adelgazar

Refranero

martes, 20 de diciembre de 2011

Capítulo 19: El mensajero de la felicidad


Capítulo 19: El mensajero de la felicidad
Mientras, el G4 había llevado a Bryce a un banco.
Bryce estaba con la mirada perdida, mirando no sé qué punto en el infinito. ¿Se sentía hundido, ridiculizado, sorprendido? ¿O tal vez había encontrado a la mujer con suficiente carácter para ser su chica ideal? De cualquier forma, Liam y Leo estaban intentando hacerlo volver en sí.
-¡Hey Bryce! ¡Despierta de una vez por todas! –Dijo Leo tomándose la confianza de tambalearle la cabeza. –No ha sido para tanto…Bueno…Sí, pero déjalo ya. –No lo estaba arreglando, precisamente.
-Está ido, -dijo Liam, -me cuesta creer que haya recibido un golpe así delante de todo el mundo. Tiene que haberle hecho algo a Valeria ayer muy fuerte y de lo que no nos hemos enterado. –Concluyó acertadamente.
-Pero, fíjate bien, tiene una expresión ida. Parece que esta tal Valeria le ha herido el orgullo, y no precisamente por haberlo golpeado delante de todos, sino más bien por otro motivo…
-Cierto, en esta chica está poniendo más atención que en ningún otro condenado por la tarjeta roja antes. Y si… -Se quedó pensativo unos momentos. -¿Crees que su especial atención en sea porque está interesado en ella?
-¡Pero qué dices! –Dijo Bryce saliendo de sus pensamientos. En verdad había estado escuchando todo el tiempo, sólo que estaba demasiado concentrado en pensar qué haría a partir de ahora. Y ya lo había decido. -¡Más quisiera la pobretona esa que yo me interesara por ella lo más mínimo! –Dijo muy indignado.
-Pues precisamente te estás tomando esta vez esto muy en serio…-Indirecta de Leo.
-¡No digas chorradas! Eso es porque está en juego NUESTRO honor, y no va a ser echado por tierra por una chusma como esa.
-Pues de honor nada, yo no tengo nada en contra de esa chica, a quién se enfrentó desde primer momento eres tú. –Se defendió Liam.
-Eso, a nosotros no nos metas. –Le apoyó Leo. –Además reconoce que te gusta esa chica. Si no, no te hubieras puesto así. –Dijo con malicia.
-Iros al carajo. –Concluyó Bryce mientras se iba de allí a la fuente de justo al lado para beber agua. Nunca mejor dicho, si te enfadas, bebe agua.
-Bah, me voy de aquí, he quedado en el Hotel Imperial con cierta secretaria… -Dijo Liam mostrando la tarjeta de la suite.
-Es casada ¿verdad? ¡De tanto jugar con fuego te vas a quemar!
-¡Estúpido! No es inmoral, mi amor por ella es puro, yo no soy como tú que cambias de chica como de ropa interior.
-Cierto, lo había olvidado, esta noche he quedado con cuatro chicas en el “Roma”. Les he dicho que vendrías tú, Aaron y Bryce. Así nos la repartimos. ¿Qué me dices?
-¡De acuerdo!
-Jajaja, si es que ¡amamos a las mujeres! –Dijeron Leo y Liam al compás, era una frase que solían repetir mucho, porque nunca se conformaban con solo una. –Hey Aaron, tú también vienes, no te escaquees como siempre. Pero Aaron no dijo nada, levantó la vista de su libro y la volvió a bajar. Y Bryce se negó porque estaba enfadado con ellos. Si es que se comportaba como un niño chico muchas veces.
-Bah, es imposible hacernos comprender por estos dos. –Dijo Liam.
-Cierto, vámonos anda, no tiendo a los chicos que todavía son vírgenes. –Terminó Leo con malicia mientras se iban los dos.
-¡Cabrones! –Fue lo más “inteligente” que se le ocurrió a Bryce.

Volviendo con Valeria.

Waaaaa, me siento genial después de haberle dado en todos los morros al desgraciado ese. ¡Ja! Creía que podía pagar a unos matones para que se aprovecharan de mí y que se quedaría tan campante sin que yo hiciera nada… ¡Pues la llevaba clara! Pues seguid, seguid lanzándome misiles, que puedo con todo. A partir de ahora, mi lema será < ¡Hace lo que queráis! Que nada puede tumbarme! >

Empecé a caminar segura y decidida a la siguiente clase. Y ocurrieron unos hechos sorprendentes. ¡Los chavales me saludaban!
-¡Buenos días Valeria! –Dijeron dos chicas que se metieron para la clase de inmediato.
-Buenos días…-No daba crédito a lo que veía.
-¡Buenos días! –Dijo un chaval que desapareció al otro lado del pasillo.
-¡Hola Valeria! –Dijo otro chico asomándose desde la puerta de otra clase. –

Impresionante. ¿Estaba soñando? Incluso pude oír de fondo cómo murmuraban “¡Qué emocionante! La he saludado sin que el G4 se diera cuenta, ¡es como una película!” ¿Pero es que me había convertido en un juego de entretenimiento para ellos para darles un poco de vidilla a sus tristes vidas? Pero seguía murmurando. “Hala, ¡te has atrevido!” “Mañana no sólo le diré hola, también intentaré intercambiar algunas palabras” “A pesar de todo, Valeria es impresionante, ¿no creéis?” “Cierto, es la única de todos que se ha atrevido a plantarle cara a ese grupo…”  Decían unas voces desde dentro de un aula. No lo podía creer, era demasiado bonito para ser verdad. Me sentí muy bien. Demasiado bien, que tuve miedo de que se acabara esa sensación y volviera a tocar fondo. Pero me tomé esas palabras para reponer mi energía. Yo iba a seguir luchando.

Las clases terminaron igual de tranquilas. Iba saliendo en el descanso hacia la puerta principal para encontrarme con Alan, cuando de repente oí una música de violín. No sabría describir cómo era, sólo que transmitía nostalgia… Me asomé a la puerta y vi a Aaron, increíble. Conque era esa la melodía que iba a tocar el día que me quedé a solas con él la primera vez en el estanque… Entré en la sala, estaba tan ensimismado en la canción, que ni se dio cuenta de que estaba allí hasta que me acerqué a un metro de distancia.
-¡Oh! ¿Por qué paras? Es una melodía muy bonita. ¿De quién es? –Lo miré con cara de, lo siento por haberte interrumpido, pero veo que no captó el mensaje, me miró enfadado. –Vaya, eres increíble con el violín. –Tenía que quitarle algo de hierro al asunto. Silencio fue su respuesta. Cuando se estaba yendo dijo.
-¿Por qué montas tanto escándalo? Es totalmente normal que un hijo de familia rica sepa tocar perfectamente un instrumento o varios.
-Yo… sólo quería decirte que la tarjeta roja de esta mañana no iba para ti…sólo lo hice para no llamar la aten…
-¿A qué juegas? Te recuerdo que por muy cafres que puedan llegar a ser, son mi hermano y mis amigos. –Dijo volviéndose hacia mí. Su expresión era muy fría.
-¡Eres muy injusto! ¡No sabes lo que he pasado por su culpa! ¡Toda la universidad se ha vuelto en mi contra! Yo sólo quería decirles que no iban conseguir echarme de aquí por mucho que lo intentaran. ¡Y quería hacerte saber que no tengo nada en tu contra porque me ayudaste el otro día! –Las palabras salían espontáneamente de mi boca, casi sin pensar.
-¿Ah sí? Pues tal vez no me estarías molestando ahora si te hubiera dejado aquél día. ¿Cuál sería el gran disgusto? ¿Tu virginidad? –Dijo mientras se daba la vuelta para irse. Qué manera tan fría y sin escrúpulos de hablar era esa…
-¡Si estás molesto por algo no lo pagues conmigo! ¡Yo no estoy atosigando a nadie! ¡Ya ni demostrar agradecimientos por ser feliz se puede!
-¿¡Ah sí!? Pues es la primera vez que soy el mensajero de la felicidad desde que estoy aquí. –Respondió mientras se alejaba por el pasillo.

Era extraño, pero por muy borde que me había contestado, no me sentía mal. Es más, me sentía afortunada por poder disfrutar de su presencia aunque solo fuesen unos momentos y bastante extraños. ¿Me estaba volviendo loca o masoquista?  No lo sabía con exactitud, pero sí estaba segura de una cosa. De que Aaron Domioyi tenía un aura especial que me atraía mucho.

Capítulo 18: Tacones en Semana Santa

Capítulo 18: Tacones en Semana Santa
Mientras tanto. Bryce recibe a los cuatro tipos que atacaron a Valeria en el pasillo en su casa.

-¿Qué habéis fallado? –Bryce empezaba a enfurecerse. Aunque eso le pasa con relativa facilidad. -¿Me estáis diciendo…QUÉ HABÉIS FALLADO?
-¡Lo sentimos! –Contestaron los cuatro a la vez con una sincronización que rozaba la perfección.
-¡SOYS UNOS COMPLETOS INÚTILES! –Ahora su furia ya se estaba liberando. -¡¿Sois cuatro tipos contra una chica y no pudisteis con ella?!
-Es que… Bryce, la chica era muy fuerte. A mí me dio un puñetazo y a Brian lo empujó. Empezó a correr. Cuando la alcanzamos, la inmovilizamos... –Dijo uno intentando exculparse.
-¡Sí! Ya era nuestra. Pero apareció en ese momento Aaron y nos obligó a dejarla libre. –Se hizo el cabizbajo, pero en el fondo tenía la esperanza de que esa excusa sirviese.
-¿Aaron? –Hubo un momento de pausa. Le costaba creérselo. -¿Aaron hizo eso? ¿No me estaréis mintiendo? Mira que será peor para vosotros… -Espera en el fondo que fuese mentira. No quería creer que Aaron había hecho eso. Ni por un momento pensar que él estaba interesado en ella.
-¡Que sí Bryce! Nos dijo que la dejáramos marchar. Se puso muy serio. –Respondió el otro.
-¡Es verdad! Aaron apareció. Cuando vio que nos resistíamos porque tú nos mandaste, se puso realmente serio. Nunca lo habíamos visto ponerse de ese modo.
-¿Por qué haría Aaron una cosa así? –Dijo Bryce pensativo y para sí mismo. -¿Está intentado hacernos perder honra?
-¿Entonces qué? ¿Nos perdonas Bryce? –Los chavales seguían intentando salir del paso.
-Claro. Podéis iros. –Dijo todavía metido en sus pensamientos
-Pero… ¿Y los dos mil dólares que nos prometiste? –Sólo uno tuvo valor de reclamarle el dinero.
-¿Cómo? ¡Atrévete a repetir eso! ¿Habéis conseguido acaso lo que os dije? –Bryce salió de su meditación. –IROS DE UNA VEZ. Aquí o se lo pides a unos profesionales o sólo consigues que se rían en tu cara…

Los chavales salieron de la casa decepcionados. Pero por una vez, Bryce tenían razón. Ellos no habían hecho lo que les había pedido.

Volviendo con Valeria…

A la mañana siguiente. Me desperté con la misma o incluso más energía con la que me acosté la noche anterior. Tendría que ser bipolar o algo, porque era muy extraño que pasara de la depresión a la hiperactividad. Ni siquiera me recogí ese día el pelo en la trenza. Si quería hacerme notar y que todos supieran que estaba allí pisando fuerte, tenía que demostrar mi ferocidad. Por eso dejé libre mi voluminosa melena rizada. Me puse el uniforme, la lentilla y salí más decidida que nunca. Esa noche había preparado un cierto regalito al G3, y se los iba a dar con toda mi efusividad hoy cuantito los viera.

Pero tanta efusividad para nada, porque me entretuve por el camino y llegué con el tiempo justo a la clase…Ya les daría la sorpresita en el descanso. Cuando entré, me di cuenta de que mi muñeco de simulación clínica estaba en su sitio. Incluso me había olvidado de él. ¿Quién lo había cogido? De todas formas, me senté. Encontré una notita: <Siento mucho mi comportamiento, pero no puedo arriesgarme a salir de esta universidad  o mis padres me matarían. Te cogí el muñeco, estaba escondido en el almacén. Seguimos siendo amigas, ¿verdad? Mira para atrás. Firmado: Shelby.> Miré hacia atrás, Shelby me hizo un tímido gesto con la mano. Le sonreí. Seguíamos siendo amigas. Me dolió mucho que no diese la cara por mí al igual que yo por ella, pero tenía que aferrarme a algo en este lugar, aunque fuera a una cuerda floja.

La clase acabó sin mayor problema. Me pareció extraño, pensaba que iban a atacarme de nuevo. Tal vez era porque había llegado con el profesor entrando por la puerta. Por eso nada más que salió, volví a sentir como un objeto cortaba el aire al igual que el día anterior. Pero yo hoy no estaba desprevenida, había venido preparada, con doble escudo protector anti niñatos y anti sentimientos tristes. Blof. Así sonó el huevo podrido al sonar contra la espátula que me había traído desde mi casa. ¡JA! Qué gran satisfacción la mía al ver la cara de gilipollas que se les había quedado a todos. ¡Chupaos esa!

-¿De verdad os creíais que podrías atacarme de nuevo con la misma jugada, y que volvería a caer? –Dije con mirada segura y decidida al tipo que lo había lanzado. –Pues estás muy equivocado chaval. Además, los huevos son para comer, no para lanzárselos a la gente… -¡Qué gusto! ¡Qué bien que estaba quedando! El tipo estaba tan anonadado que casi no podía dar crédito de lo que estaba escuchando. –Si quieres lanzar algo, utiliza una ¡pelota! –Y dicho esto, cogí una pelota que había comprado de camino a la Uni, y es por eso que había tardado tanto, y se la lancé con todas mis fuerzas directamente a la cara. -¿¡Qué te parece así?!

Pero el muy torpe puso su mano por delante y la pelota le dio de lleno en el reloj. -¡Ah! ¡Mi maravilloso Rolex con diamantes incrustados! ¡Lo has roto!- Dijo casi llorando mirándose la muñeca. Le había roto el cristal y las agujas.
-¿Ah sí? ¡Pues que te jodan! –Le puse mirada amenazante. -¿Crees que me da pena un niñato como tú? –Y no le hice un corte de manga no fuese a ser que me pasara mucho y luego me perjudicase.

Salí al pasillo de camino a la siguiente clase, y me encontré con el G4. Interesante, extraña casualidad, nunca antes me los había encontrado en un cambio de clase, y ese día que estaba deseando verlos, me los encontraba. Bien, eso es una señal a mi favor. Cogí carrerilla, y sorprendí a Bryce por la espalda. Idiota, grité por el camino “¡Bryce bastardo!” y ni se había girado. Me colgué de su espalda por los hombros y le mordí la oreja. Dio tal grito y tal movimiento inesperado que me solté al momento, pero caí de pie con el tiempo justo para enderezarme mientras él se daba la vuelta aclamando al demonio. Así cuando se giró, le di un puñetazo de derecha en la barbilla, que me estuvieron doliendo los nudillos toda la mañana. Tuvo que dar unos pasos hacia atrás para no caerse al perder el equilibrio. Momento que aproveché para empujarlo y tirarlo. Cuando cayó al suelo, puse una pierna sobre su pecho.

-¿Y tú eres un hombre? ¡Todo lo que haces es despreciable! –Puse mi mirada amenazadora, o lo intenté.

¿Me vería las bragas desde ahí abajo? Es lo que pensé cuando vi su mirada desencajada. Bah, eso no era lo importante en ese momento. Me giré a mirar al resto del G4, ya me veían mirar, pero ya que lo había preparado esa noche, por lo menos tenía que intentarlo. Saqué del bolsillo unas tarjetas rojas celo y se las pegué a Leo, Liam y Aaron en la frente. No se habían movido de su sitio al verme venir. ¿Tan sorprendidos estaban que no podían reaccionar? Porque no creo que yo fuera demasiado rápida o demasiado atemorizante que no quisieran oponerse… -¡ESTA ES MI DECLARACIÓN DE GUERRA!

Le guiñe un ojo a Aaron, para que no creyese que eso también iba dirigido a él, no podía morder la mano que me daba de comer. Y me fui de allí de inmediato. Bryce continuaba en el suelo con su cara de pasmarote. Que satisfacción sentía. Más que después de haber estado 8 horas con tacones altísimos recorriéndome toda Sevilla en Semana Santa.