de una manera u otra. Esta chica era la típica a la que todo lo que le pusieras, le sentaba como hecho único y exclusivamente para ella. ¿Qué hacía allí? ¿Quién era? Esto no era una coincidencia ni de lejos. Al menos consiguió que me olvidase del dolor del golpe.

-Hola Valeria. Encantada de conocerte. - Me estaba tendiendo la mano sonriente, ofreciéndome su ayuda. Me guiñó un ojo. ¿Encantada de conocerme? Su rostro brillaba más que el sol. Pero ahora sus ojos no eran grises, eran de un verde intenso y profundo. Como los de Aaron y Bryce. Vacilé en darle la mano, pero al final lo hice. En el justo momento en el que su suave piel tocó la mía, Bryce se presentó allí.
-¿Dónde te habías metido? Te estaba buscando. -¿Me hablaba a mí o a la bellísima mujer que tenía frente a mí? Era tan alta que tenía que agacharse bastante para llegar con su mano a coger la mía. –Valeria, esta es mi hermana Victoria. –Dijo Bryce cuando aún estaba todavía en el suelo agarrando su mano. Yo sencillamente no podía creérmelo.

viernes, 27 de julio de 2012

Capítulo 56: Exclusiva en InTouch


Capítulo 56: Exclusiva en InTouch
En la consciencia de mi inconsciencia, escuchaba una voz que me llamaba. La podía oír con total calidad, como un sutil susurro en el oído. Sin embargo, no lo era. Nada más lejos de la realidad. Sonaba angustiada, mucho, como nunca antes la había escuchado. Cada sílaba que pronunciaba esperando sin éxito una respuesta por mi parte era una cruel tortura. Lo notaba a pesar de no poder despertar. Quería responder, quería decirle que no se preocupara, que estaba bien, que no había nada que temer. Lo deseaba con toda mi alma. Porque su sufrimiento era mi sufrimiento. Era como una escalofriante pesadilla. Saber que estás dormido, ser consciente de todo lo que pasa a tu alrededor, del dolor que causa tu estado a los demás, y no poder hacer nada por evitarlo. ¿Así se siente la gente en coma? No quería ni imaginármelo. Porque querer y no poder dar mucha impotencia

Empecé a llorar desconsoladamente… Irónico. No podía hablar pero si llorar. Una ansiedad fatal inundaba todo mi ser. ¿Por qué no podía despertar para calmar su dolor? Podía escuchar mi llantina a pesar de que sólo era capaz de ver una infinita nada. Me volvió a golpear una nueva ola de rabia. De pronto sentí que me incorporaban y me abrazaban con dulzura y delicadeza. Unos brazos me rodearon y unas manos empezaron a recorrerme la espalda nerviosamente mientras nos balanceábamos en un intento de aproximación. Seguía llorando sin parar, no podía evitarlo, pero mi alma ya estaba en paz. Su voz, sus palabras, él. Me decían que no me preocupara, que todo estaba bien, que no había nada que temer.

Poco a poco volví al estado consciente. Ya no lloraba, sólo se me escapaban algunas lágrimas sin motivo. Ya todo estaba bien, no tenía por qué preocuparme, no había nada que temer. Bryce, que me estaba abrazando fuertemente contra sí, me lo había dicho. Estábamos sentados e el suelo. Yo temblaba. Había recordado todo lo que había pasado hace unos instantes. TODO. Peto a pesar del sofocón, que seguía en mi cuerpo invadiendo todos mis actos involuntarios, no tenía miedo. Levanté mis brazos y rodeé con ellos la espalda de Bryce. Eran muchas veces en las que había sentido unas ganas irrefrenables por abrazarlo y tenía que ser así, en estas condiciones y por estos motivos. Por fin pude ver. Al principio estaba todo borroso, pero con apreciar medianamente su rostro, para mi era suficiente por ese momento. Verlo de nuevo me puso muy sensible.

-¡Oh Bryce! ¡No sabes cuánto temía que te pasara algo! –Dije ocultando mi cara en su pecho, era demasiado alto para apoyar mi barbilla en su hombro.
-¡me has dado un susto de muerte! ¡No vuelvas a hacerlo más! ¡Creía que te habías… -Y no terminó la frase. Lo que imaginaba que iba a decir a continuación debía causarle un dolor tal, que sólo de pensarlo, su sistema cerebral de no auto-provocarse daño entró en acción para olvidar aquella idea.

Fue ahí cuando me di cuenta de que Bryce en ningún momento había temido por él, sino por mí. Y también fue ahí cuando me di cuenta de que yo tampoco había temido en ningún momento por mí, sino por él. Sus manos cesaron su recorrido por mi espalda y me acercó más a él en un profundo abrazo. Me rodeaba por completo y aun así podía llegar a tocarse los codos con las manos. Supe entonces cuánto temía perderme.

-¿Qué ha pasado con aquél tipo? –Dije buscándolo con la mirada después de cinco minutos en los que no pude pensar. Habíamos estado todo ese tiempo abrazados sin decir nada, en el suelo, sin pensar, sólo sintiéndonos, él a mí, yo a él. Aquel momento era sencillamente perfecto. Nada sobraba, nada nos perturbaba. Ni el lugar ni lo que había pasado. Solos él y yo.
-Cuando te disparó, antes de reaccionar, mi cuerpo actuó solo. Me abalancé sobre él y le asesté el golpe del corazón. No podrá despertarse en varios días. –Entonces lo vi, estaba tendido e el suelo, bocabajo, inmóvil, al lado de la máquina de tickets. Me estremecí. No por el tipo, que también, sino porque cuando Bryce dijo que me disparó, fui consciente de las señales que mandaba mi cuerpo. Tenía la mejilla abrasada, quemada y palpitante. Me llevé de un sobresalto los dedos a la cara, pero Bryce me lo impidió. Fue más rápido que yo.
-No te toques o se infectará. –Dijo mirándome con ternura. En profunda calma y tranquilidad. Como si se hubiese quedado sin fuerzas al comprobar que me encontraba bien y estaba sana y salva. Los efectos que te produce la adrenalina cuando te abandona. –Ahora que sé que estás bien, amos a ir a que te curen la herida. Ha estado cerca. –Nos mirábamos directamente a los ojos.

Me recogió el pelo en la oreja del lado donde había tocado mi cara la bala. El izquierdo. Realmente estuvo muy cerca. Me acarició la mejilla por alrededor de la zona quemada. El mero contacto con su piel calmaba el dolor física sorprendentemente. Me estremecí otra vez. Lentamente iba dándome cuenta de cosas, y en ese momento fue de su olor.

-Menos mal que alargué la  vara de metal en un acto reflejo –comenzó a hablar mirándome entornando los ojos y recorriendo con ternura mi cara con sus dedos. Cerré los ojos. –Creo que eso desvió la bala el milímetro justo para no darte… Y pensar que fue cuestión de suerte… –Y abrí los ojos. Vi la vara en el suelo, a su lado, tenía una muesca limpia en la afilada cuchilla. Reluciente, recién hecha. Si la hoja hubiera sido más gruesa, incluso podría haberme visto reflejada en la muesca. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Bryce con su otra mano me cubrió toda la mejilla derecha y me dirigió la cabeza con cuidado para encontrarse con mi irada. Con las dos manos empezó a secarme las lágrimas, que todavía no se habían secado. –Te he recuperado hace demasiado poco tiempo como para perderte tan pronto. –Miraba sus labios moverse mientras pronunciaba eso. Quería besarlos. Necesitaba besarlos. Y una vez más recorrió con su pulgar el camino de mis lágrimas. Comenzó a aproximarse lentamente. Cerrando los ojos en el trayecto de la distancia que nos separaba, cada vez más pequeña. Yo cerré los míos también. Pronto comencé a notar su aliento cayendo sobre mi nariz. ¿Mi nariz? Me besó en los ojos con amor. Por un momento me desilusioné. Mis labios reclamaban los suyos. Pero también fui muy feliz. Aquello había sido sencillamente perfecto y único. –Había olvidado el sabor de las emociones. –Dijo levantándose del suelo sin soltarme de la mano y llevándose un dedo con al otra a los labios. Meditativo, había saboreado el gusto de mis saladas lágrimas.  Me ayudó a levantarme y lo hice.
-¿Cuándo fue la última vez que lloraste? –Sí, era una pregunta indiscreta y fuera de lugar, pero se me había ocurrido y quería hacérsela. Pero en el justo momento en que se giró a mirarme aparecieron los guardas de seguridad del parking. A buena hora.
-¡¿Qué han estado haciendo todo este tiempo? ¿Es que no prestan atención a las cámaras de seguridad? ¿O la oscuridad del sótano les impedía ver lo que estaba pasando a través de ellas? –Bryce hablaba elevando la voz. Estaba muy indignado, dolido, molesto y alterado. -¡Podría haber muerto! –Dijo señalándome a mí.

Los guardias se disculparon diciendo que no se dieron cuenta. Bryce les echó otra bronca y la cosa quedó en que ellos se encargarían del tipo. Que ya habían llamado a la policía y que venía en camino. Todo estaba grabado en las cámaras de seguridad, que sería usado como prueba incriminatoria para acusar al tipo. Pregunté si  por casualidad no tenían un botiquín en la oficina de los guardas. No, no tenían. Cosa que no me extrañó. Pero lo que sí lo hizo fue cuando Bryce dijo que él tenía uno en su coche. La respuesta cuando le pregunté que por qué tenía uno fue que se metía demasiado en líos como para no llevarlo. Me reí ligeramente, tenía razón. Fue él el que me curó la cara. Se empeñó en hacerlo él mismo. Yo no volví a discutírselo. Estaba encantada. Con especial habilidad me limpió con agua oxigenada la zona de la herida y me la vendó. Incluyendo la del cuello. Aquella aguda raja que me daba escalofríos mover. Sin embargo, Bryce lo hizo con un cuidado especial, que ni lo sentí apenas.

-Es una herida profunda. Se ha comido mucha carne. Espero que no te quede una cicatriz. –Dijo dejando caer los ojos totalmente desanimado y sintiéndose culpable. No podía permitir verlo así un segundo más.
-¡No pasa nada! ¡Así cada vez que me mire al espejo me acordaré de que, por muy chunga que sea la situación, siempre consigo salir victoriosa! –Dije poniendo los brazos en jarra y obligándome a mí misma a no desanimarme por eso. –Dentro de todo lo malo siempre hay algo bueno, la cuestión es encontrarlo. –Sonreí amigablemente. Bryce se me quedó mirando con los ojos muy abiertos. Alargó la mano y me revolvió el pelo cariñosamente para taparme la cara con unos mechones.
-No digas eso o sino será entonces cuando todas las desgracias posibles te sucedan. Ya te he dicho que no tientes a tu suerte. De esta te has escapado por pura chiripa. Una milésima de segundo más tarde o un milímetro más separado y estarías ahora dentro de una bolsa. –Dijo de camino al maletero para guardar el botiquín de urgencias. Ahora bromeaba. Sí, ahora todo parecía un chiste. Una anécdota más para la lista. Pero antes no podía ni imaginárselo. No podía evitar no ser así, y yo no podía evitar que me gustase.
-¡Nah! Como mucho con el rostro tapado por un pañuelo y tú llorando o vengando mi muerte. Porque hasta que no llegase la ambulancia, nada de bolsa. –Dije yo también bromeando sobre el tema. Es gracioso, pero se puede hacer un chiste prácticamente de todo.
-Jajaja. ¡Las cosas que tienes! Pues seguramente estaría agradeciendo haberme librado de mi trabajo de guardaespaldas a tiempo completo. ¡Siempre atrayendo problemas! No sé como lo haces. –Y se apoyó sobre el capó de su coche tras guardar el botiquín en el maletero. Yo estaba colocada frente a él. Me fijé en que los guardas de seguridad, que estaban intentando reanimar al atracador sin éxito, nos miraban raro. Como si bromear sobre mi situación al borde de la muerte nos convirtiera en locos de remates. Y en realidad no nos convertía, lo exteriorizaba. Me hizo gracia.
-Sí, sí, tú dirás eso. Pero primero, que te encanta sacarme de ellos, y segundo, que la mayoría son por tu culpa. ¡Guapo! –Y me crucé de brazos para expresar que no cambiaría de opinión. Bryce me miró consternado, exagerando sus gestos faciales para mostrar desacuerdo e indignación. –Seguro que mi vida sería más pacífica si por caprichos del destino no hubiera estado justo en el sitio y la hora del atropello aquel hombre en la carrera de coches. Así tú no te habrías fijado en mí ni yo en ti. –Y exageré el tono de voz para que supiera que bromeaba. Adoraba aquel momento en que nuestros caminos se cruzaron.
-Mira, guapa –empezó hablando con retintín. Imitando mi forma de hablar de antes. –Primero, tu vida no sería más pacífica, sería más aburrida. Segundo, yo no me habría fijado en ti, pero tú en mí sí. Es imposible no hacerlo. –Decía mientras hablaba escondiendo una sonrisa que se descubría en su mueca torcida hacia un lado. –Y tercero, nuestros destinos ya estaban unidos mucho antes de ese día. –Y torció una pícara sonrisa. Había hablado con la misma chulería de sobrado de siempre, pero ahora eso empezaba a gustarme, y mucho.

Los guardias de seguridad se acercaron tras haberse rendido en el intento fallido de reanimación al atracador. Nos dijeron que no nos preocupáramos, que podíamos irnos y que podíamos poner la denuncia en otro momento. No teníamos que esperar a la ambulancia porque ya no la necesitábamos. Y así hicimos. Quedamos en ir mañana a la comisaría de policías, sin hora, cuando pudiéramos. Nos montamos en el coche dirección casa de Ashley y hasta que no me vi fuera de aquel siniestro lugar no me quedé tranquila.

-Valeria, esto está muy triste así. Parece que nos haya pasado algo muy grave. –Dijo Bryce tras un minuto escuchando una odiosa canción en la radio. Era insufrible. No la conocía y hubiera preferido seguir ignorando su existencia. No tenía estribillo, era una continua y aburrida monotonía. –Pon el volumen a tope con otra emisora. –Y me señaló dónde cambiar.

Casualmente encontré la canción “Ironic de Alanis Morisette” comenzando a sonar. Irónico… Estaba en remix. Miré a Bryce y con un asentimiento de cabeza le dio el visto bueno. Condujimos escuchando la radio a todo volumen. Aquello no era contaminación acústica, aquello era un arma contra la salud colateral. En poco tiempo estábamos pulsando el timbre de la mansión de Ashley para que nos abriera las rejas y pasar dentro con el coche. Llegamos demasiado pronto para mi gusto. Miré la hora. Las ocho y media… ¿Llegaba treinta minutos tarde y no llamaban para saber cómo estaba? Para qué dije nada, en ese momento comenzó a sonarme el móvil. Era mi madre… Estábamos entrando con el coche en el camino pavimentado del gigantesco jardín de la casa de Ashley me estaba perdiendo las vistas.

-¿Sí mamá? –Dije al descolgar. Intenté camuflar la voz para que no se me notara que llamaba en muy mal momento.
-Valeria, ¿por qué no llamas nunca? ¡Siempre soy yo la que lo hace! Has acabado los exámenes y no me has llamado siquiera para decirme cómo te han ido. Ay que ver que siempre tengo que ser yo la que esté pendiente. –Por eso mismo no tenía ganas de hablar, porque tendría que contarle toda la historia… Puse los ojos en blanco, Bryce me miró y se rio. Claro, él nunca ha pasado por eso. Debía ser nuevo para él.
-Porque no los he acabado hoy todos. Me queda el de las prácticas. No pude hacerlo por un problemilla que surgió. Es una larga historia, ya te contaré cuando nos veamos. –Dichoso trío… Como mi madre no se olvide de preguntar por eso, voy a tener que contárselo y aguantar su excesiva y asfixiante preocupación en meses.
-Bueno, ¿entonces cuando vas a venir a casa? Porque mañana no podrás, ¿no? –Preguntó desilusionada.
-No. Seguramente vaya el lunes, cuando acabe el examen. Espero que me lo haga ese día. –Y cambié de tema rápidamente tras ver un fugaz brillo en los ojos de Bryce ¿Qué había pensado? -¿Y papá, Alex y el abuelo? –Esperaba que no me quedara muy descarado, o al menos que funcionara.
-Ahí sentados los tres en el sofá. Hoy hay partido de béisbol. Ya sabes que no hay quien los mueva de ahí hasta el descanso.
-Bueno, ya te mando un mensaje para decirte lo que hago cuando lo sepa. Un beso mamá. Salúdalos de mi parte. –Y tras repetirme varias veces que no me olvidara de informarle, que no dejara pasar lo del examen, que es importante y demás cosas que ya sabía que tenía que hacer. Colgué. Cuando fui consciente de lo que había a mi alrededor, ya estábamos en la puerta de la casa. Bryce apagó el motor del coche y se me quedó mirando. La música seguía encendida, pero mas baja, había bajado el volumen cuando llegamos a la casa.
-¿No vas a despedirte de mí antes de entrar? –Dijo tras un tiempo de silencio en el que no sabíamos qué hacer. Ahora entendí por qué me miraba tanto… Me quedé sin saber qué hacer. Vacilé un momento y hablé.
-Claro, gracias por traerme. Ya hablaremos para lo de la denuncia. –Se lo solté con total frescura. Quería ver su reacción. En ningún momento pensé en despedirme así.
-¿Eso es lo que le dices al chico que te ha salvado la vida? –Se le veía divertido con la situación. Sabía que estaba bromeando. Levantó las cejas y me miró sonriente.
-Sacarme de apuros está ya sobrevalorado. Vas a tener que acostumbrarte si quieres pasar tiempo conmigo. –Lo desafié divertida. Incluso adquirí una posición “guay”. Para hacerme la interesante. Apoyé el brazo derecho en el salpicadero.
-Como suponía. Imagino que viene el pack completo. –Y en ese momento escuché unos cuchicheos. Miré hacia atrás y me vi arriba de las escaleras de la entrada a Karem y Ashley en pijamas murmurando sobre nosotros. Me corté de vergüenza.
-Nos están mirando. –Dije girándome lentamente y encogiéndome en el asiento.
-Y yo esperándote. –Respondió inflexible. No sabía qué hacer. Ashley me salvó. Llamó a la ventanilla del coche y Bryce se la bajó pulsando un botón.
-Habéis tardado mucho. Estábamos preocupadas por vosotros. ¿Os ha pasado algo? –Ashley hablaba con esa cautivadora voz suya de siempre. Ni las sirenas del viaje de Ulises atraían tanto. Bryce y yo nos miramos y empezamos a reírnos sarcásticamente. Sin parar. -¡Oh! ¿Qué te ha pasado en la cara y en el cuello Valeria? –Se horrorizó por un momento.
-Jajaja. ¡Nada fuera de lo normal! Casi me ahogo en el estanque del patio, tres chicas me tendieron una trampa y estuve a nada de ser expulsada de la universidad, Bryce me ha salvado la vida cuando estuve a punto de recibir un disparo y nada más… ¡Ah sí! ¡Hemos alquilado dos películas! –Dije por fin al calmarme un poco. Bryce seguía riéndose todavía contagiosamente. Como se dice en mi pueblo… se estaba descojonando.
-Creo que tenéis muchas cosas que contarme, -respondió Ashley divertida por la situación. Se le había contagiado la risa pegajosa de Bryce. Yo también me estaba riendo. Era lo más bello que había escuchado nunca. –Anda, quédate a cenar Bryce. Es una fiesta de pijamas pero creo que todas queremos que te quedes. –Dijo Ashley guiñándome un ojo. Me dio un vuelvo el corazón. ¿Se olería algo? Espera… ¿olerse el qué? Si no hay nada entre los dos…
-Vale, vale, voy a aparcando el coche. –Es que es tan distinto de Aaron… Seguro que él habría dicho que si molestaba o algo… Y él a la primera ya se apuntaba. Era un cara dura. Y me encantaba.

Cuando salimos del coche a Bryce le quedaba todavía un eco de risa. No dijimos nada desde entonces. Entramos en la gigantesca mansión blanca y llena de enormes ventanales que llegaban del suelo al techo y caminamos hasta el salón. No era como estos de los ricos que tienen el comedor aparte del salón. Era un salón comedor muy acogedor, eso sí, por todo lo alto. La decoración era exquisita, de muebles en un tono muy claro de madera. Objetos decorativos azules y rosas repartidos por toda la habitación en perfecto conjunto. Las sillas y el mantel eran blancos. El gigantesco sofá de infinitas rayas en colores pastel. Y no tenía tele… tenía pantalla de cine que aparecía y desaparecía con sólo pulsar un botón. Las cortinas eran blancas y sedosas. Los ventanales ocupaban toda la pared. Cuadros de paisajes. Suelo de mármol. Alfombra azul bajo la mesa baja del té... ¿Se puede enamorar una persona de una habitación? Era sencilla y espectacular.

-Imagino que querréis ducharos antes de comer. Voy a pedir que os lo preparen. –Nos ofreció Ashley saliendo por la puerta sin ni siquiera esperar nuestra respuesta. Yo dejé la mochila en el suelo al lado del sofá, tal vez no era el mejor sitio, pero estaba tan encandilada por el salón, que no podía ni pensar dónde era el adecuado.

Chica lista esta Ashley no preguntarme, yo por no abusar habría dicho que no importaba, ahora si me lo imponía no tenía otro remedio. Bryce se sentó tan pancho en el sofá en la esquina con reposa pies, Karem volvió a la mesa donde había frutos secos, que los habrían estado comiendo esperándonos y yo me quedé de pie observando anonada aquella maravillosa habitación. Era más grande que mi casa al completo. Mucho más. Me estuve fijando en cada minúsculo detalle. Estaba todo en tan perfecta armonía que no podía parar de admirarlo. Era una obra de arte.

-¿Qué te ha pasado en la cara y en el cuello Valeria? –Me preguntó Karem extrañada. A penas la escuché. Seguía inmersa en mi mundo.
-Es una historia larga. Ya te lo contaré durante la cena. –Dije sin dejar de observar ni un momento un detalle de la habitación. –No te preocupes, todo está bien.
-Ya están los baños listos. –Fueron las palabras amables de Ashley las que me sacaron del ensimismamiento. No sabía cuánto tiempo había pasado observando aquella habitación. Ella estaba apoyada en el marco de la puerta mirándome divertida. -¿Te gusta Valeria? –Y clavé los ojos en ellas.
-Sí, me encanta todo. Es preciosa. -Estábamos hablando de la habitación, ¿no? Que a lo mejor en mi desconexión había empezado un tema sobre otra cosa…
-¿A cuál de todos voy yo? –Dijo Bryce. Cuando me di cuenta, ya estaba pasando por mi lado dirección al pasillo. Estaba a sus anchas, vamos. Y me encantaba ver que después de tanto tiempo separados la relación siguiera igual de estrecha. Eso es la amistad, claro.
-El del ala norte. Quiero que Valeria pruebe el de hidromasaje. –Y Ashley me miró sonriente. Yo no supe como mirarla. Ya había probado los chorros de agua a propulsión del jacuzzi de Alan. Y me enamoré de ellos. Casi pongo cara de obsesa al pensar que iba a probarlos de nuevo.
-¡Espero no quedarme dormida con el poder relajante de los chorros de agua! –Empecé a reírme. Me imaginé muriendo ahogada escurriéndome dentro del agua en la bañera, dormida por el hidromasaje.
-Si necesitas que alguien esté allí contigo vigilando que no te pase eso… -Empezó hablando Bryce para dejar la frase en el aire. Ahora él también estaba apoyado en el marco de la puerta clavando los ojos en mí.
-No gracias Bryce, no necesito que estés allí. –La respuesta la di en plan borde. Acompañada también de una expresión cortante sonrisa falsa que se nota que es falsa.
-¿Quién ha dicho que fuera a estar yo? Más quisieras tú guapa. –Respondió en su típico tono de sobrado y creído. –Será ilusa… -Y echó a andar sin darme tiempo a responder. Me guiñó un ojo y me lanzó un beso al aire como para quitarle importancia al desplante que me había hecho. Teniendo en cuenta que yo le había hecho otro y que lo decía de broma, no me molestó. No sé cuando empezaron a encantarme estas peleas cariñosas con él.
-Bueno, ¿y dónde está mi baño? –Dije para evitar las miradas insinuantes de Karem y Ashley. Se olían que algo había entre los dos. Me puse nerviosa.
-Yo te acompaño. –Dijo Karem. Ya sabía yo para qué era… En cuanto nos alejamos unos metros de la puerta, me asaltó.
-¡Tienes que contármelo todo! ¿Ya habéis hecho las paces? ¿Volvéis a salir juntos o estáis como amigos mientras os dais un tiempo? –Hablaba muy rápido por la emoción. Se la veía encantada con esta nueva situación. Yo me quedé bloqueada.
-Pues hemos decidido empezar de cero. Como si nada malo hubiese ocurrido. Sin rencores. Y no sé exactamente definir que es lo que tenemos. Imagino que estamos en una relación en la que nos estamos conociendo. Por decirlo de algún modo. –Me paré a hablar. No me gusta hacerlo andando. Veía el brillo en los ojos de Karem. Que de pronto dio un gritito y me echó las manos al cuello para abrazarme.
-¡¡¡¡Aah!!!! ¡No sabes cuánto me alegro de que esté todo bien! –Se me colgó del cuello dando saltos de alegría. Pero en su euforia percibí una preocupación. Me soltó y me miró. –No te lo pregunté la otra vez en la tienda porque no era el caso… ¿Pero qué sientes por Aaron? –Buena pregunta. Muy buena.
-Aaron es un amor platónico. Un ser perfecto e inalcanzable. Un amigo al que quiero mucho. Sí, me gusta, pero él está enamorado de Ashley y… -Karem me cortó antes de continuar con algo que no sabía que decir.
-Para, para, para. –Se puso seria en un momento. -Espera, vamos a entrar en el cuarto de baño para tener más privacidad. Y seguimos andando en silencio y a toda prisa hasta llegar al baño. Si no hubiera sido porque me sentó en la taza del wáter y me obligó a mirarla a los ojos, habría estado observando hipnotizada el lugar. Era espectacular en lo poco que me dio tiempo de ver. -¿Tú no estarás saliendo con Bryce para olvidar a Aaron? ¿Verdad? –Hablaba bajito y preocupada. Estaba de pie, con los brazos cruzados frente a mí. Esa pregunta me molestó.
-Karem, estoy con Bryce porque me gusta estar con él. No le encuentro explicación pero él tiempo que estuve sin él sabiendo que estábamos mal, mi vida era una verdadera tortura. Sí, mis sentimientos por Aaron no han cambiado... Pero Bryce es mi debilidad. –Era irónico, pero empecé a aclarar el rebujo de sensaciones que había en mí en ese mismo momento. No había pensado antes sobre lo que sentía por cada uno. Realmente me ayudaban las charlas con Karem.
-Oh dios… Te gustan los dos… -Y se puso en cuclillas para echarse las manos en la cabeza. Yo la miraba sin saber qué decir.
-¡Eso es una locura! ¡No se puede estar enamorada de dos personas a la vez! ¡Es impensable! –Intentaba convencerme a mí misma también. No, tenía razón. No tenía lógica poder querer a dos chicos a la vez.
-No, no lo es. Valeria, sólo te digo que espero que esta segunda oportunidad que te estás dando con Bryce, salga bien. Tú lo quieres. Lo sé. Pude comprobarlo en las tres semanas que estuviste peleada con él. Estabas sin vida. Sin ganas de vivir. Eso no te pasó con Aaron cuando te enteraste que Ashley era el amor de su infancia. Yo lo dejo ahí. Pero intenta que sufra el menos número de gente posible. –Y otra vez no tenía ni idea de qué decir. Ella se agachó a abrazarme de nuevo. Y yo pasé mis brazos por sus hombros. Nos llevamos así un rato. Intentándonos transmitir fuerza mutuamente.
-Que disfrutes del baño. –Dijo Karem cuando se incorporó. Me guiñó un ojo y salió. –Y no te quedes dormida. –Entró de nuevo sólo para decirme eso. Me sacó la lengua y yo también a ella. Así ahora se quedaba dormida mi prima la del pueblo… Con el cacao mental que tenía en la cabeza por su charla…

Me puse la radio para desconectar, que por cierto, venía incluida en el gigantesco jacuzzi, el cuál era como una piscina interna, pues estaba incrustado en el suelo. El agua caliente me golpeaba delicadamente la espalda. La música surtió efecto, pues dejé la mente totalmente en blanco aquel tiempo que pasé en el paraíso acuático. Las losas de las paredes y el suelo eran color miel y marrón. Formando un dibujo muy relajante. Tenía el pelo recogido en un moño en lo alto de la cabeza, no podía perder tiempo lavándomelo. Prefería pasarlo relajándome en aquel sitio, aunque me moría de ganas por bucear. Sí, tenía espacio para hacerlo y todo. Me daba pena por el derroche de agua, pero por una vez no iba a pasar nada. Imagino que Ashley usa la ducha o la bañera, con lo ocupada que está siempre, no me la imagino llenando aquello para tardar poco tiempo.

Me dio pena salir de aquella especie de fuente termal y volví a entrar. Hasta ese momento no fui consciente. ¡Había acabado! Mi sufrimiento por no poder estar con Bryce. Ahora estábamos mejor que nunca. Las clases, ahora podría aprovechar las vacaciones a tope. Mis problemas… Me inundó una sensación de satisfacción. Empecé a quedarme dormida, y me di cuenta de ello. Así que salí a toda velocidad y empecé a secarme para que no me ganaran de nuevo las ganas de estar allí dentro con los chorros calientes de agua. El espejo de la pared parecía el de un gimnasio. Era inmenso. Me envolví en la toalla y empecé a buscar mi ropa. El uniforme estaba doblado sobre un mueble del baño y un pijama prestado también. ¿Había estado eso ahí desde el principio? Lo acababa de ver ahora. Me lo puse y salí en babuchas prestadas también.

Estaba totalmente perdida. No tenía ni idea de cómo volver al salón-comedor. De pronto me vi perdida en un laberinto de pasillos y puertas cerradas. Estaba a oscuras dando vueltas sin saber donde estaba nada. Sí, me parecía bien para ahorrar energía, pero eso no me ayudaba. Me puse a murmurar bajito el nombre de Ashley. Si ella no venía, por lo menos algún empleado de la casa o cualquiera persona que pudiera ayudarme. ¿Y si pensaban que estaba espiando? Empecé a ponerme nerviosa, y eso que era sólo porque no sabía llegar al salón… Metí el turbo y al girar en una esquina del pasillo me choqué con alguien. No necesitaba verlo para saber quién era. Sólo una persona podía oler así.

-Vaya, qué lanzada. Iba a buscarte pero no sabía que te me abalanzarías tan pronto. –Dijo con su sonrisa torcida de pícaro. Di un paso hacia atrás para ganar espacio personal.
-Y yo no tampoco sabía que podías vivir tan poco tiempo sin mí. –Y le levanté las cejas vacilona. Él puso los ojos en blanco.
-Me apuesto lo que sea a que estabas perdida. Si es que no te puedo dejar sola… -Y movió la cabeza de un lado a otro a modo de reproche.
-Sí, eso va a ser, que no sé que hacer para que vengas en mi busca. –Exageré el tono irónico. Y poniéndole una mano en el brazo y haciendo un poco de fuerza, lo giré y lo puse de espaldas a mí. –Anda, llévame ya al salón, que estoy oliendo a comida y tengo hambre. –Y le di dos palmaditas en la espalda. Empezó a reírse en silencio, lo notaba por el movimiento de su tronco.
-Nunca dejas de sorprenderme. –Fue lo último que dijo hasta que entramos. Otra vez las miraditas cómplices. ¡Me ponían de los nervios! Apostaba lo que sea a que fueron ellas las que le dijeron a Bryce que viniera en mi busca. Eso no podía haber salido de él.

Estuvimos comiendo muy animadamente. La conversación iba sobre el día de hoy. Ashley estaba totalmente indignada con la trampa que me había tendido el trío tra-tra-tra. Su cara lo mostraba y sus palabras lo demostraban. Karem no se sorprendió. Ya estaba al tanto de las andadas de esas tres. Pero sí le mosqueó mucho. Bryce estuvo todo el rato de la cena como ido. Se le veía cansado y con sueño. Llevaba puesto un pijama de un diseño muy fino. ¿Sería también prestado? Vaya gusto exquisito tiene esta chica. La conversación se tornó más divertida cuando empezamos a hablar del parquin.

-¡Debisteis haber visto la cara de horror de Valeria cuando el tipo la agarró por el cuello con el metal cortante! –Ahora sí se animó Bryce a participar. Tal vez le dolía recordar que había fallado en intentar ayudarme en el despacho del decano. Pero esta oportunidad de lucirse le gustaba. Él y yo éramos los protagonistas en la conversación. Karem y Ashley nos miraban muy interesadas.
-Sin embargo tú estabas muy serio. Inexpresivo. ¡A saber lo que estabas pensando en ese momento! ¿Lo ataco con mi patada mortal o le asesto un gancho en la cara? En ningún caso le habría dado tiempo a reaccionar antes de que le llegara el golpe. –Sí, éramos cuatro en la mesa. La tele estaba puesta y nadie le prestaba atención. Yo sólo podía mirar a Bryce.
-Pues sí, tienes razón. Ni se habría dado cuenta. Pero estaba en peligro algo muy importante. Y no podía jugármela. –Todas nos quedamos expectantes, esperando que aclarara a qué se refería. Pensaba que diría mi nombre, pero no fue así. –Mi reputación. -¡ZAS! Nunca puedo dar nada por hecho con este chico. Nunca se saber por donde va a escapar. -¡Jajaja! ¡No me pongas esa cara! –Dijo mirándome y riéndose escandalosamente. –¡Narcisista egocéntrica! –Y le dirigí una mirada asesina.
-No te lo tomes a mal Valeria, él es así. Le cuesta reconocer las cosas. –Y Ashley le dirigió una mirada condescendiente cual madre a su hijo. –Bueno, qué pasó a continuación. –Preguntó curiosa.
-Algo de lo que el tipo se arrepentirá toda su vida. El tipo intentó besar a Valeria y ella lo mordió. ¡Si vieras cómo le sangraba el labio! Por un momento pensé que ella solita se las bastaba. –Bryce continuó hablando como si nada. Y yo también. Ashley tenía razón. Además, yo era otra cabezona que no reconoce las cosas.
-¡Un tipo con una palito de metal iba a venirme a mí! ¡A mí! ¡Yo que me he enfrentado a toda la Uni! ¡Inocente! ¡Jajaja! –Exageré mi tono de voz.
-¡Cierto! –Dijo Bryce. Y todos empezamos a reírnos. Parecía mentira que ahora pudiéramos estar haciendo chistes sobre eso. En aquella época era simplemente impensable. Nunca podría haber imaginado, en ninguno de los universos paralelos, una situación como esta ahora. Él, Ashley, Karem y yo cenando plácidamente. –Al final a Bryce se le encendió la vena asesina, se le echó encima, lo obligó a disculparse y cuando lo liberó al creer que todo había acabado. Boom. En un visto y no visto yo estaba inconsciente en el suelo. –Le ponía incluso el tono adecuado para dar más suspense y emoción al asunto.
-Y tú estás estudiando medicina… si en las situaciones en las que hay que guardar la calma para tenerlo todo controlado te desmayas… -Ea, ya Bryce soltó la puya. Me miró desafiante.
-Habló, el que casi se echa a llorar al ver que no respondía a sus dolorosos lamentos. –Lo miré victoriosa. Se quedó cortado sin saber qué decir. Esta la había ganado yo.
-Bueno, bueno, chicos. –Dijo Ashley para empezar un nuevo tema de conversación. –Tengo que daros una noticia. Pensaba reuniros a todos el próximo viernes 23 para comunicaros una noticia. –Todos nos quedamos mirándola curiosos. ¿De qué se trataba para tener que reunirnos a todos? Ashley nos puede sorprender con cualquier cosa, desde que quiere adoptar a algún niño necesitado o que se va a de misionera. Karem intercambió una mirada que no pude determinar con Ashley. Como si ella debiera saberlo con prioridad sobre otros.
-¿No nos puedes dar un adelanto? –Adelantó Bryce. Karem y yo seguíamos mirándola sin saber qué decir.
-Bueno, es sobre una decisión que he tomado y me gustaría que supierais. –Lo sabía. Sabía que iba a ser algo de su futuro. -¿Puedo contar con vuestra presencia? –Acabó sonriente intentando evitar el tema  de sonsaque. En fin, no íbamos a sacarle nada, sólo tocaba esperar.
-Sí, conmigo sí. Estaré esta semana en Oakville con mi familia. Puedo venir el viernes.
-Oh, si no puedes no te preocupes, tampoco es tan importante, es sólo que me hace ilusión que seáis los primeros en saberlo. –Sentía que tuviera que desplazarme solo por ella. Para mí no era ningún problema.
-Tranquila, de verdad, si lo hago es porque no me es ningún inconveniente. En serio. –Muchas gracias. –Y Ashley sonrió amablemente. Se sintió aliviada. Karem seguía mirándola raro. Bryce habló.
-Bueno chicas, yo ya he cenado. Muy bueno todo Ashley, díselo a Mikaela. -¿Mikaela era la cocinera? ¿Y se sabía el nombre? –Me voy a mi cuarto y os dejo que comencéis la fiesta. No quiero que me despertéis. –Dijo levantándose y colocando la silla en su sitio. Nos miró a todas a modo de despedida y se quedó parado en mí. Él de pie y yo sentada, tenía que romperme el cuello para verle la cara. –No te vayas mañana sin mí. Que te conozco. –Dijo más serio de lo normal. No esperaba que dijera eso. ¿A qué venía?
-Pero tengo que levantarme temprano para trabajar. –No era una excusa para no irme con él. Es que me daba apuro que hiciera ese sacrificio por mí. Que sí, que era sólo levantarse temprano, pero no me gusta que la gente haga cosas por mí.
–No importa, me despiertas. –Respondió secante. Vaya, estaba en sus treces. Bueno, si tanto lo deseaba, no iba a negárselo.
-Bueno, bueno, como quieras. Hasta mañana. –Dije todavía sorprendida, con los ojos muy abiertos por el imprevisto. Ya empezaba a dolerme el cuello de mirar hacia arriba tanto.
-Buenas noches. –Dijo finalmente antes de darse la vuelta para irse. Seguía serio. Se puso raro desde que no respondió a mi comentario. ¿Le habría molestado? No lo hice con mala intención… Nos miramos las tres con cara de, ¿qué hacemos ahora? A mí el impulso que me salió fue el de recoger los platos. Me levanté y empecé a cogerlos.
-No, no, déjalo Valeria, mañana se encargarán las asistentas de recogerlos. ¿Vemos mejor la peli ya? –Y Ashley me invitó a parar colocándome cariñosamente sus manos en mi antebrazo. La miré.
-Ah, va. Pues voy a enseñaros las películas. La tengo en la mochila. -Y me dirigí al sofá para cogerla.

Las pelis estaban dentro. Desvié la vista sin querer y vi entre un montón de revistas que estaban sobre la mesa algo que captó mi atención. Cogí la revista, pues tenía varias debajo y la saqué. La sostuve en mis manos y no pude decir nada más. No pude reaccionar. No pude pensar. Sólo podía observar y observar. Estaba bloqueada por completo. Eso no podía estar ocurriendo. No a mí. Empezó a temblarme el pulso. Empecé a temblar. Empezó a girar todo a mi alrededor. Me volví a repetir a mí misma que eso debía ser un error. Pero no, no lo era. Lo que estaba viendo con mis propios ojos era la pura verdad.

-¿Qué ocurre? - Karem tuvo que interrumpir mi bloqueo. ¿Cuánto tiempo me había llevado mirando esa portada sin reaccionar? El resto del mundo desapareció en el momento en el que vi aquello.
-Lo que están viendo mis ojos es una creación de mi mente… ¿verdad? -Seguía sin aceptarlo. Al menos comprobé que no había perdido por completo el habla. Karem se colocó de rodillas en el sofá a mi lado y miró hacia donde apuntaban mis pupilas.
-¿En serio lo ves ahora después de haberlo sacado hace tres semanas? Lleva colgada de una chincheta en la tienda de ropas desde entonces. Al principio pensaba que no querías comentarme nada, pero como veía que tus problemas eran por él y que no veía mejora por saber esa noticia, pensé que en verdad no la habías visto. Pues te habría alegrado. –Karem hablaba, pero la escuchaba como si estuviera lejos de mí. –Pues si que estabas gravemente preocupada… –Ella hablaba como si tal cosa, como si fuera lo más normal del mundo. Allí lo raro no era lo que decía la revista, no era que no me hubiera dado cuenta… Valientemente…

Debía estar alucinando… Algo tendrían que haberme echado en la comida de este mediodía… ¿Yeso? ¿Pintura? ¿Setas alucinógenas tal vez? Eso debía ser… ¿Qué es más lógico en mi vida? ¿Qué me vaya bien o mal? Evidentemente lo segundo, por tanto, la serie de sucesos hoy acontecidos en los que se acababan mis problemas era lo realmente inventado por mi mente por la acción de esas sustancias…

-Y no, no es imaginación tuya ni creación de tu mente, estás viendo una portada de una de las revistas más importantes del país en la que salís Bryce y tú como su PRIMERA posible pareja como exclusiva en InTouch. –Karem dio punto y final a mis dudas. Sí, lo que estaba viendo era real. Me costaba creerlo, pero era cierto. Comencé a leer, lentamente, analizando cada palabra.

“¿Bryce Domioyi enamorado?” Ese era el titular de la portada, las letras más grandes y visibles que más espacio ocupaban… Estupendo… Cuánto me alegro… Salían dos fotos. Una en Central Park, paseando conmigo el día en que él se pasó seis horas y medias esperándome bajo la nieva y por eso se acatarró. La otra era del día siguiente, cuando aparecemos los dos sentados en el portal de mi bloque de pisos esperando a que vinieran a recogerlo. Al parecer nos siguieron los paparazzi… Mierda. Aunque no pude evitar fijarme en lo guapo que salía Bryce. Sonreí al verlo como la boba más grande sobre la faz de la tierra. Se veía tan espectacular a mí lado. Él, que podría ser el modelo más cotizado del mundo o el Míster Universo más atractivo del mundo, conmigo, la chica más corriente del planeta. Mundo extraño. Era tan desproporcionada la diferencia… Me dejé de pamplinas y abrí la página donde trataban más a fondo la noticia. Había más fotos de los dos, las dos de los mismos dos días pero distintos momentos.

“El problemático hijo de la familia Domioyi, del cuál llevamos unos años sin saber nada acerca de su vida amorosa, alejado para siempre de los clubes nocturnos, ha sido visto por primera vez con una chica la cual creemos que se puede tratar de una compañera de universidad. Al parecer, el joven llevaba horas esperándola bajo la nieve, dieron por fin un paseo por Central Park y tras una discusión se separaron. Fueron después vistos por la mañana en el portal de un edificio de West 99th Street. Los característicos rasgos de la chica, tales como la rizada mata de pelo pelirroja más la dirección de su casa y uniforme han permitido su rápido reconocimiento. Se trata de Valeria Spinoza y es una estudiante becaria de origen español…” Ahí dejé de leer… No sé que me impactó más, si ver que Bryce antes era de clubs nocturnos, que todo EEUU junto con mi Uni incluida sepan de nuestra relación o que me hayan identificado con nombres y apellidos… ¿Y si Bryce es todavía virgen… ¿qué hacía en esos clubes nocturnos? Creo que quedaba claro que era lo que más me molestaba…

De cualquier modo, me entró un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. Era un mal presagio. De pronto sentí que esa noticia en el periódico no iba a traerme nada nuevo… Ahora entendía por qué las tres esas me habían vuelto a tener otra trampa, estaban dolidas por lo de la revista. ¿Y cómo es que no me he enterado de nada en la Uni? ¿Ni rumores? ¿Ni cuchicheos? Bueno sí, había estado viviendo demasiado tiempo en mi cabeza aquellas tres semanas que pasé sin Bryce. No prestaba atención al mundo exterior y Karem me lo había corroborado… Pero ¿ni siquiera alguna descarada que viniera a preguntarme a mí directamente a la cara? Y me acordé de Leo y Liam. Hoy se quedaron muy callados y me cambiaron de tema rápidamente cuando dije la broma de esconderme en mi búnker porque era famosa y salía en las revistas… ¡¡ELLOS LO SABÍAN Y NO ME LO HABÍAN DICHO TAMPOCO!! ¡Ni Aaron! ¿Por qué no me había enterado?

Fuera lo que fuera, esta dichosa exclusiva en InTouch iba a traerme muchos problemas.